Se calcula que hasta 4 millones de personas en ALC obtienen su sustento de vida mediante la recolección, transporte, separación y venta de materiales reciclables.
Foto: Periódico Equilibrium.
Un estudio sobre el avance y desafíos en el reciclaje inclusivo ha sido realizado en al menos 12 ciudades de América Latina y El Caribe, con el propósito de establecer la situación actual de inclusión y formalización de los recicladores de base dentro de la cadena de valor de la gestión integral de residuos sólidos.
Tal estudio se dio a conocer en la reciente conmemoración del Día Mundial del Reciclaje, mismo en el que se destaca el crecimiento poblacional y el alto consumo, lo que ha motivado a los gobiernos a adoptar paulatinamente los llamados modelos de Gestión Integral de Residuos Sólidos (GIRS).
Con el apoyo de The Economist Intelligence Unit, el Fondo Multilateral de Inversiones y la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo, se plantea en el informe regional la iniciativa del reciclaje, definido como la recolección y el procesamiento de materiales de desecho para su reutilización (EPA, 2016).
Este es un aspecto fundamental de estas estrategias integrales, por su contribución a los objetivos de manejo de recursos (y reducción del desperdicio) y a las metas ambientales.
“En la mayor parte de las ciudades de América Latina y el Caribe (ALC) se observa un fenómeno que se ha desarrollado con la cre-ciente urbanización: personas de bajos recursos que recolectan y clasifican residuos en las calles, vertederos a cielo abierto u otros puntos en la cadena de los residuos sólidos municipales buscando materiales con potencial valor de reventa”, reza parte del informe elaborado en el último cuatrimestre de 2016.
Se calcula que hasta 4 millones de personas en ALC obtienen su sustento de vida mediante la recolección, transporte, separación y venta de materiales reciclables, como cartón, papel, vidrio, plástico y metal (PAHO, AIDIS y BID, 2010).
En el estudio también se advierte que, en general, las personas recicladoras de base son aquellas que se dedican a recolectar residuos reciclables para venderlos, ya sea de manera individual o en diferentes modos de organización.
Pero estas personas trabajan con equipo inadecuado en condiciones insalubres o incluso peligrosas.
Por la índole informal de su labor, estas personas enfrentan riesgos como la falta de acceso a los residuos, ingresos inestables y exclusión social.
En el caso contrario, agrega el documento, cuando el reciclaje cuenta con apoyo institucional y está debidamente organizado de manera incluyente, puede dar lugar a la creación de nuevos puestos de trabajo en el mercado formal, reducir la cantidad de residuos sólidos que se disponen en los vertederos o en rellenos sanitarios y contribuir al desarrollo de una economía circular.
Por hoy, el reciclaje informal es una opción de trabajo para cientos de miles de personas, remunerado a través de la venta de materiales reutilizables o del pago por servicios de recolección (Scheinberg, 2012).
En su mayoría, las personas recicladoras informales etán en situación de vulnerabilidad: inmigrantes o personas desplazadas, en situación de pobreza ex- trema, con bajo nivel educativo.
Si bien no existen cifran exactas sobre el sector, se estima que alrededor del 1% de la población mundial se gana la vida con el reciclaje informal (UN-Habitat, 2010).
Le el informe completo en inglés o español
