Maritza Melara: “los discapacitados también amamos, sentimos, lloramos y somos dignos”

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Disfrutan la música, el enamoramiento, la alegría de reunirse en grupo en discotecas o en bares, bailan, cantan, sueñan, lloran, se trauman, hacen deporte y también aman y disfrutan su sexualidad.

Ahora, desde puestos claves, algunas personas con discapacidad no solo enseñan teóricamente que los y las discapacitadas tienen todas aquellas emociones y que discriminarlas como hasta ahora, no está bien.

Lo enseñan desde su propia experiencia, porque ellas son parte de ese sector que sufre las consecuencias de la incomprensión general que existe en una sociedad que construyen infraestructura inadecuada y destruye la libre movilización de la gente que vive con discapacidad.

También quieren concientizar a la sociedad y a las instituciones públicas y privadas, que las fechas de conmemoración de determinadas situaciones y estado de personas, solo son un recordatorio de que estas personas necesitan una atención permanente.

Maritza Melara, tiene a su cargo la Dirección de Personas con Discapacidad de la Secretaría de Inclusión Social (SIS).

Es una persona privilegiada, no solo por sus conocimientos y el puesto que ocupa ahora, sino porque es una de las pocas personas con discapacidad que puede costearse una silla electrónica que le permite movilizarse con mayor “facilidad”, en medio de tantas circunstancias desventajosas. Ama y es amada.

Desde la SIS ha podido visualizar que hace falta una real concientización  de todos los sectores de la sociedad, que debe promoverse una cultura de respeto hacia las personas con  discapacidad en general y hacia las personas adultas mayores, en la calle.

Sabe que a muchos automovilistas poco les importa el estado de dichas personas. No les dan paso, al contrario, aceleran; que no se respetan los pocos espacios asignados en los estacionamientos para aquéllos.

“Creo que lo que hace falta es que la sociedad en general visualice que debe respetar a la diversidad de seres humanos de un país; eso es importante, saber que tengo derecho pero también lo tienen  los otros.”

Sí, vivimos un mundo hostil, agravado con el individualismo y eso hace más compleja la situación para las personas discapacitadas y más aún para los adultos mayores discapacitados.

Hay discriminación, eso es evidente. Y esa discriminación “es todo lo que a usted de forma preconceptual le dificulta su participación plena en lo que usted desea. Una personas adulta mayor discapacitada, no encuentra condiciones para desplazarse, si quiere ir al museo, al teatro”, explica Melara.

Para las personas discapacitadas no hay transporte público que le permita bajar ni subir de forma digna. Esa discriminación empieza en la familia que tratan a los adultos mayores y a los discapacitados como niños. O los abandonan porque ya no los consideran útiles.

Maritza sabe todo eso y lo dice con conocimiento de causa: “Yo como persona con discapacidad he sido discriminada, no en mi familia si no en la escuela, en la sociedad”. Recuerda que en su escuela, cuando joven, no había como subir a una cancha con gradas, ni podía ir al baño porque su silla no cabía en la puerta, las miradas eran y siguen siendo acosantes. “Discriminación es lo que no le permite a usted ser usted mismo”, remata.

Una sexualidad coartada

A esta forma de ver a las personas con discapacidad, se suma una que afecta el estado emocional de las personas que la padecen: su sexualidad.

Maritza señala que hace falta mucha educación en este sentido. Hay mucho prejuicio en este tema, se cree que estas personas no tienen necesidad de afecto o que no puede tener una relación sexual genital. Ellas son  igual que usted, dice,  tienen deseos, sentimientos, esperanzas, sueños, tristezas, alegrías, frustraciones.

Cada quien tiene su personalidad con la que va creciendo y el tema de la sexualidad y las relaciones afectivas son tan importantes para ellas, como alimentarse, vestirse, educarse.

Pero en nuestra sociedad, como en todas, el problema son los preconceptos. Los preconceptos están aferrados también en las familias, pues estas solo piensan en sobreprotección “a veces por desconocimiento y algunas veces hasta por maldad, pienso yo”, dice Maritza.

Esta realidad, no le permite a una persona con discapacidad vivir una sexualidad plena.

A una niña en su adolescencia, a una señorita que tiene discapacidad, por lo general su misma familia la ve diferente. No les permiten que se maquillen, que se arreglen, que se pongan bonitas, que se ponga minifalda, porque le critican su cuerpo, ilustra Maritza.

