“Clasemedieros” olvidados

volcan de Izalco

A mi amigo que se va. Y a otros más… No encuentro palabras para expresarte querido amigo, el dolor que me produce el ver tu partida. Cómo recuerdo cuando allá por los años de 1991 a 1994, ambos trabajábamos en la recuperación judicial de moras de una institución crediticia, bajo la dirección de la “buitrona”, y cómo desde esos años en medio de la creatividad, sin clases previas de innovación, nos vimos obligados a ejercer.

Por: Alma Carolina Márquez/Foto: Periódico Equilibrium.

Íbamos aprovechando las nuevas oportunidades que se abrían, como resultado de la apertura económica generada por la firma de los Acuerdos de Paz.

Gozo el recordar la comunicación en clave que nos inventamos entre tú y yo, al momento de nuestras intervenciones “ejecutivas”, de tal forma que el “ejecutado” no percibiera cuál era nuestro plan de recuperación, una vez estábamos frente a él. No en balde nuestra jefa nos calificó con los apelativos de “batman y robin” o “sal y pimienta”.

Luego tomaríamos caminos diferentes, tu migrarías al gran País del Norte y yo a Alemania, pero ambos regresaríamos por este arraigo y querencia que solo entienden los que también han enterrado el ombligo en este suelo cuscatleco. Ese entierro baboso cual brujería o ritual vudú, que te hace pensar todos los días en volver, en sentir los olores del trópico y paladear los sabores del ancestral arte culinario del maíz. Ambos regresamos soñando en salir adelante y progresar en estas tierras.

Luego de algunas experiencias ganadas, ya como “gatos escaldados”, nos daríamos una segunda oportunidad para realizarnos en un área en donde la vida no nos había tratado tan bien a ninguno de los dos: el amor… Y no hay duda que uno procura equivocarse menos cuando sabe que es una segunda oportunidad. Tu lograste ser notario y yo me enamoré de la gestión ambiental. Así por caminos diferentes, siempre nos apoyábamos, nuestras nuevas familias se visitaban, mi esposo te apoyó en situaciones en las que él se sintió feliz de servirte; mientras que tu sello de notario siempre estuvo a nuestra disposición.

Recuerdo cuando entraste de gestor de proyectos de una comuna importante del país, cargo al que ingresaste en razón de tu gran capacidad de gestión, relaciones humanas y formación en administración, pero que lamentablemente dejaste 3 períodos después, cuando el nuevo partido te pidió el cargo, pese a tu gran capacidad y experiencia. Al nuevo color político le interesaba la plaza, no la continuidad de los procesos, ni el hecho de que contigo tenían 2 profesionales en uno.

La situación económica apremió, y tu esposa tuvo que asumir cargas económicas que tu llevabas, te “rebuscastes” por conseguir un nuevo empleo, ya que el ejercicio liberal de la profesión no era tan feliz, como cuando no teníamos título, pero sí abundaba el trabajo. La verdad es que, siempre comentamos que nuestras “vacas gordas”, fueron en la época de la “buitrona”.

A inicios de los 90 ganábamos, quizás, el equivalente a lo que en el 2014 hubiese sido el salario de un Secretario de Juzgado; pero 24 años después, los que anhelamos dejar de vivir en edificios de una populosa colonia, o poder dejar el “soyabronx”, nos damos cuenta que el tiempo ha germinado plata en nuestros cabellos, que la movilidad social como consecuencia de una profesión liberal no es tan fácil como creímos y que si no pintas de un color político tus ilusiones, la cuesta se hace más empinada, tanto que finalmente te paras y te quedas solo mirando el paisaje.

“Me voy”. Me comentaste, “lo hago por mis hijos… a diez lustros de mi vida, tengo que comenzar otra vez, pero es que no tengo opción, con este salario no puedo brindarles una educación, con la que puedan ser competitivos”… luego suspiraste y añadiste: “me sacó el país”. A lo que te repliqué “Tienes valor, amigo”. Pero tu contestaste: “valor es quedarme viendo cómo va el rumbo de todo. Pensé que con el cambio sería diferente… pero he empezado a dudar y no quiero quedarme a ver el resultado”.

Ayer partiste, vendiste todo y alquilaste tu casa de “bien de familia”, que tus hermanas y madre migrantes te dejaron a cargo. Cuanto me alegro que tu hermana haya visualizado que las situaciones podrían empeorar en El Salvador y te pidió hace 10 años, con toda y tu segunda familia.

Mientras recuerdo, casi 25 años de amistad, siento temor de quedarme; contigo son 7 de mi círculo cercano de amigos que han partido a otros países en los últimos 4 años. Todos ellos, incluida yo, “clasemedieros profesionales” olvidados de una gobernabilidad que siempre nos ha tenido como los que no somos ni de aquí, ni del otro lado… porque no pertenecemos a la clase que por más de 20 años bailó con el poder, pero tampoco somos de las clases más desposeídas, desprotegidas, los que no necesitamos de inversión ni dedicatorias de agendas políticas, porque ganamos entre ¡$10.00 y $50.00 USD diarios! (según el Economista, Agosto-Septiembre 2014/año6/No. 80, Pag. 28).

Quisiera saber dónde exactamente mi mamá enterró mi ombligo en la colonia La Rábida, dicen que fue en el patio de una casa que alquiló ella y mi papá, antes de que yo naciera, era una casa cercana a la Iglesia Don Rúa, que colindaba con una quebrada.

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