Manos laboriosas, tradición que se extingue

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Artesanos antiguos que han llevado por generaciones la tradición de productos como petates, sombreros, trenzas y canastos, algunos de los cuales ya no se ven con tanta frecuencia.

 

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Una piel marcada por el tiempo que no declina.

Una piel marcada por el tiempo que no declina.

Es difícil saber cuántos años puede sobrevivir la tradición de hacer arte con tule y bambú en San Pedro Perulapán, porque esas manos laboriosas que sobrevivieron con esa habilidad, ya languidecen.

Doña Camila García carga sobre sus espaldas 75 años, pero aún se la ve con energía tejiendo un petate.

Está agachada en una posición incómoda pero acostumbra a ésta y sobre su obra de arte que bien cuesta entre $5 y $6, deja caer su mirada y su pelo blanco.

La aguja de güiscoyol, es su mejor aliada.

La aguja de güiscoyol, es su mejor aliada.

“Con esto, mire, he criado a mis hijos”. Son seis que no quisieron seguir la tradición de su madre, pues han buscado otros rumbos en la vida productiva.

Pero ella sigue fiel al legado de sus padres. Desde niña aprendió a hacer petates, canastos, sombreros y trenzas.

Pero estas últimas dos prendas ya no se ven por el cantón El Rodeo, de donde es originaria, en San Pedro Perulapán. Con una sonrisa de conformidad sigue tejiendo con su aguja de Güiscoyol el petate que ya alcanza un poco más de un metro.

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