Fue uno de los escenarios donde la atrocidad de la guerra se empoderó por la forma particular en que se libraron las batallas de la guerra civil de El Salvador. Ahora es convertido en un escenario turístico.
Fotos: Periódico Equilibrium.
Veinticinco años después de la histórica firma de los Acuerdos de Paz, Un grupo de periodistas visitó el legendario cerro de Guazapa; el mismo que, desde algunos ángulos, se puede ver cómo se asemeja a una mujer acostada que encierra en su vientre las historias de la guerra.
“Bienvenidos a las faldas del cerro de Guazapa”, dijo una de las mujeres que estaba en uno de los lugares ahora acomodados para recibir a turistas que deseen visitar la Ruta del Combatiente.
Esta vez la visita era totalmente diferente. De hecho, periodistas jóvenes llegaban por primera vez en condiciones totalmente diferentes a las de los años 80; para entonces era un escenario de guerra, ahora es uno de paz y turismo, dijo el Ministro de Turismo, José Napoleón Duarte.
La visita de periodistas en aquellos años era para recoger las imágenes frías de la muerte, de la violencia y muchas veces del odio, la saña.
Una de las personas que acompañó a los medios de comunicación en esta ocasión recordaba cómo las columnas de guerrilleros o de la Fuerza Armada pasaban por su casa preguntando si “los terroristas” o si “los perros” (expendiendo de si se trataba de columnas de la Fuerza Armada o de la guerrilla) habían pasado por allí previamente.
“Decíamos que no, obviamente”, recuerda la mujer de unos 50 años. Eso sí, con ambos bando debía estar congraciada: “hacíamos pupusas para darles un rimero y que comieran en su camino”, recuerda.
Reconocimiento turístico
Esta vez, el cuerpo de periodistas llegó por una razón diferente: recoger aquellas imágenes de un pueblo que emerge, su museo que encierra elementos que antes evocaron violencia extrema y que ahora son parte de una historia.
Una caminata de 45 minutos, para quienes decidan recorrer el polvoso camino cuesta arriba desde la ciudad hasta el lugar donde se encuentran al menos tres de cinco “tatú” que las fuerzas insurgentes utilizaron, bastan para respirar frescura y conocer parte de la reciente historia nacional.
La primer parada obligatoria en esa ruta es un río de aguas cristalinas: el Guaza, tan pachito que no necesita un puente para pasarlo en vehículo; luego está el Kaipirinha Bar, donde cada turista puede refrescarse con el chaparro, o sus tragos preparados como el “Quebrada Azul”.
Esta es la bebida que identifica a esta localidad, porque es un homenaje a la quebrada del mismo nombre que divide a los departamentos de San Salvador y Cuscatlán e inmediata al legendario Cerro de Guazapa.
Y la siguiente parada es la de la zona de los tatú en pleno cerro, en cuyos alrededores se percibe aún un ambiente de abandono. “Allá (señalando desde la Quebrada Azul hacia el norte del cerro) estaban las primeras casas, se fueron (las familias) porque las bombas caían en todos lados”, dice un guía al narrar los bombardeos aéreos.
Hablaba del Caserío “Los Chiquillo”, del cantón Nance Verde. Esa gente se fue y nunca más volvió, los árboles y probablemente algunos cimientos sobrevivientes de sus humildes casas son los únicos que quedaron, con excepción de una familia que a los pocos meses de haber abandonado su casa por temor, regresó a enfrentar su destino, porque no podían pagar casa alguna en el pueblo.
Hoy esa familia sigue en pie en el caserío “Los Chiquillo”, muy cerca de unos nacimientos naturales de agua de donde se abastecen y la cual acarrean con la ayuda de “Huella” y “Palomina” dos mulas que fueron prestadas para que el Ministro Durán llegara hasta los tatú.
El Hospital sepultado
Fuera de los pequeños tatú donde se guardaban alimentos cuando se lograban conseguir para la sobrevivencia de las tropas insurgentes, o donde se ocultaban momentáneamente a personas ancianas o niñez, dice María Dolores Gómez, una excombatiente que conoce muy bien estas estructuras subterráneas, existen otros de mayor envergadura.
As sus 32 años María Dolores empezó su periplo con la insurgencia del FMLN; ahora tiene 64 y dice sentirse orgullosa de haber sido parte de la lucha que cambió la historia de El Salvador.

“Aún necesitamos cambios para las transformaciones del país, para nuestro bien” dice esta mujer que ahora sobrevive de una pequeña tienda y que, al mismo tiempo, apoya la organización social, como forma de continuar con su lucha social.
Narró cómo se atendía a guerrilleros heridos en un tatú mucho más grande que funcionó como “hospitalito”. Allí, de hecho, habría sido atendido el ahora Vicepresidente de la República, Óscar Ortiz.
El tatú que funcionó como hospital es uno de los dos que aún no han sido redescubiertos y que es parte de los cinco escondites subterráneos más importantes de la historia bélica de Guazapa. En realidad son más los tatú, pero el tiempo y los fenómenos naturales se ha encargado de ocultarlos.
Lanzamiento
La Ruta del Combatiente es una opción turística que será lanzada oficialmente en noviembre próximo probablemente, dejó entrever el Ministro Duarte.
En esa oportunidad se hará un evento que trascenderá las fronteras, porque se le dará a conocer no solo al país, sino al mundo.
Se trabajará en conjunto con el Comité de Desarrollo Turístico, el cual fue juramentado el pasado viernes.
Ya se hicieron exploraciones y se ha notado que genera una gran expectativa por pasar de ser un escenario de guerra a uno de paz.

Aparte de conocer parte de la historia bélica, quienes visiten el lugar podrá observar eventualmente familias de los leopardos y venados, entre otros animales; además de la frescura de la zona, aún en verano.
Por ello se potenciarán las caminatas ecoturísticas y se generarán nuevos atractivos con el concurso de empresas touroperadoras que puedan atraer a personas europeas, por ejemplo.
En este esfuerzo en general beneficiará a la población. José Armando Barrera, Alcalde de Guazapa, dice que el proyecto se inició hace más de un año para crear la Ruta del Combatiente, que dará más desarrollo a este municipio.
Con el apoyo del Ministro de Turismo esta apuesta turística crecerá y la lucha por mejorar sus condiciones no será en vano, dice el jefe de gobierno de un pueblo de unos 35 mil habitantes.
Guazapa es uno de los lugares que es intervenido por programas específicos de combate de la violencia y prevención de la misma y se hacen esfuerzos por dar la seguridad necesaria para que la población turista tenga una experiencia extraordinaria.
Quetzalí
La india dormida o mujer dormida estuvo presente en este reconocimiento de la Ruta del Combatiente. Estaba encarnada en Kadelin Beatriz Miranda, como Quetzalí, la diosa Maya que se cree está encerrada en el cerro de Guazapa y que es esa mujer que simula estar acostada.
Ella era parte de los personajes que daban la bienvenida a los medios de comunicación que visitaron la Ruta del Combatiente.








