Pedro Acosta García, un impulsor del arte abstracto

Una exposición de sus obras se hará en la Casa de la Cultura de las Artes Visuales, de San Salvador, a partir de las 6:30 de la tarde, desde este viernes 11 hasta el 31 de octubre.

A sus cinco años, cuando su madre murió, Pedro Acosta García empezó a dibujar garabatos. De ahí nació su habilidad para pintar. Su tío Gabriel lo apoyó comprándole lápices de colores al ver su habilidad y fue él quien lo indujo hacia el maestro Valero Lecha.

Nunca guardó sus primeros garabatos, pero a los 18 años, después de dibujar lo que veía de los periódicos nacionales empezó la aventura de la pedro2pintura. De San Salvador emigró hacia Tonacatepeque, San José Guayabal y luego hacia Suchitoto, donde conoció a Alejandro Coto, uno de sus más grandes amigos.

Valero Lecha le ofreció una beca y se quedó en su academia, donde afinó las técnicas y su visión sobre el arte. Les enseñó la acuarela, pero luego cada quién seguía aprendiendo el acrílico y demás, hasta que egresó en 1955.

El Presidente de la República, en esa época, Óscar Osorio, le ofreció la invaluable oportunidad de emigrar hacia Europa, a través de una beca. Se rozó con grandes maestros como Pedro Geoffrey Rivas. Era 1956, cuando Osorio le da la beca, recomendado por el propietario del periódico Tribuna Libre.

Pedro emigró a España donde estudió hasta que el sucesor de Osorio, José María Lemus, fuera derrocado. La junta de gobierno de entonces, obligó a los salvadoreños becados a regresar a El Salvador.pedro3

La pintura y el dibujo lo cautivaron en Europa, sobre todo en Italia, España y Francia. Al regresar obligadamente a San Salvador, Hugo Lindo, en su calidad de Ministro de Educación, en 1961, le dio la oportunidad de emplearse en la Escuela de Bellas Artes, como maestro.

Camilo Minero, quien estaba de vista  donde Hugo Lindo, fue testigo de esta oportunidad de Pedro. Para entonces Carlos Cañas era director de la Escuela de Artes Plásticas donde empezó la enseñanza de las entonces nuevas generaciones.

Pedro pinta lo natural, no tiene predilección por nada en especial. Piensa en el canto de los pájaros y los inmortaliza, a las personas también, pinta el tiempo, a la gente y todo lo que pueda caber en cada hebra de su pincel, sea en acuarela, acrílico o lápiz.

Cada cosa que hace representa el mismo valor para Pedro, porque cada cuadro lo considera su propio hijo. Fue pionero en la enseñanza del arte abstracto para los pintores.

Por su humildad le cuesta reconocer que los pintores que se formaron en El Salvador durante esa época, pintaban “siempre lo mismo” y que  fue él quien rompió esa monotonía. Pero es cierto, así sucedió. Su experiencia adquirida en Europa le permitió introducir nuevas ideas.

De hecho Pedro pinta mucho la luz, los destellos solares. Es más,  si alguien ve una pintura de luz, fácilmente identifica que  el autor es pedro Acosta García.

El apoyo hacia los pintores ha crecido, dice Pedro. Él vive de la pintura, muchos lo hacen. Ahora enseña en la Escuela de Artes de la Universidad de El Salvador y se ha dedicado mucho a la pintura de restauración.

Aunque parezca imposible, durante la guerra se vendían muchos cuadros de El Salvador, y no necesariamente porque se reflejaba en ellos el conflicto. A Pedro nunca le gustó pintar la desesperanza. La guerra nunca la reflejó en sus pinturas. Tampoco ha intentado pintar a su madre, porque no la recuerda debido a la corta edad que tenía cuando la perdió.

Su padre sí estuvo con él hasta hace tres años cuando murió a los 101 años. De su propia familia solo ha pintado a su única hija, cuando era pequeña. Ahora ella es profesional y ha intentado llevar adelante la habilidad de su padre. Además de pintar, ella toca violín. Es una química farmacéutica a sus 22 años, pero quiere ser abogada.

Es un ferviente creyente de Dios y de la Virgen de Guadalupe. Siempre procura estar en comunión con ese ser Supremo y, en su vida, las satisfacciones que ha tenido son diversas. La siente cuando atiende a un pájaro herido, a una persona necesitada.

No se arrepiente de nada porque a sus 83 años la vida es una ganancia, pues ha hecho lo que más ama: pintar. Aprendió a no detestar nada porque no pone atención a las cosas negativas, sino a lo que le da vida y una vida ordenada a la cual está acostumbrado. Después de la pintura ama, en su orden, la vida, que es el mismo Dios, luego a su familia, a su esposa y a su hija.

A su pasión, la pintura, le dedica muchas horas. Los sábados pinta desde las nueve y termina lo que inicia, sin parar si no es un cuadro complicado, pero cree que ha llegado el momento de descansar. El taller que montó ya no va más. Es hora de descansar, reitera. Pero sigue dando clases en la UES.

De sus amigos de infancia no hay más. Murieron, desaparecieron, o simplemente, ya no se frecuentan. De sus novias incontables, cree que se enamoraron más de su arte que de él. Su esposa lo atrapó en una farmacia que estaba ubicada en el Barrio El Calvario de San Salvador de donde ella era dependiente.

Empezó a frecuentar la farmacia, “hasta que reventó la bomba”. De Allí nació Marlene Emperatriz, su hija.

Ahora, Pedro Acosta García se apresta a presentar en la Casa de la Cultura de las Artes Visuales en San Salvador, su más reciente obra. Son 18 cuadros cuya exposición no tiene nombre. Son sus pinturas que contienen ocho cuadros inéditos y en total son 14 pinturas de un metro de alto.

Su idea es mostrar el collage y técnicas mixtas con motivos variables que son construidos con muchos elementos que no incluyen paisajes. Lo que espera es tener la enorme satisfacción de contribuir con la cultura. Si se vende, ya es un valor agregado, pero su intención es colaborar con la cultura.

Pedro Acosta García, también tiene en sus proyectos presentar en breve un libro inédito que recoge su arte y su técnica, denominado Reproducción Pictórica.

 

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