¿Qué importa todo eso, si la niña es dueña de su cuerpo, todos amamos nuestro cuerpo, si lo tenemos mal, vemos como lo mejoramos, pero es nuestro cuerpo, por qué no dejar que ellas se permitan verse bonitas?, se pregunta la directora de Personas con Discapacidad de la SIS.

Ella resiente que, por la educación machista que se sobrepone aún en nuestro país afecta de tal manera a nuestras niñas adolescentes con discapacidad, y que los niños en similares condiciones tengan mayor apertura.

Un niño discapacitado tiene más libertad para vivir y expresar su sexualidad como le dé la gana. Pero las niñas tienen que vivir atadas a muchos preconceptos y cuando logran salir a ejercer algún trabajo o a exponerse en la calle son presas fáciles de hombres con malas intenciones que las violan o las abusan y no saben defenderse, primero por su incapacidad y, segundo por la falta de formación e información que muchas veces puede darse desde el punto de vista sexual dentro de sus misma familias.

Y es que, por lo general, la familia les niega  abrazos o besos, tal vez por no lastimarlas, reflexiona la funcionaria. Es increíble, pero los mayores porcentajes de mujeres y niñas abusadas en las instituciones, son personas con discapacidad, dice Maritza.

Un esfuerzo institucional

La funcionaria, dice que ante esta realidad, como SIS se está impulsando el cumplimiento del mandato institucional, en el sentido de articular esfuerzos con las  instituciones públicas u organizaciones no gubernamentales, para garantizar desde el Ejecutivo el cumplimiento y avance en el respeto a los derechos humanos a favor de  las personas con discapacidad.

Desde este punto de vista “incidimos en las instituciones como Salud, Trabajo, Educación y algunas autónomas”, para hacer un abordaje del tema de la sexualidad, para quitar el mito.

En temas de sexualidad, la SIS empezó  en 2009 con el programa de VIH, con el Ministerio de  de Salud, para que en este tipo de información que se saca para todo mundo, también se incluya la variable “Discapacidad y VIH”, porque todos estamos expuestos a los riesgos, señala Melara.

Este abordaje es importante, porque las mujeres discapacitadas deben tomar decisiones de manera informada, pero el problema es que a una discapacitada nunca, o casi nunca,  se le habla de su sexualidad y  en general experimenta su primera relación sexual sin información.

Tan grave es la falta de respeto a la sexualidad de las mujeres jóvenes discapacitadas, que cuando una persona voluntariamente se decide a vivir una vida de pareja, experimenta la sensación de ser utilizada, no solo en la sexualidad, sino en general.

Esto se da, explica Maritza, Porque muchas veces los hombres solo quieren un aventura, saber qué se siente al tener una relación sexual con una mujer con discapacidad, sin tomar en cuenta que se llevan consigo los sentimientos y dignidad de la mujer discapacitada.

«Las mujeres en general somos más utópicas, románticas, y creemos que nuestra pareja no puede ser así», pero sí se dan casos de maltrato físico y verbal, que muchas veces se manifiesta al quitarle a las mujeres discapacitadas sus medios de defenderse, desarrollarse o movilizarse, señala.

“Pero las mujeres discapacitadas tenemos alegrías y somos felices. Yo estoy bastante satisfecha con mi sexualidad, al menos nadie se ha quejado”, dice mientras ríe.

Agrega que la mayoría de personas que logran establecer una familia de pareja y sostenerla en el tiempo la vive como todo mundo y la puede mantener estable.

Discriminación remota, pero… posible

Maritza empezó a trabajar desde muy joven, cuando hacía su bachillerato y recuerda que con ese trabajo sacó su carrera universitaria. En esa época no se sintió discriminada por compañeros y profesores, pero sí por la infraestructura.

No obstante, en la universidad de El Salvador, de donde se graduó como administradora de empresas, la realidad fue un tanto diferente.

Relata: “en la Universidad sí tuve tres profesores que ejercieron discriminación y violencia directa hacia mí, por mi incapacidad y uno de ellos dijo que no se explicaba cómo personas como yo estaba en la universidad quitándole una oportunidad a otra personas sin discapacidad.”

