La apertura de las organizaciones

 

Por Jaime López

Somos testigos de un fenómeno creciente en nuestro país: la tendencia de las organizaciones a ser más abiertas. Lo podemos apreciar en acciones que desde oficinas de gobierno las llaman de  “transparencia”, “responsabilidad social” en empresas o “procesos participativos” en organizaciones civiles. Con concepciones distintas o mensajes algunas veces contradictorios, estas iniciativas apuntan hacia una mayor interacción y legitimidad en las relaciones con sus grupos de interés.

Mucho se crítica al actual gobierno por conductas obtusas del Presidente, pero lo cierto es que a nivel de varios ministerios y autónomas hay personas que se han tomado en serio el credo de la transparencia. En los discursos esa palabra resuena; y también en la práctica, aunque con un margen de rezago, se entrega más información, con frecuencia se hacen audiencias públicas y se intenta que las decisiones sean validadas socialmente, o al menos mediáticamente.

Por su parte, el sector empresarial está cada vez más involucrado en el movimiento de responsabilidad social. El principio es sencillo: en un mundo más competitivo, no se pueden obtener ganancias de forma sostenida sin atender los intereses de los grupos que ayudan a las empresas a obtener esas ganancias. Eso lleva a los gerentes a interesarse por conocer y responder mejor, o en alguna medida, a las expectativas de los trabajadores, proveedores, clientes, accionistas, financiadores, gobiernos y comunidades donde operan sus negocios.

Es fácil encontrarle defectos a las iniciativas gubernamentales de transparencia, pero no se puede desconocer que estas constituyen hechos que hasta hace poco en su mayoría eran inexistentes. Y de igual manera, hallaremos muchas debilidades en los esfuerzos empresariales, pero no podemos ocultar o ignorar su presencia.

Las organizaciones de la sociedad civil están corriendo igual suerte. En nuestro país estas organizaciones en muchos casos se sostienen financieramente de cooperación internacional, la cual cada vez es más escasa o hay más competencia para acceder a ella. Las organizaciones civiles tienen que identificar quiénes son las personas a las que sirven, los llamados beneficiarios, y demostrar que han ayudado a producir cambios en sus vidas. No importa el discurso que evoquen, parece ser que las organizaciones de la sociedad civil más exitosas serán aquellas que puedan rendir cuentas del impacto positivo de su trabajo.

Las organizaciones, sean públicas o privadas, creo que están mostrando un mayor interés para aprovechar el conocimiento, el caudal político, las redes sociales o desde luego, el dinero de los grupos con influencia en su quehacer, respetando los derechos de quienes los integran. Las que van en sentido contrario, como ocurre a veces con los partidos políticos, se desacreditan o terminan en negocios poco dignos. Considero que vale la pena prestar más atención a las iniciativas de apertura de las organizaciones y tratar de reforzar esa tendencia.

Nota: Para el lector será obvio que con esta nota prefiero ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Para una explicación del porqué de esta visión ver mi nota http://jailop.posterous.com/la-pesadumbre-del-deber-ser.

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