Medio loca y medio cuerda

Adan

Los dos perros mostraron su lado casi humano, más humano que el lado animal de su ama que los retenía con su lazo.

 

 

 

 

Por: Dr. Adán Figueroa.

Ilustración: Mely.

Era el primer día que salió solo a jugar fuera de casa en su colonia. Tenía siete años, de buena contextura física, era algo alto aunque para otros parecía algo bajo, pero lo que si era innegable era su inteligencia; eso sí, siempre había sido sobresaliente, brillante pero en los últimos meses su quehacer estudiantil se veía opaco.

Lucía como todo niño, a veces hacendoso, a veces haragán, distraído y muy cómodo; sus maestros decían que era regular ni más ni menos, aunque para sus padres no había otro igual.

La tarde de ese día estaba soleada, pues era pleno verano y Carlitos jugaba solitario con su pelota algo vieja que le habían comprado sus padres meses atrás, pero por los rebotes que producía daba la impresión que está algo nueva.

Junto a él, pasó una señora de buen vestir y buen andar y mientras caminaba en lugar de arreglarse para lucir bien, iba despeinándose y ensuciando su ropa.

Al verla algo de lejos daba la impresión de ser una señora indigente, medio loca y medio cuerda que balbuceaba frases sin terminar y terminaba otras que ni siquiera había empezado.

Tras de ella llevaba dos perros bien comidos que no representaban la imagen que ella proyectaba con su andar y vestir. De pronto, de la gran loma que está frente a San Marcos, se descolgó una nube gris que fue oscureciendo poco a poco la soleada tarde y, como en los duros inviernos, en cuestión de minutos dejó caer una fuerte lluvia, torrencial, que hizo correr agua y lodo por las pendientes de la colonia donde jugaba Carlitos.

Al principio, Carlitos se divertía jugando con la pequeña corriente de agua que pasaba sobre sus pies y mojaba sus rodillas, pero de pronto la furria del agua cuesta abajo fue tanta, que el pequeño Carlos, se vio arrastrado por la corriente de agua sucia hasta alcanzar a la señora medio indigente y medio loca que con sus perros se habían detenido para pasar la lluvia bajo la cornisa del portón de una casa de le vecindad.

Los perros ladraron, aullaron como lobos al ver al pequeño rodar a la deriva por la cuneta sin esperanza alguna de sobrevivir. Sin pensarlo, porque no tenían esa alternativa, saltaron por aclamación del instinto para salvar al pequeño desconocido.

Su ama enfurecida tiró de los lazos que retenían a los perros, pero le fue imposible contener la fuerza de los caninos que ya iban imparables al rescate.

Era un momento crucial, tenía que ser en ese preciso instante, no había otra oportunidad para salvar a Carlitos y los dos grandes perros realizaron la hazaña del siglo que, días después, los convertiría en los héroes de San Marcos.

Increíble, fue algo realmente increíble lo realizado por esos animales que dicen ser, los mejores amigos del hombre, donde se incluye por supuesto a los niños y mujeres.

Los dos perros mostraron su lado casi humano, más humano que el lado animal de su ama que los retenía con su lazo.

Para la madre de Carlitos, también era increíble, pero por inverosímil, incierto. No asimilaba, no comprendía cómo su pequeño apenas se había alejado de su casa y le había sucedido semejante tragedia. Pero la evidencia era ineludible: Carlitos estaba golpeado de todo su cuerpo y empapado de agua lodosa, irreconocible.

Cuando la noticia llegó al alcalde de San Marcos, se realizó una fiesta en honor a los perros, que fueron condecorados con la medalla al valor y sacrificio. Se erigió un monumento donde posan dos perros con su cola levantada junto a un niño en completa armonía. Los ojos del transeúnte observan con admiración y recuerdan con agrado la proeza canina a la entrada de san Marcos por la antigua carretera.

Además de la medalla, los perros recibirían una pensión vitalicia de una libra de carne cada dos días, que le sería entregada en el moderno mercado municipal.

La dueña de los perros fue deportada del poblado para evitar su linchamiento y expropiada de sus perros por su actitud mezquina al no favorecer el salvamento de Carlitos.

Cuentan que ahora se la ve allá por el parque Cuscatlán con un pañalito rojo, simulando limpiar los retrovisores de los carros que se detienen en el semáforo de la veinticinco. Le acompañan siempre sus dos perros bien comidos y bebidos. Pues ellos tiene la cualidad de ser, además de valientes y héroes, la fidelidad.

Fueron fieles a su ama y la acompañan en su triste papel de medio loca y medio cuerda.

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