El joven pintor, es uno más de los salvadoreños que sufrió en carne propia les efectos de la irracional delincuencia. Pero su historia no refleja re-sentimientos, sino agrade-cimiento por una nueva oportunidad de vida que le dio una tragedia.
Por: Susana Barrera
En tres años ha pintado decenas de obras, a veces lo hace con un estilo abstracto y otras costumbrista; algunas de sus pinturas reflejan fuertes mensajes sociales, la mayoría de estas pinturas han sido vendidas o se exponen en algunas galerías, el artista es un joven de 19 años de edad, de origen humilde y quien confiesa que “Dios le ha dado una segunda oportunidad”.
Él es Melvin Gómez, un joven con discapacidad, que perdió la movilidad de sus piernas, víctima de la delincuencia que azota a El Salvador.
“Pueda que ya no pueda caminar, pero mi espíritu está de pie, no ha sido fácil y hubo momentos de quebrantamientos y he cuestionado a Dios: ¿por qué a mí? pero sé que tiene un propósito, ahora pinto con disciplina y he descubierto amigos”, dice Gómez, entre sonrisas y a veces sollozos.
No bautiza sus obras, a la única que ha nombrado lleva por título “El silencio tiene su fin”, como una forma de reivindicar la justicia, su aspiración es seguir pintando con un estilo libre y se inspira en los afanes cotidianos y en su pueblo natal, Huizucar, municipio del departamento de La Libertad, caracterizado por su extensa vegetación, ríos y colonial iglesia.
Melvin Gómez estaba «en el lugar y el momento indicado», donde trataba de festejar un nuevo logro junto a amistades: la orilla de un río, como es costumbre en los pueblos.
Por infortunio una bala alcanzó su columna vertebral para entonces; era 2009, cuando tenía 16 años de edad, ahora tras superar varias fases del letal momento que cambió su vida y desde su morada del sistema bahareque (lodo y vara) hace citas con sus musas y se expresa a través del arte, de la plástica.
Hijo de madre soltera, con los pocos ingresos que recibe por sus pinturas sostiene su vocación y aporta al hogar. Para el joven, su madre y hermanos sones único equipo de su vida.
“He leído mucho, he visto personas con discapacidades más complejas que las mías, personas que son cuadrapléjicas o que dependen de un tanque de oxígeno y me siento afortunado porque yo recibo el aire gratis y todos los días; estoy convencido que no se trata de lo que perdí sino de lo que gané, estoy alegre y creo en las probabilidades y oportunidades”, dice el artista, que depende de una silla de ruedas para trasladarse.
Melvin ahora se relaciona con músicos, pintores de larga trayectoria, artesanos, maestros, academias, salas de arte; “soy afortunado porque siempre me encuentro con personas que me muestran su afecto, rotundamente soy parte del plan de Dios y es a través de la pintura; soy independiente”, expresa el joven.
En este mes de febrero en la conocida Casa del Artista Plástico, en la colonia Miramonte en San Salvador, se exhibe una muestra de “figura humana”, impresionantes siluetas femeninas en tonos tierra, ocultando sus rostros. Son responsabilidad del artista que está ampliando sus horizontes.
Acuarelas, relieves, colores, óleos, figuras, bodegones, figuras humanas, técnicas, son parte de su jerga diaria, Melvin además está buscando oportunidades de estudios universitarios fuera de su país para cualificarse, y ahora es un aspirante de Colegios Unidos del Mundo.
Marcado por la tragedia, motivado por la pintura, Melvin Gómez colorea su vida con sonrisas y optimismo. Asiste a la Iglesia de las Asambleas de Dios, en El Salvador.


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