Juan José y Rosa Elena, dos ejemplos de superación

graduados USAMEn los recintos de la Universidad Alberto Masferrer, de San Salvador (USAM) un joven que inició pintando paredes y una mujer que ahora tiene 53 años y que regresó tras migrar ilegalmente a Estados Unidos, han visto coronados, por fin, sus esfuerzos.

Fotos: USAM/Periódico Equilibrium.

Juan José García Alas llegó a la Universidad Alberto Masferrer buscando trabajo y lo encontró, cuando ya superaba los 30 años. Rosa Elena Mejía de Turcios, fue obligada a emigrar ilegalmente a Estados Unidos por la cruenta guerra, desde San Sebastián, en San Vicente.

Rosa Elena, segunda de derecha a izquierda.
Rosa Elena, segunda de derecha a izquierda.

Ambos tienen una historia común: sus estudios de bachillerato los abandonaron; uno por la pobreza y otra por la violencia. Pero ambos tienen también un éxito en común: en este mes de marzo se graduaron; uno de Licenciado en Ciencias de la Computación y, la otra, como Técnica en Mercadeo.

Estaban sentados en medio de un grupo de jóvenes cuya mayoría no sobrepasa los 26 años. Muchos los conocen, pero lo que pocos saben es que detrás de ese documento que los acredita como profesionales, está toda una vida de esfuerzos, de sacrificios, luchas, decepciones, entrega y satisfacciones.

Juan José llegaba a su casa a ayudar con las tareas de su pequeña hija, ahora de 11 años; cuando la niña se dormía cansada, él seguía con sus tareas universitarias, porque a las 5:00 de la mañana debía estar en pie para llegar a su trabajo de conserje en la Universidad Alberto Masferrer (USAM), donde además debía estudiar desde las 6:00 a.m. hasta las 8:00 a.m., para incorporarse luego a sus labores de ocho horas.

Su último trabajo, antes de ingresar como conserje a la USAM, lo perdió porque en su vida agitada por las necesidades económicas padeció de ataques de ansiedad. “Le pedía a Dios que me ayudara porque cuando me iba a dormir pensaba que ya no iba a despertar”, recuerda.

Desde muy temprano en su vida debió trabajar para ayudar a su padre, por la pobreza que los rodeaba y no faltaron quienes lo alentaran a no estudiar porque de nada le serviría; él pensó diferente y pese al sacrificio que significó estudiar, logró alcanzar una de las anheladas metas: graduarse como profesional. Y lo hizo en una carrera que ni imaginaba.

Al ver sus esfuerzos, las autoridades universitarias le ofrecieron un trabajo diferente, así inició sus labores en el área de informática de la USAM, como encargado del laboratorio donde funciona la Academia de Microsoft, misma que ha visto formarse a muchas personas.

Rosa Elena en tanto, ha recibido su título en Técnica en Mercadeo. Ella, por causa de la guerra civil que vivió El Salvador, hizo a duras penas su primer año de Bachillerato en San Vicente, Por la misma guerra, sus documentos académicos no fueron anexados a los registros del Ministerio de Educación; cuando regresó al país intentó seguir sus estudios pero su vida ya era diferente pues debió cumplir primero su papel de madre y esposa.

Juan José, primero a la izquierda.
Juan José, primero a la izquierda.

Su condición, no obstante, no le impidió que, cerca de sus 50 años continuara su bachillerato y luego se inscribiera en la USAM para cumplir su sueño de ser mercadóloga. Allí en la universidad también encontró apoyo, porque las autoridades la contrataron como secretaria de la Facultad de Ciencias Jurídicas, donde aún labora.

“Primero saqué adelante a mis hijos, para luego terminar mi carrera”, cuenta, mientras baja ansiosa las gradas para ingresar al salón donde recibió su título de profesional, a sus 53 años.

Juan José y Rosa Elena terminaron sus estudios tras recibir apoyo del Ministerio de Educación, el cual les ofreció el bachillerato acelerado, ellos se examinaron y se sometieron a la PAES y ahora, por fin, coronaron sus esfuerzos.

Desde su filosofía y basados en sus experiencias, los ahora profesionales dicen que no hay edad para superarse y a quienes se dieron por vencidos muy rápidamente, les pidieron que regresen, que en instituciones como la USAM, hay puertas abiertas y solo es cuestión de aprovecharlas para entrar a la vida de éxito y superación, con sacrificio.

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