Cuando valen más los cerdos que las personas

cerdos impurosQue deje Señor que se vayan los cerdos, los obstáculos para orar, que tenga tiempo para conocerte y vivir en espíritu y en verdad.

 

Por: Liliana Monroy.

Una mujer era encerrada por su cónyuge cada vez que este salía, pues le dominaban los celos al pensar que podía ponerse a hablar con los vecinos; o peor aún, que le fuera a ser infiel, la encerraba en su cuarto todo el día mientras él trabajaba y ella no podía hacer nada, ni ir al baño.

Esto sucedió hace apenas unos años en una zona rural de San Miguel y fue hasta que un sacerdote intervino diciéndole al hombre que él lo iba a denunciar por semejante abuso que éste dejó de encerrarla.

Mientras reflexionábamos un día sobre estas situaciones, una ministra de la comunión comentó que encontraron a otra mujer que el marido la obligaba a levantarse a las 12:00 de la noche, a la 1:00 de la madrugada o cuando se le antojara para que le hiciera las tortillas, porque él solo se las comía recién hechas y si no le hacía caso la maltrataba…ella, la ministra, le aconsejó no dejar masa para la noche para que se le quitara la manía de molestarla y no dejarla descansar y, aunque con miedo, logró que éste se acostumbrara.

Pueda que la comida no quede nunca al gusto de los esposos, porque las esposas jamás cocinaremos de rico como lo hacen sus madres; pueda que la ropa no esté lista cuando la quieran pues en casa siempre hay más que hacer; puede ser incluso que los hombres no logren satisfacer los gustos estrafalarios de sus esposas debido a sus bajos salarios, no les ajusta para los cosméticos y las cremas…y eso no debería generar rabietas y enojos.

Yo conocí una pareja que se peleaba por el control del televisor frente a su hija de cuatro años; acabo de conocer a otra, por cierto muy jóvenes que de día pasan chateando y muy acaramelados y los fines de semana se emborrachan y se insultan.

Jesús, cuando vio a aquel hombre inmundo que se arrastraba entre las sepulturas del cementerio, que pasaba gritando y se golpeaba con piedras, según lo relata San Marcos (5, 1-20) le mandó a los demonios que dejaran ese cuerpo y éste no quería abandonarlo, pero como la palabra de Jesús se obedece, este le pidió que lo dejase irse para una piara (unos dos mil, dice el evangelio) y Jesús se lo permitió… ¿qué pasó después? los cerdos se precipitaron a un barranco.

Imaginemos ese hombre liberado del diablo, de varios espíritus, seguramente andaba desnudo, sucio, golpeado y su familia probablemente había perdido la esperanza que se recuperara, pero bastó la presencia de Jesús para ponerlo nervioso, él se fue a postrar a sus pies.

Me imagino la alegría de su madre al ver que regresó a su juicio y también de quienes le amaban ¿entonces por qué la gente del lugar le pide que se vaya?… seguramente los cerdos valían mucho –dirán algunos- otros tenían miedo.

Eso es exactamente lo que nos pasa cuando reaccionamos con enojo, violencia e indiferencia en las relaciones con los demás; el ejemplo más grotesco y real es cuando un niño quiebra un vaso de vidrio, hay madres que les pegan por eso, que los insultan, que hacen un escándalo y se ponen a llorar haciendo sentir culpable al otro, pero cuando lo hace una amiga no es lo mismo ¿verdad?

Solemos tratar con desprecio a las personas más cercanas, a verlas de menos, a tratarlas de menos quizá porque uno de los cónyuges tiene mejor posición social, quizá porque la mujer depende, en todo, de él; quizá por diferencias de edades, sobre todo hoy que los señores buscan jóvenes para su vida marital y en fin, así se pasa la vida, dándole más importancia a los cerdos que a las personas, valorando más las cosas materiales, el tiempo en el celular que a los otros, el tener que ser, y somos nosotros, los que le decimos a Jesús: vete de aquí, nos da miedo que estés cerca porque haces cosas extrañas con la gente, las haces cantar, las haces felices, las conviertes en personas que sufren con amor, las sanas de sus defectos; vete porque queremos estar cómodos, preferimos los cerdos que estas personas que nos diste para amar, respetar, valorar y acompañar en todo momento.

Oración

Ven a nuestra vida Jesús y quédate, sana nuestro corazón egoísta que vive pendiente del que dirán, de cómo tendré que vestirme, de que celular es el mejor…

Ayúdame a amar más a las personas que están cerca de mí, a comprender sus virtudes y defectos, a tratarlas como a mí me gusta que me traten.

Que deje Señor que se vayan los cerdos, los obstáculos para orar, que tenga tiempo para conocerte y vivir en espíritu y en verdad.

Haz Jesús que amemos a nuestra familia, a nuestros cónyuges e hijos como lo harías tú.

Amén.

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