Por: Licda. Elsy Ch.
Ilustración: Edgar Pacheco.
Es un grito sordo atorado en la garganta,
Es una herida profunda, que llega hasta donde penetra la punta de una daga,
Es frío como el del más cruel invierno,
Que parece que el alma yace ya en el infierno, sin haber muerto.
Se hace un Intento por desahogar las emociones en palabras,
Pero no se encuentra vocabulario que pueda expresarlas,
Es un veneno que va corriendo por las venas,
Y hace que se piense que nadie entiende nuestras penas.
Como ausencia de aire en la atmósfera caliente,
Como un abismo que en nuestras sombras solo crece y crece,
Se alimenta de pensamientos persistentes que nos ahogan,
De ideas tan crueles que te hieren si se tocan.
No hay descanso para quien lo padece,
Sea físico o en el alma siempre quema y duele,
Quiero creer que puede aliviarse con el amor,
Y muchas veces es soportado con la oración.
¿Cuánto de él con pequeñas atenciones pudiera evitarse?
¿Y con caridad se encontraría el consuelo para poder liberarse?
¿Cuán sanadora puede ser una palabra? ¿una canción?,
¿Cuánto arreglaríamos con solo decir: “perdón”?