Escalando el volcán más alto y activo de El Salvador

Si usted está en forma o simplemente quiere subir a la cima de uno de los volcanes más impresionantes de El Salvador, hágalo; sencillamente es, maravilloso.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Desde el majestuoso Cerro Verde, en Santa Ana, hay un sendero mágico que al atravesarlo lo llevará a un lugar soñado: el volcán Ilamatepec o mejor conocido como el Volcán de Santa Ana.

Recorrer sus 2.75 kilómetros desde el inicio del ascenso, en la carretera que conduce hacia el Cerro Verde vale la pena. Si usted lo recorre en 30 o 45 minutos o en una o dos horas, no importa. La aventura vale la pena.

Desde un flanco del volcán se pueden apreciar el Lago de Coatepeque, el Cerro Verde, el Volcán de Izalco y el Océano Pacífico.

A 2,381 metros sobre el nivel del mar (msnm) se le olvidará que ha subido con sus piernas temblorosas; cuando el olor a azufre que emana del cráter lo empiece a percibir en el aire, es señal de su inminente llegada a la cima del coloso.

Una vez arriba, desde allí podrá ver poblaciones como Juayúa, municipio del departamento de Sonsonate que pertenece a La Ruta de Las Flores; el imponente volcán de Izalco, que reta a las personas escaladoras con su composición de arena en su cono; o, si tiene suerte, y la bruma no se hace presente, podrá deleitarse con el horizonte del Océano Pacífico.

Aún más, cuando se asciende por ese sendero pedregoso que conduce hasta la cima, podrá observar desde sus flancos el majestuoso Lago de Coatepeque y el mismo Cerro Verde en todo su esplendor y al pie de este, una hacienda donde La Casa de Cristal lo espera para acampar. La leyenda dice que allí, la antigua dueña de la hacienda se le aparece a quienes pernoctan, nadie del lugar supo decirnos si es cierto o no.

Esta es una las vistas del Volcán de Izalco, desde un mirador del Cerro Verde.

El Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU), presidido por Eny Aguiñada, organizó este fin de semana un recorrido de la prensa desde el Cerro Verde hasta el cráter del Ilamatepeq, en cuyo sendero de ascenso se observan aún los vestigios de aquella erupción que ocurrió el 1 de octubre de 2005 y que causó dos víctimas mortales.

Algunas plantas carbonizadas aún siguen en pie, el suelo está lleno de productos volcánicos que evocan aquel evento extraordinario, mismo que tratan de disimular un sinfín de plantas de maguey, que han brotado desde aquél año en el contorno del volcán. Estas plantas son frecuentadas por los pezotes porque ahí encuentran los insectos de los que se alimentan.

Esta flor de Agave, carbonizada durante la erupción de 2005, sigue en pie, a su alrededor ya ha crecido vegetación.

Terminar la caminata es gratificante; sobre todo, cuando usted puede ver la laguna eternamente turquesa que delata al azufre y que está 300 metros abajo en el cráter del Ilamatepec y sus escabrosas paredes, desde donde emanan gases sulfurosos.

Allí confluyen nacionales e internacionales para deleitarse con las vistas impresionantes de solo una parte de El Salvador, el Pulgarcito de América.

Los fines de semana la afluencia es mayor.

Debido a su característica activa, a los vientos que alcanzan ráfagas de hasta 70 km/h. y al descenso que debe hacerse con cuidado, los guardaparques del Ministerio de Medio Ambiente, como Dani Rosa, y los guías del Instituto Salvadoreño de Turismo, como Leonel Barrientos y Nicole Chávez, quienes acompañaron al grupo de representantes de medios de comunicación, recomiendan que la estadía sea de entre 20, 30 o máximo 40 minutos en la cima.

Con suerte, los grupos de turistas podrán encontrarse en el camino de ascenso o descenso, con animales como zorros, pezotes o venados cola blanca.

Recuerde que si usted quiere vivir esta aventura, debe ir cómodamente vestido, con ropa fresca, zapatos de suela fuerte, ligero de equipaje, con al menos dos litros de agua, “snacks”, gorra y si lo prefiere bloqueador solar para su piel. No olvide que la caseta del MARN requerirá un pago de 3 dólares si es nacional o de 6 si es extranjero; el estudiantado paga 50 centavos de dólar, si proviene del sector público, o un dólar si, es de colegios privados,

Ni las rocas ni la vegetación deberían ser objeto de abusos.

Quienes padecen de asma o hipertensión y no están preparados con sus inhaladores o pastillas deben valorar si suben o no. Lo recomendable es que no lo hagan, dice Dani Rosa.

Es necesario y obligatorio que usted no bote basura en el volcán o el bosque y tampoco que altere la naturaleza de las piedras pintándolas con recuerdos o dañando la vegetación o plantas como el maguey.

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