Emprendedoras quieren contribuir con rescate de la tradición cerámica de El Salvador

Nuyulu es una producción única en el país bajo el concepto de “utilitario”, porque en sus productos, se refleja la fauna local que ya no se ve como antes, son decorativos y de mucha utilidad.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Querer hablar de cerámica, de producción contemporánea y rescate de este arte antiguo que prevaleció en el período posclásico temprano en el país y en Mesoamérica con la producción de la cerámica plomiza, hace valorar el trabajo que ahora realizan dos artesanas fuera de lo común: Rebeca Tobar y Doris Mejía

Ellas son creadoras de la marca Nuyulu, que evoca algo muy profundo del ser humano y que significa en nahuat, “mi corazón”.

Rebeca y Doris explican que sus productos se enmarcan un nuevo concepto: la cerámica decorativo-utilitaria, tiene acabados artísticos pero con características seriadas, sus productos hablan mucho de la cultura nacional, como la línea de bisutería que tienen mazorcas como decoración o las tazas con imágenes emblemáticas como el disco del jaguar.

Ambas son ceramistas de profesión y trabajan la cerámica roja o blanca, “somos ceramistas graduadas de Licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad Nacional, en la especialidad de cerámica”, explica Rebeca.

Nuyulu son las piezas que llevan toda la carga emocional de sus autoras, complementa la joven ceramista, cuya iniciativa nació después de diez años de hacer cerámica escultórica, “pero se nos ocurrió meterlo en una línea comercial, yo era docente y mi aplicación en la cerámica la había dejado de lado, pero hace un año hemos querido rescatar en El Salador la tradición cerámica histórica que se está desplazando por el plástico”, dice la profesional.

La tradición cerámica y sus talleres no solo ha ido muriendo conforme mueren los artesanos, como ocurre en Quezaltepeque; las iniciativas que ha habido para revitalizar la producción cerámica son nulas, la especialidad en la UES es pequeña, lamentan Doris y Rebeca, por ello “nosotros la amamos y sabemos que puede ser un medio de vida y eso estamos trabajando”.

Y es que no solo se trata de tener el arte de crear; en el caso de las ceramistas el valor de su trabajo pasa por el hecho que desde la construcción de la pieza se está frente a un material histórico, porque el barro es la descomposición de materiales en miles de años.

“Cuando la gente lleva nuestras piezas, tratamos de explicarles qué implica la producción, que jamás habrá dos piezas iguales porque el tratamiento en el horno se modifica con una mínima alteración del calor.

También debe saber que el material en desuso se puede reciclar, pero normalmente los desperdicios de una vasija quebrada no se utiliza. Se puede hacer una pasta nueva que influye en el cuidado del medio ambiente, explican las profesionales.

El papel de Conamype

Cuando el proyecto fue concebido por estas dos emprendedoras, el Consejo Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) les dio capital semilla para comprar equipo que pulveriza los restos de cerámica.

A partir de allí hacen producto personalizado y a sus clientes les hacen propuestas para que, la pieza que requieren, además de utilitaria sea decorativa.

Además del financiamiento, Conamype ha ayudado en este emprendimiento a elaborar un plan de negocios y da acompañamiento a la producción misma de las piezas.

Esta producción es única bajo el concepto de “utilitario”, porque otras iniciativas hacen productos personalizados de caricaturas, pero Nuyulu toma el cuzuco, la fauna local que ya no se ve en abundancia como antes y, además de reflejar lo propio del país, as atractivo y de buen uso porque se lucen como prendas, se usan como macetas y como ceniceros, por ejemplo.

Incensario y maceta que evoca al cuzuco.
En las tazas hay figuras como el disco del jaguar.
El maíz, la principal dieta salvadoreña, en pendientes para la belleza femenina.
El cenicero, pieza utilitaria y decorativa.

 

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