Me llena de esperanza el silencio citadino, me abraza la brisa que ahora anda libre y pienso en todos nuestros problemas y que, en unas horas, poco a poco el bullicio comenzará…
Por: Julio Rodríguez/Foto: Pixabay.
Desde hace varios años tengo una tradición bien personal, quiero compartirla. A las 06:00 horas de los últimos 1 de enero, y hoy no fue la excepción, trato de caminar o recorrer en vehículo algunas calles de la ciudad. Y este es el objetivo.
Las calles solitarias, todo cerrado, una sensación de descanso esperanzador, extrañamente una ciudad bulliciosa en un remanso de paz me permite reflexionar sobre cuantas cosas se vienen buenas, regulares y negativas, de cualquier manera estaremos aquí esperándoles para afrontarlas.
Me llena de esperanza el silencio citadino, me abraza la brisa que ahora anda libre y pienso en todos nuestros problemas y que, en unas horas, poco a poco el bullicio comenzará hasta llegar de nuevo a los niveles que casi nos ahoga, pero no lo logrará porque Dios ha sido bueno y nos plantea un recomenzar, un punto y aparte.
La mesa está limpia comencemos a jugar el juego de la vida, en el que perdemos y ganamos, cualquier cosa podrá pasar, hay estrategias, jugadas limpias y sucias del adversario, pero este juego no termina mientras haya oxigeno.
No abuso del optimismo, pero tampoco se debe morir de pesimista. Todo tiene un sentido en la plenitud del Espíritu que nos mantiene en movimiento. El de Dios, no hay otro entrenador mejor. ¡Adelante amigo!
