Reflexiones ambientales de Semana Santa

Laudato

«La degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana. Reflexión del Papa Emérito Benedicto XVI, citada por el Papa Francisco. Carta Encíclica Laudato Si 2015.

 

 Por: Alma Sánchez/Ecomundo Poético.

El 20 de marzo 2016, fecha altamente significativa para los que somos cristianos, independientemente de la religión que profesemos, pero también para aquellos que hemos descubierto una identidad ancestral, asociada a la forma particular que los pueblos originarios tenían al ver la Naturaleza, o mejor digámosle Madre Tierra.

Hoy en el 2016, el Equinoccio de Primavera coincidió con el inicio de la Semana Santa: un domingo santo donde el día y la noche tiene igual duración, porque los hemisferios de la tierra están en igual distancia con el Sol (perdón, Padre Sol). El día en que inicia la celebración de los últimos momentos de la pasión y muerte del Cristo Rey resucitado; pero que también, como todos los años Kukukcán o Quetzalcóatl, baja a la tierra a despertar a la naturaleza (perdón, Madre Naturaleza) a hablar con todos los seres vivos, anunciando que la época para la siembra de alimentos estaba próxima a iniciar.

No soy católica, pero disfruto de escuchar y reflexionar con las misas que celebran en la Iglesia El Carmen de Santa Tecla, los Jesuitas Jhon Sobrino, Rodolfo Cardenal, y para mi gusto, el más carismático el “Padre Chambita”.

Hoy a petición de uno de mis hijos, quien también nació un Equinoccio de Primavera, acepté acompañarlo a la misa de una parroquia en la zona sur de San Salvador. Acepté no solo porque mi hijo sería feliz, sino porque tuve la curiosidad de saber cómo una parroquia no Jesuita iniciaría los actos de la primera Semana Santa, después de a Enciclica Laudato Si, dada en mayo de 2015.Laudato2

Según la lectura de la Laudato, desde Juan Pablo II, los líderes católicos han venido hablando de una “conversión ecología” que, frenen no solo los desiertos exteriores, los que afectan a la Madre Tierra a través de los procesos de desertificación y Cambio Climático, sino los más difíciles de tratar, que son los desiertos interiores, o para decirlo en palabras del Papa Francisco: “la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior.

Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea” (numeral 217 de la Laudato Si).

Me pregunto, ¿cuántos sacerdotes católicos, alrededor del mundo, se han tomado realmente en serio el llamado de su Papa, de hacer de la conversión ecológica un Magisterio social de su Iglesia, fuera del mismo Papa Francisco y otros que comulgan con la teología ambiental, tales como Leonardo Boff y Pedro Casaldáliga?, (ver numeral 15 de la encíclica) o ¿cuántos de los líderes religiosos católicos, de una de las zonas más vulnerables del mundo ante amenazas naturales (Centroamérica), se han tomado en serio el pastoreado ambiental?, y hago hincapié en los cristianos católicos, porque me parece, en mi forma muy particular de ver que, los cristianos protestantes aún tienen mucho camino que recorrer para poder llegar al nivel de las convicciones ecológicas de la Laudato Si, aparte de que la comunidad protestante no tiene el liderazgo/jerarquía que tiene una organización que es guiada mundialmente por un papado.

Centroamérica urge, pero con urgencia fatal (como dicen los abogados), de una conversión ecológica, independiente de la orientación religiosa que tengamos sus habitantes, especialmente los países del cono norte y Nicaragua, quienes desde hace un poco más de 10 años, no logramos escapar de la lista de los primeros 15 países en el índice de riesgo mundial climático, a diferencia de Costa Rica y Panamá, quienes desde hace ya varios años, no aparecen en dicha lista.

Desde ayer 20 de marzo, Equinoccio de Primavera 2016, en Centroamérica se inició la Semana Santa o Mayor, época del año, que al igual que navidad y año nuevo, son los más malcriados y agresivos con el medio ambiente: playas y centros turísticos inundados de visitantes y turistas que dejan la huella ecológica de sus desechos sólidos, orines, materia fecal y otros fluidos; humo de sus vehículos, ruido y alteración de los ecosistemas.

Si bien es cierto una buena cantidad de cristianos católicos o protestantes se dedican a servir en sus iglesias y a reflexionar sobre el verdadero significado de este espacio, aún el ámbito teológico – espiritual no es utilizado como ese lugar de reflexión que construye la conversión ecológica, como lo refiere la encíclica Laudato Sí.

Si la mayoría del istmo centroamericano, es altamente vulnerable ante el cambio climático, ¿cuándo empezaremos a construir nuestra resiliencia ante el fenómeno, a partir de estos espacios de conciencia y reflexión, tales como las iglesias y las fiestas espirituales común a la mayoría religiosa que habitamos el istmo, a saber: los cristianos?.

No soy católica, no tengo ninguno de sus sacramentos, pero una vez platicando con el padre Chambita me dijo, con su acento español: “es que tú eres más cristiana que yo”. Mi hijo es un ser altamente espiritual, no sé cómo, quizás porque nació un Equinoccio de Primavera y por la conciencia ambiental que practica desde la casa, él nos ha pedido a sus papas, le acompañemos en una serie de misas a las que irá en esta semana, al principio lo vi como una forma de complacerle, pero el cura de la parroquia a la que fuimos ayer dijo que el sábado antes de la vigilia los feligreses se reunirían en la zona sur del territorio donde radica la parroquia y que allí se bendeciría el fuego, no sé si esto es común en los actos católicos, me parece una expresión sincrética, que me atrapó y asistiré, porque quiero apreciar qué tanto de la espiritualidad ancestral se evidencia en dicho acto; qué tanto de los actos que se celebrarían en el istmo, en esta fecha hace más de 520 años, pueden platicar con los actos espirituales de occidente.

Como dice el numeral 216 de la encíclica verde, la Semana Mayor, no debe verse solo como tradición o ideas históricas desactualizadas, sino como un acto detonante de las motivaciones que “surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo” (perdón de la Madre Tierra), en nuestro caso del mundo centroamericano…. De la Madre Tierra centroamericana.

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