Monseñor Romero, el amigo, el mártir, el santo

Romero

Este 24 de marzo se cumplen 35 años del martirio de Monseñor Óscar Romero y la Iglesia Católica se encuentra a menos de dos meses para la canonización que lo convertirá en santo. El Vaticano ha acordado que el prelado fue asesinado por odio a la fe.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Leonor del Carmen Chacón, de 77 años; y Elvira Chacón, de 88, son dos hermanas que se convirtieron, al igual que toda su familia, en unas de las mejores amigas de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez.

Corría el 9 de noviembre de 1963, cuando el entonces Padre Óscar Arnulfo Romero llegó a una sencilla casa de la colonia Las Delicias de Santa Tecla, a casar a una pareja formada por un joven que, de niño y adolescente, fue acólito del Padre en San Miguel y por doña Leonor.

“Ese día nos casó” recuerda doña Leonor. Raúl Romero Benavides, además de acólito, era el hombre de confianza del Padre Romero, al grado que solo él podía arreglar el cuarto del religioso, a quien, además acompañaba a visitar enfermos.

Recuerda cuando Romero participó en el banquete que la familia de los recién casados habían preparado. “Su homilía fue una bendición en nuestro matrimonio”, dice doña Leonor, quien este lunes participó en una misa en honor al ahora santo, en Cancillería.

Romero2El Padre Romero se hizo amigo de toda la familia de doña Leonor. Después de casarlos a las 3:00 de la tarde, el Padre les dijo a los nuevos esposos que se prepararan, pues los llevaría a su luna de miel a San Miguel. El regalo que entonces les dio fue pagar la cuenta en un hotel de esa ciudad.

Cuando el Padre Romero fue trasladado a Santiago de María, en Usulután, las visitas a la familia Chacón se hicieron más frecuentes. “Mi hermana se iba con él para atender en las reuniones de sacerdotes y fue prácticamente su secretaria”, confiesa doña Leonor.

Él se sentía en mi casa, como en la suya. ‘Aquí sí me dan ganas de quitarme los zapatos’, dijo en una ocasión el Padre y, así lo hacía.

Para la familia fue un gran gusto conocer a quien años más tarde sería martirizado y luego canonizado; “no sé ni cómo expresarlo, de ver cómo un santo fue tan querido por nosotros y cómo nos quería también.”

El día que lo mataron, don Raúl vio a Monseñor Romero a las 5:00 de la tarde en la Iglesia El Carmen, de Santa Tecla. Pero advirtió que no iría a la casa de sus amigos como acostumbraba, porque el propósito de estar allí en la iglesia era confesarse con el padre Segundo Ascue.

“Mi esposo le contó a mi mamá de la presencia de Monseñor en El Carmen, entonces ella dijo preparémosle los frijolitos volteados colochos que tanto le gustan porque cuando viene a Santa Tecla siempre viene para acá”, dijo la mamá de doña Leonor.

Así se hizo. La comida fue preparada y servida en la mesa. Todo estaba listo para recibirlo. Pero Monseñor Romero, nunca volvió.

Mientras la familia Chacón preparaba los frijoles colochos volteados, los asesinos preparaban el arma para quitarle la vida al prelado. A las 6:00 de la tarde, aproximadamente, la familia Chacón recibía la triste noticia ¡mataron a Monseñor! Ante la mesa aún servida, la casa se convirtió en todo llanto.

Hermanas Chacón, amigas de Monseñor Romero.
Hermanas Chacón, amigas de Monseñor Romero.

Monseñor tenía su mesa y silla especial en la casa de los Chacón. Allí solo se recuerda ahora la presencia del religioso.

“Yo tengo en la casa un santuario con camisa, sotana, fotos de nuestra familia y su familia. Cartas que nos enviaba”, cuenta la septuagenaria.

Doña Leonor compartió con Periódico Equilibrium, que hace tres meses llegó a su casa el hijo del Mayor Roberto d’Aubuisson, “hijo del que dicen que lo mató” dice para referirse al ahora candidato a Alcalde de Santa Tecla. “Fue a tomar cebada, porque yo vendo frescos y vio que teníamos cosas de monseñor Romero y entró a verlos”, Roberto d’Aubuisson hijo se ha comprometido con hacerle un monumento a Monseñor Romero en la colonia de doña Leonor. “La haré cuando sea alcalde, en un cerrito”, les dijo.

La amiga de Monseñor dice que no sintió rencor, ni nada contra él “primero porque los hijos no tienen la culpa de lo que los padres hacen, segundo, si Monseñor y Cristo perdonaron ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros?”.

El santuario de la casa es el cuartito donde Monseñor comía. Llegó a comer por última vez 15 días antes que lo mataran. Llegaba a que la familia de Leonor le contara chistes, no hablaba de política en esa casa, porque decía que él llegaba a comer y a distraerse, a olvidar un poco lo que pasaba.

Mucha gente se pone eriza cuando llegan al cuartito porque sienten la presencia de él en su casa, narra doña Leonor. “Algunos quieren tocar sus pertenencias pero yo las tengo bajo llave”, dice.

Con la canonización de Monseñor Romero se hará justicia Divina, se cumple lo que dice en el Evangelio, que “el que se humille será ensalzado y el que se ensalce será humillado”, asevera convencida.

Querían humillarlo con todo lo que decían de él, pero Dios lo ha ensalzado llevándolo a los altares, sentencia la mujer que, a pesar de su edad se la ve erguida. “Esa es una manifestación de Dios”, dice sobre la canonización.

“Los frijolitos colochos volteados quedaron en la mesa esperando a Monseñor. Nosotros con mi hermana hemos perdonado a los asesinos porque él lo hizo primero, tengo un testimonio donde dice “me han amenazado a muerte, me van a matar a mí, pero el pueblo sigue; pero yo los perdono, los quiero y voy a dar la vida por los que me asesinen”, escribió San Romero de América.

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