De repente tuvo una sensación extraña de que alguien lo observaba, miró hacia atrás el camino recorrido y vió una persona vestida de blanco, con una vela en la mano, se siente petrificado.
Por: Licda. Elsy Ch.
Estaba oscuro, la casa a su derecha estaba deshabitada, Marcos caminaba por la acera, la calle completamente vacía, iba silvando o tarareaba una canción, había escuchado muchas historias acerca de esa casa, algunos amigos o conocidos habían mencionado haber visto cosas extrañas al pasar por ahí, velas encendidas, personas de blanco, llantos de niños, chirridos de puertas y que éstas se cerraban de golpe.
Le temblaban las manos y las piernas, pero no podía vacilar, sabía que en algún lugar sus amigos escondidos lo observaban; la chica que le gustaba había dicho que saldría con él, solo si cumplía el reto de entrar a esa casa abandonada y pasaba ahí una noche entera, si sobrevivía a sus miedos, estaría con la chica que para él, era la más linda de la escuela.
Mientras se acercaba, trataba de no pensar en las ramas secas de los árboles cuyas sombras se reflejaban como garras que trataba de aprisionar aquella casa, ni en la entrada, con la puerta desvencijada, que le parecía una cueva oscura dispuesta a tragárselo; en su lugar pensaba en aquella niña de ojos brillantes y sonrisa dulce, cuyas mejillas se coloreaban cuando calentaba el sol y eso le hacía a momentos tener coraje y valor.
Tendré una cita con ella –repetía- es todo lo que importa, intentaba animarse a sí mismo.
A pasos temblorosos llegó a la puerta y se volvió para mirar alrededor en busca de algún amigo que lo observara, pero nada, ni una sola alma en toda esa calle; entró rápidamente respirando profundo y con la poca luz de la luna que entraba por las ventanas, pudo ver que los pocos muebles que habían, estaban cubiertos con sábanas blancas, que de las paredes y ventanas colgaban telas de arañas y las ramas secas de los árboles seguían reflejándose tenebrosamente en el lugar.
Llevaba una manta que colocó en uno de los muebles, decidió sentarse y cerrar los ojos para no asustarse de lo que veía, pues todo aquello le infundía terror, escuchaba el abrir y cerrar de puertas en otras habitaciones y al entreabrir los ojos veía luces tenues que se asomaban por debajo de las puertas e iluminaban levemente la habitación… finalmente se armó de valor y decidió inspeccionar.
Caminaba de puntillas intentando no hacer ruido; hasta el momento había permanecido en lo que parecía una sala de estar que se comunicaba con el resto de la casa a través de dos puertas, abrió la de su izquierda y vio un enorme y desgastado comedor, había cuchillos clavados en la mesa y en el fondo del cuarto, donde la luz se desvanecía, vio unos ojos rojos que comenzaron a avanzar hacia él, le entró miedo, no, pánico; venían a toda prisa, tanto que le hicieron cerrar los ojos y lanzar un grito de pavor, cayó al suelo , pero no tardó en darse cuenta que era un gato negro inmenso, el que se había abalanzado sobre él.
– ¡Qué susto!, exclamó. Todo lo que hay que hacer para salir con una chica. Levantándose se sacude el pantalón.
Regresó a la sala y decidió abrir la puerta de la derecha, vio que había un largo corredor, intentó buscar algún interruptor para ver si alguna luz funcionaba aunque sabía que era improbable y como era de esperarse así fue; empezó a caminar por el pasillo aunque casi no podía ver, entre las sombras pudo distinguir macetas con plantas marchitas que colgaban a lo largo del corredor, por lo que dedujo que había un jardín interior.
Mientras avanzaba, podía sentir un olor pestilente, como basura que llevaba varios días en descomposición, mientras más avanzaba, el mal olor se hacía más fuerte, debía haber algo más por ahí.
De repente tuvo una sensación extraña de que alguien lo observaba, miró hacia atrás el camino recorrido y vió una persona vestida de blanco, con una vela en la mano, se siente petrificado, no puede moverse hasta que cae al suelo y se acurruca en el rincón, la persona o el espanto, quién sabe qué sea, estaba ahí de pie y el gato negro aparece de repente acompañándole, paseándose, ronroneando y zigzagueando entre sus pies.
La figura avanza lentamente hasta llegar donde está Marcos, que con los ojos apuñados reza para que no le haga daño, pero al abrirlos se da cuenta que aquella figura está justo de pie frente a él, lo toma por el brazo y lo levanta tan rápido, que su cuerpo no está preparado para una respuesta, solo se queda inmóvil.
– ¿Qué haces aquí? le pregunta.
¿Quién es usted? dice el chico, con palabras que apenas pueden oírse
– Cuido esta casa, o al menos lo que queda de ella, de intrusos como tú.
¡Que alivio! suspira Marcos ¡Pensé que era un espanto, casi me mata del susto!
– ¡Un espanto! Jaja, los chicos del pueblo ya no hayan qué inventar.
Es que veían luces de velas y la casa por fuera y por dentro luce tan tenebrosa
-Eso es porque sus dueños fallecieron y nadie ha venido a reclamarla, la verdad, de vez en cuando me doy una vuelta por acá, para evitar que terminen alojándose aquí personas indeseables y la historia de fantasmas se ha convertido para mí en una ventaja.
Siento haber entrado, solo estoy cumpliendo un reto…
Marcos contó al señor toda la historia, éste solo se reía de recordar lo que los jóvenes suelen hacer a esa edad, platicaron toda la noche y al amanecer, Marcos partío feliz, había vencido sus miedos, encontrado un amigo y ahora culminaría todo con una cita, al lado de la más hermosa chica en toda la escuela.
