El levantamiento del alma

Es un rito que se practica en varios municipios, como Sensun-tepeque, San José Villanueva, Zaragoza, Puerto de La Libertad y otros, cuando se hace un novenario por una persona difunta.

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Allá en San José Villanueva, La Libertad, la fe católica tradicional, transmitida de generación en generación, permite a la feligresía realizar un rito peculiar cuando una persona muere.

El rito es más que un entierro. Incluye una serie de oraciones, alabanzas, un altar, incienso y una cruz formada por pétalos de las flores que sirvieron para adornar el escenario principal donde descansó por última vez el cuerpo de la persona fallecida.

José Miguel, de 20 años, es el rezador más joven de San José Villanueva.

Cualquiera imaginaría que el rosario lo reza una venerable anciana o un venerable anciano, pero no, esta vez, Periódico Equilibrium observó cómo un joven de 20 años, José Miguel Pérez, realizaba el “Levantamiento de la Cruz” como parte del novenario por fieles difuntos.

Ese novenario, en varios pueblos de El Salvador, se caracteriza porque, según la tradición, la señora más mayor del pueblo llega a la casa de dolientes a cantar la Salve.

José Miguel explica que en ese acto, que se inicia con el velatorio del cuerpo incluye un acto especial el día en que el cuerpo es sacado del lugar de velación.

Antes de sacar el ataúd, se hace una cruz con los pétalos de flores, se coloca un vaso con agua y aceite para mantener encendida la vela que representa el espíritu de la persona fallecida y estará allí durante los nueve días siguientes a su entierro, para preparar su paso al purgatorio, según la fe cristiana católica.

“Se trata de purgar sus penas para pasar un poco más libre” a esa nueva dimensión. Según la tradición religiosa el agua es para que esa alma beba, pues llega a la casa cada vez que se le reza y como llega cansada bebe el agua del vaso.

La Cruz también simboliza el espíritu de la persona y allí se reza, sin importar donde haya muerto.

El altar mejor ataviado en el último día del novenario.

Llegado el noveno día, la familia se prepara a fin de hacer una altar hermoso para el último y más grande rezo, se llevan flores y cortinas y se puede seguir adornando la cruz con más flores.

Se reza una novena para encomendar el alma y si es una mujer la persona fallecida, una niña de entre seis y 12 años es la encargada de levantar la cruz, si es un hombre, lo debe hacer un niño de similar edad.

Si dentro de la familia no hay niñez familiar de la persona difunta, una mujer adulta o un hombre, en calidad de hijos hacen el levantamiento.

El rezador pone en los dedos de la mano derecha un poco de aceite del vaso de la vela y lo vierte tres veces en la cruz para simbolizar que el espíritu se vaya limpio, luego envuelven la cruz y la meten en una bolsa cerrada, se apaga la luz y se termina el novenario.

Luego se agradece a la Virgen por la vida en tierra del ahora difunto y luego se llevan los pétalos que formaron la cruz para enterrarla en la tumba o se esparce si se trata de una bóveda.

Cruz ya levantada yace en una bolsa para llevarla a la tumba.

La familia de José Miguel es de Sensuntepeque Cabañas, donde también se practica esta tradición; de hecho desde este último esa familia se llevó la tradición a San José Villanueva, pero también se sabe que se practica en Zaragoza y en el Puerto de La Libertad.

Durante los nueve días se dan comida y bebida pero el último día, la familia da dos tamales con pan francés de la Tecleña, por plato, y las personas vecinas ayudan a hacer entre dos mil y cinco mil tamales para tender a toda la gente que llega al último día.

Si las personas visitantes llevan flores para la persona difunta, se les entrega una bolsada de hasta 25 tamales, incluso pueden llegar todas las personas que lo deseen, sean católicas o no.

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