Recuerda que tras esa expresión, sus compañeros y ella le  hicieron una huelga a ese profesor, “éramos 22 compañeros, pero yo no dije nada; tenía 22 años y los compañeros sí se molestaron y eran señores con hogares y fueron muy solidarios conmigo.”

Pero el profesor nunca cambió de actitud y, sin embargo,  al final lo importante es que entendió que sin importar las ofensas, nunca la detuvo, “me afectó humanamente pero uno aprende a saber sobrellevar esos comentarios. Creo que influyó mi condición de mujer porque yo era la única en la clase”, admite.

Trabajo por capacidad y no por lástima

Maritza es de esas mujeres con determinación. Ni la burla de esos tres “maestros” universitarios, ni las miradas inquisidoras le causaron trauma. Al contrario, su fuerte carácter le permitió que tales adversidades la impulsaran a lograr lo que ahora es: una profesional.

“No me costó encontrar trabajo porque siempre los conseguí por mi capacidad profesional y técnica, si percibo que me lo dan por lástima, no lo aceptaría”, dice. Recuerda que su primer trabajo lo encontró por capacidad en la Unión Europea, para lo cual contó su experiencia en manejo de ONG´s, en incidencia política y en cabildeo, luego fue contratada por la Cooperación Alemana.

Después la Primera Dama de El Salvador, Vanda Pignato, la llamó para trabajar con ella en la SIS. “Yo le pregunté por qué me llamaba, nunca trabajé con ningún gobierno, y me dijo que por mi trayectoria profesional. Y eso fue gratificante, aunque no fue fácil tomar la decisión porque tenía dos trabajos y yo estaba determinada a no trabajar con ningún gobierno”.

Pero ahora dice sentirse complacida y satisfecha porque este trabajo en la SIS le ha permitido ayudar a cambiar la forma de actuar de las instituciones con respecto a la persona con discapacidad.

También es divertida

“Me encanta salir con mis amigos y amigas, a comer a tomarme un par de copas, lo disfruto inmensamente, pero el fin de semana me encanta estar con mi madre para ir a un lugar con vegetación, a comer, llevarla de compra, tengo un ejército de niños (sobrinos y ahijados) siempre conmigo y eso es satisfactorio para mí.

Me gusta casi toda la música, el rock en español, el pop, la clásica me encanta y la instrumental también.

No practico ningún deporte, me gusta  a veces el ajedrez, dominó, juegos de mesa. Siempre quise aprender tenis de mesa, pero nunca lo practiqué por falta de tiempo para ello.

Cuando salgo me encuentro con una ciudad que no es amigable. A las personas con discapacidad no es que no nos gusten los bares, las discotecas; lo que pasa es que no hay accesibilidad, yo peleo con los dueños de los bares para que los hagan accesibles.

Habemos personas que no vamos a algunos de los bares porque no hay accesibilidad. Creo que los empresarios deberían abrir el panorama de clientela y que las personas con discapacidades también son potenciales clientes.

Yo tengo un grupo de amigos sordos, que siempre están en los bares y discotecas, y la gente se pregunta ¿qué hace un sordo en la discoteca?, claro que ellos disfrutan también, experimentan la sensación de la música desde las vibraciones, a través de las luces. Nosotros desde la SIS hemos formado el coro de manos de la Orquesta Sinfónica Juvenil, desde 2009. Son jóvenes sordos y sordas que signan la música.

Para la orquesta misma fue un reto aprender a diseñarle a los sordos la música. A los sordos se les nota la inmensa satisfacción que da ahora, entender la música. La letra de las canciones se contextualiza y es muy interesante, ellos tienen presentaciones  en el marco de la temporada ordinaria de la Orquesta. Se suman a todas las presentaciones.”

Esa es una persona con discapacidad, soñadora, divertida, sentimental, capaz de amar y disfrutar el contacto sexual, de luchar y de vivir con intensidad, de enseñar a otros y aprender de los demás, llora y se entristece, vibra de emoción con cada éxito y sufre con cada fracaso, trabaja, tiene familia, se enamora de las cosas y de la vida y también reclama sus derechos, derechos que aún no son entendidos a cabalidad pero que aún pueden entenderse y crear para ellos y para nosotros, una ciudad verdaderamente humana y condiciones verdaderamente dignificantes.

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