Nadie en todo el lugar se sentía más lleno y más satisfecho que aquellos jóvenes, no había alguien que fuera más feliz que ellos, estaban llenos de fuerza, de deseos de vivir, todo les parecía maravilloso.
Por: Elsy Ch.
Les bastaba su amor para endulzarlo, el tiempo parecía acelerarse, pues las horas no podían sentirse ni contarse, sus almas se llenaban solo de conversar, ella no podía dejar de ver sus ojos, eran tan brillantes y preciosos, sentía que a través de ellos podía llegar a su alma y no solo comunicarse con palabras.
Después llegó el tiempo de marcharse, se levantaron de la mesa, quedando sobre ella unas tazas casi llenas, unas cucharas que apenas habían tocado el pastel, pero se sentían satisfechos como si hubieran comido bastante y algo delicioso.
En la entrada de la cafetería se despidieron con un dulce beso y se separaron en caminos opuestos, el caminaba viendo al cielo bajo los hermosos cerezos y ella entre el tumulto de la gente en aquella gran ciudad, pues todos se dirigían a sus casas después de trabajar.
Pero ella estaba absorta en sus recuerdos de aquella tarde hermosa, de aquel hombre de mirada profunda, seguro de sí mismo, de aquel hombre tan alto y tan fuerte que del mundo era capaz de protegerle; sus emociones vibraban, sus pensamientos revoloteaban incesantes en su cabeza, como mariposas en un campo, dentro de ella todo parecía una fiesta.
Nadie en todo el lugar se sentía más lleno y más satisfecho que aquellos jóvenes, no había alguien que fuera más feliz que ellos, estaban llenos de fuerza, de deseos de vivir, todo les parecía maravilloso, perfecto y encantador, hasta ellos mismos… dar amor y recibir amor… ¿acaso no es eso para lo que nacimos? Y si no es eso, ¿porque amar y ser amados nos hace sentir tan completos?… que bonito fuera que esa historia de amor la viviéramos todos y que viviéndola, nunca tuviera fin.