Los problemas de El Salvador se llaman “Clase Política” y “Partidos Políticos”, así lo percibe la juventud que le huye al apelativo de «político» cuando se habla de profesiones.
Fotos: Periódico Equilibrium.
En El Salvador quienes deciden la agenda política, sin importar si es compatible o no con las aspiraciones de la población, son los miembros de las cúpulas. Nada se mueve si no pasa por esa ortodoxa tamiz y la juventud, lo sabe.
Basta con sondear sus perspectivas sobre qué quieren ser para ayudarle al país. Ser políticos es lo que menos quieren, no solo por la deslegitimación en la que se han involucrado los mismos políticos, sino por la polarización que generan entre sus aliados.
Diego Echegoyén, Editor de “El País que viene, una generación comprometida” tiene una lectura. “Soy respetuoso de la institucionalidad, nos ha costado como país la paz que tenemos hoy. No hay paz social tal vez, pero tampoco hay guerra, Pero nos ha costado y las instituciones son más sólidas que hace 20 años, sin embargo hay dos problemas principales: la clase política y los partidos políticos”.
Estos últimos tienen una debilidad institucional dice Diego, quien se atreve a decir que solo dos partidos pueden ser considerados institutos políticos, los otros responden a la efervescencia electoral.
Por eso mismo no duda en proponer que los partidos políticos se legitimen respondiendo y conectando con las personas porque hay una debilidad de conexión, “la ciudadanía no se siente representada por los partidos políticos”, así de sencillo.
Por ejemplo, agrega, no es posible que las cúpulas de los partidos elijan a los funcionarios, debe participar en eso la ciudadanía, como en el caso del Fiscal General, para que no se nombren cuando a los partidos les da la gana, sino cuando la Constitución lo manda.
El futuro y la cohesión no depende de los políticos ni de los partidos, sino de la ciudadanía, o al menos así debería ser, y “debemos aspirar a que en las próximas elecciones tengamos candidatos independientes y partidos impulsados por movimientos de ciudadanos para que le devuelvan la decencia”, reclama Echegoyén.
El joven comenta una anécdota: “fuimos a un conversatorio con jóvenes y todos quisieran ser hasta astronautas, pero menos políticos. De pronto una niña tímidamente levantó la mano cuando se le preguntó si quería participar en mejoras de su comunidad a través de la política. Dijo que la levantaba tímidamente porque los políticos tienen mala fama y son mañosos. Sus compañeros dijeron que quería ser política porque es la tesorera del grado y ya le gustó el dinero”.

La anterior es una de las formas de expresar el desagrado por la “profesión política” si es que se la puede llamar así.
Esta realidad lleva a Echegoyén a pensar que el día que la juventud tengan en los políticos una opción profesional, como si hablaran de querer ser maestros, “ese día tendremos un futuro provechoso para El Salvador”.
Afortunadamente, dice este líder juvenil, hay señales fuertes, como la elección del último Fiscal General; nunca en la historia esta elección había tenido una agenda política en la que repercutiera en tiempo real en la reacción social, más allá de las redes sociales.
Nunca vimos que políticos jóvenes como Nayib Bukele y Jhonny Wright, condicionaran su apoyo a la elección de un fiscal y nunca hubo tanto interés ciudadano en quién iba a ser esta figura.
Pero al menos existe una esperanza, sí hay conciencia de una nueva generación, aunque hay poderes fácticos y cúpulas partidarias pero se está remando hacia esa conciencia para tomar consensos, como lo demuestran José Margarito Nolasco, Jhonny Wright y Cristina Cornejo quienes generaron el libro que demuestra que es posible.
Al final de estos hechos, Echegoyén reflexiona en que un partido que le diga a uno “yo pienso en El Salvador pero mi idea es mejor, comete un error, porque debería decir: yo tengo mi ideología pero hay temas que son no negociables porque son para El salvador, entonces me pongo de acuerdo con mi contrincante político”.
Y considera que 2019 se presenta como una oportunidad para mostrar esta madurez política porque se presta para ofrecer candidatos a la presidencia que piensen en al país y en una agenda de unidad nacional, porque el desgaste que tiene la clase política no debe conceder que el siguiente gobierno actúe solo, con un partido determinado y los ciudadanos deben tener más peso porque sigue habiendo una visión divida de El salvador de la derecha y El Salvador de la izquierda.
El centro está muy atomizado y la ciudadanía más; no hay proyecto común y El País que Viene busca construir un consenso, un relato desde todos los sectores para construir El salvador de los siguientes años, concluye el joven líder.
