Mientras un grupo de voluntariado se apresura en las ambulancias a socorrer a víctimas que sufren un dolor físico, otro ofrece su potencial para paliar la necesidad cotidiana de sobrevivencia.
Foto: CRS/Periódico Equilibrium.
La evolución del servicio humanitario ha trascendido, desde hace muchos años, de la básica atención de las víctimas que sufren el dolor físico por una lesión a la atención de sus necesidades cotidianas.
Cruz Roja Salvadoreña ha dado muestras ejemplares de esta nueva concepción del servicio que presta.
Aunque nació para atender a víctimas de la guerra, como lo hizo Henry Dunant en la batalla de Solferino en Italia, al ver las secuelas de las luchas de entonces, la miseria humana a la que son sometidas muchas personas y las condiciones de desventaja de otras, dos siglos después, han motivado una nueva visión de atención humana de instituciones como esta.
Un claro ejemplo de ello es la alianza que Cruz Roja Salvadoreña ha hecho con el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (Insaforp) a través de la cual se ha montado un curso de elaboración de productos de limpieza adaptado para personas con discapacidad visual.
Si bien no se trata de emergencias como las entiende la población cuando se generan desastres o ataques despiadados de violencia, la situación de las personas ciegas representa una necesidad latente que ha de atenderse.
Así lo entiende la institución y, por eso mismo, creó el Proyecto “Aulas de Gestión Ocupacional para la Región de América Latina” (ÁGORA).
En El Salvador ÁGORA ejecuta, gracias al apoyo técnico y financiero de la Organización Nacional de Ciegos en España (ONCE) para América Latina y Cruz Roja Española, este curso que permitirá a personas ciegas a elaborar “la mayor gama de productos que cada uno de nosotros ocupamos en nuestros hogares”, ha dicho la Coordinadora del Proyecto ÁGORA El Salvador, Nohemy Mejía.
Se trata de la elaboración de jabón para manos, detergente líquido, desinfectante, alcohol gel y cera para pisos.
El objetivo del curso es que las personas participantes puedan establecer sus micros emprendimientos o elaboren los productos para utilizarlos en sus negocios, como salas de masaje.
Así, también se cumple el ideal de servir al prójimo que sufre en las diversas circunstancias de la vida; por hoy, 16 personas ciegas son formadas en este sentido y de esa forma se alivia el “dolor” emocional de quienes sufren carencias que se traduce en una precaria calidad de vida de su grupo familiar.
Estas personas pertenecen a organizaciones como la Asociación de Mujeres Ciegas de El Salvador (Amuces), Asociación Nacional De Ciegos Salvadoreños (Anciesal) y Asociación de Ciegos de El Salvador (Asces).
De esta forma la solidaridad se convierte en el bastón más importante en el marco de la asistencia humanitaria que proviene de esta institución de servicio.
