Hemos optado en este medio, por fotografiar cuanto árbol «sobreviviente» en las ciudades, para tener luego, al menos, recuerdos de lo portentosos que fueron, ya que la inmisericorde tala que es avalada por funcionarios, empresarios y particulares, nos evitan seguir teniendo a esos amigos incondicionales que nos refrescan con su sombra y que nos proveen la vida mediante la generación de oxígeno. Tal vez nuestro esfuerzo despierte la conciencia de los destructores. Este árbol de la portada, tenía ramas que, originalmente, tocaban los techos de las casas inmediatas y el alambre «razor»; ya han comenzado a desmembrarlo en un pasaje de la colonia Lincoln, de Mejicanos, en San Salvador.




