Son las 3 de la madrugada y José Chicas se levantó antes que el sol. Tenía que emprender un viaje de hora y media a pie, desde el caserío Guajiniquil, del cantón Cerro Pando, de Meanguera, en Morazán, para luego avanzar por más de 200 kilómetros en un vehículo nacional.
Su objetivo era llegar a San Salvador, allí lo esperaban dos funcionarias que le harían uno de los mejores regalos que haya recibido este año: dos sillas de rueda que serán utilizadas por dos de sus siete hijos. Ellos dos son niños con discapacidad física.
Reynaldo Enoc, de ocho años y Xenia Ivette de seis, ambos de apellidos Chicas Díaz, fueron atacados por un virus en su infancia y les afectó su motricidad.
La viceministra de Gobernación, María Ofelia Navarrete y Maritza Melara, de la unidad de atención a personas discapacitadas de la Secretaría de Inclusión Social, encabezaron el acto, donde los hijos de José Chicas y otros ocho niños recibieron sillas de ruedas o bastones especiales.
Con la sencillez que caracteriza a nuestros campesinos, José Chicas habló con periódico Equilibrium. “Para mí esto ha sido un beneficio muy grande, porque tengo un niño y una niña que son discapacitados y me cuesta mucho movilizarlos”, dijo.
El caserío donde habitan José, su esposa y sus siete hijos, es un terreno demasiado accidentado. Hay calles pero no transitan vehículos. Todos los pobladores deben caminar hora y media para llegar a un punto donde esperan algunos vehículos para transportarlos a otros lugares.
“Ellos (la niña y el niño) pasan solo acostados y con estas sillas de rueda va a haber un cambio en su vida”, dice José visiblemente emocionado.
Todos los niños tienen su historia, pero el caso de José ilustra la necesidad de muchos compatriotas que viven en extrema pobreza. También hubo conmoción. De los ojos de una madre soltera, rodaron unas lágrimas cuando escuchaba a Maritza Melara hablar de la dura realidad que vivió en su niñez, por la discapacidad con la que vivió y vive.
Con voz entrecortada, Rosa Gladys Salguero, narró sus sentimientos encontrados. Por un lado estaba contenta de recibir la silla de ruedas; por otro, no asimilaba la realidad de que su hijo necesitaba esa silla.
“Yo… nunca imaginé… que mi hijo… necesitara una… silla de redas”, dijo bajo sollozos, mientras secaba sus lágrimas y contemplaba a Jonathan Alexander, de año y medio, quien padece de hidrocefalia, misma que le imposibilita caminar.
Rosa Gladys, llegó dese Santa Ana. Tiene a su hijo en terapia y algunos médicos no le dan esperanzas de que el niño camine por sí mismo. Otros sí le dan esperanza y ella tiene fe en que algún día su hijo caminará, “yo lo presiento, a ver qué dice Dios”, reflexiona.
Jonathan Alexander la acompaña siempre. Ella es vendedora ambulante y lo carga consigo todo el tiempo hasta que atardece y va a casa nuevamente a acompañar a su otro hijo de 13 años.
Maritza Melara anunció que las sillas de ruedas que este miércoles recibieron los niños y niñas, son un donativo que ha hecho la empresa Telefónica de El Salvador. Se ha resuelto momentáneamente el caso de 10 familias, pues las sillas tienen una vida útil.
Con fondos del gobierno se ha beneficiado a varios cientos de niños y niñas. Con la ayuda de la empresa privada y del Gobierno Central, el programa seguirá para atender las necesidades de decenas de familias que a diario acuden con sus solicitudes a la Secretaría de Inclusión Social.

