Pastorelas: recuerdo del cumpleaños de Jesucristo y de las fronteras rotas

La pastorela mostró que en Navidad no hay fronteras, diferencias ni de raza, de religión, de profesión, ni de nada, solo es Navidad, un momento en que la humanidad creyente y no creyente, reparte amor, regalos y todo cuanto puede de sí.

Fotos: Periódico Equilibrium.

El mundo se apresta a celebrar el cumpleaños de Jesús, mediante la conmemoración de la Navidad, a la cual el Papa se ha referido como la oportunidad para darle cabida a una de las condiciones que hicieron de Jesucristo un hombre y un Dios.

“Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la frágil sencillez de un pequeño recién nacido. Allí está Dios”, escribió el Papa Francisco en su cuenta en Twitter.

Y esa sencillez se reflejó en una pastorela que hombres y mujeres, niños, niñas, jóvenes, personas adultas, sanos y probablemente enfermos, protagonizaron en una casa comunal llamada Popol Nah, de la colonia Lincoln, en Mejicanos, al norte de San Salvador.

Una sencilla mujer que ha vivido de vender tortillas al vecindario de la Lincoln y su zonas circundantes estaba entre el elenco. Ella era la Niña Susy, que con su grito “tortillaaaaaasssssss”, alerta a quienes por años se han saciado con su trabajo.

El rey Herodes ordena asesinar a los unigénitos.

Se la ve cada día del año, cada noche, cargando sobre su cabeza, en principio un huacal con una manta y un plástico para proteger su producto en cualquiera de las estaciones naturales; luego halando una carretilla para descansar un poco en su ardua tarea que, igual, sigue siendo cansada, pero feliz y honesta.

Esa noche del 22 de diciembre a las 7:00 p.m. allí estaba, en la Popol Nah,. Había cambiado su huacal de tortillas por una corona improvisada de cartón y forrada con papel dorado. Era uno de los “reyes” que iban a adorar al niño Jesús.

Esa misma noche, Evelyn, una mujer de ojos verdes, vestida de pastor cargaba sobre sus hombros a una oveja que en verdad era un niño con un atuendo que simulaba al animalito que ubica la época de Jesús; “allí les dejo esta oveja pelona”, les dijo a María y a José. En realidad, eran una niña y un niño que los representaban.

Evelyn, es una enfermera, muy activa, tanto para preocuparse por su prójimo, como para encarnar a quien sea, con tal de darle vida a la historia.

Herodes, era en verdad Bruni, otra mujer incansable que cada año inventa algo nuevo para celebrar la Navidad. Ella canta, ríe, saluda, está a las órdenes de personas enfermas o sanas, saluda con la misma alegría todo el año, difícilmente se la ve seria.

Una madre recoge a un niño asesinado por órdenes de Herodes.

Y a ellas las acompañaba doña Rosita, una mujer que fácilmente ronda las ocho décadas, ella es viuda. El año pasado murió su esposo; pero en este, esa soledad no le impidió vestirse de rey mago, para completar a los tres personajes que hace dos mil años llevaron al Rey de reyes, incienso, oro y mirra.

Ella es una ama de casa que casi a diario se la ve con su paso pausado lavar los andenes y cunetas propias y de sus vecinos. Saluda con un beso fuerte y sincero.

Ese día, 22 de diciembre, Romeo Sánchez llevaba el megáfono que de vez en cuando hacía “feed back”, pero no por ello dejaba de pregonar el mensaje de amor que el Redentor, cuyo cumpleaños 2017 se celebra esta Navidad, desea transmitir al género humano.

Así, la pastorela mostró que en Navidad, no hay fronteras, no hay diferencias ni de raza, ni de religión, ni de profesión, ni de nada, solo es Navidad, un momento en que la humanidad creyente y hasta la no creyente, reparte amor, regalos y todo cuanto puede de sí. Así es Dios, el Dios humilde que presenta el Papa Francisco, capaz de unir a todo el mundo.

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