En una familia de ocho miembros, tres de ellos, los padres y un joven de 16 años, participaron de un hecho delincuencial que ha marcado negativamente la vida de una niña de tan solo 14 años de edad.
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La esposa engañó a la niña de apenas 12 años de edad; el esposo la maltrató, la violó y la amenazó; el hijo de ambos, de 16 años también aprovechó las circunstancias y abusó sexualmente de la niña.
Ahora, ella tiene 14 años y pasó por un calvario de dos, antes de decidirse a afrontar la incertidumbre de si su principal verdugo cumpliría las amenazas de muerte que eran garantía del silencio de la menor de edad.
Pero su valor valió la pena; después de ser rescatada por su propia madre, en una zona rural de San Francisco Menéndez, de Ahuachapán, las autoridades competentes pudieron actuar y ahora, las horas pasarán interminables para Santiago, un hombre de 49 años, tras la rejas. Serán 26 años de castigo.
El joven implicado en los delitos también está por pagar las consecuencias de sus actos provocados, en cierta medida por la anuencia de su padre; un Tribunal de Ahuachapán analiza el proceso y está a punto de dictar una sentencia en su contra. A lo mejor le esperen siete años como mínimo, por ser menor de edad o, si las pruebas son tan fuertes, hasta una condena de 15 años. La ley de menores lo permite.
Y la mujer que le ofreció a la niña llevarla, con engaños, a trabajar en su casa por una buena paga, no aparece en los relatos judiciales de la Fiscalía General de la República, no más allá para contar que le regalaba frutas para ganarse su confianza y que cuando la tuvo en su casa le puso como obligación hacer oficios domésticos para atender a la familia.
Quizás en esta parte de la historia se refleje cierta impunidad. La FGR no dice más pero sí relata cómo sufrió la niña haciendo labores de la casa, labores agrícolas y dando servicios sexuales, obligadamente.
La familia, obviamente no puede ubicarse en las que poseen valores. Es increíble que desde la esposa hasta el hijo menor, hayan participado en la destrucción de la vida de una niña que ayudaba a su madre a vender frutas en las calles de ese pueblo de San Francisco Menéndez, para sobrevivir, allá en la costa ahuachapaneca fronteriza con Guatemala.
