
El arte, la fe y la tradición se vieron de nuevo cara a cara el Viernes Santo en Ahuachapán, donde las decenas de hombres y mujeres amanecieron con bolsas de aserrín, sal, tintes y todo cuanto pudiera servir para expresarle al Dios de los cristiano, que aún hay fervor y esperanza. Cuando al filo de las 7 de la noche los cargadores de las imágenes que recorren las calles adornadas con tanta creatividad, pisan esas obras que durante horas han sido construidas, solo queda la satisfacción de haber contribuido con la conmemoración y, a lo mejor, de tener la fe más fortalecida.









