Un siglo de vida, de historia y de amor. El próximo 29 de agosto le celebrarán sus agostos, los 98 según ella, los 100 según el Documento Único de Identidad (DUI).
Por: Hilda Quijano.
Cuenta que nació en 1918, un año después que hiciera erupción el cerro “Las Granadillas”. Yo solía decirle que no había escuchado nada de eso, pero su insistencia me hizo investigar y corroborar el dato.
Recurrí, como suele suceder en esta época tecnológica, al internet, y justo en la popular Wikipedia encontré a las famosas Granadillas, clasificadas allí como parte de las estructuras volcánicas del Volcán de San Salvador. Le erupción fue en 1917.
Pero no me detendré en continuar hablando sobre ello porque la esencia de esta nota es la señora Elena Hernández y Hernández, la que según sus registros – ya frágiles en su memoria- cumplirá 98 años este 29 de agosto de 2016; pero que de acuerdo con su DUI arribará al siglo.
Elena es mi abuela, mi mami “Nena”, la “Malena” como le llama mi hermano y la abuelita como actualmente la nombramos mis hermanas, sus nueve bisnietos, sus yernos, sus nueras , todos los de la familia y quienes la conocen.
La abuelita es la mamá de mi amada madre. Ella la dejó dándonos su amor, ese que ya no pudo brindarnos en este mundo; porque tuvo que partir tempranamente a la casa del Creador.
La abuelita ha cumplido la tarea encomendada y sigue dando amor a quienes tenemos el privilegio de tenerla cerca y con nosotros, pero también a aquellos que por las circunstancias de la vida se tuvieron que ir buscando sueños que acá no pudieron cumplir.
A diario cumple y lo demuestra muy a su modo, pidiendo la protección divina para todos en una larga oración que a sus años se ve interrumpida varias veces porque el sueño le gana tiempo; procurando tener “centavos” para regalarle al cumpleañero o cumpleañera de la familia o guardando siempre algo de lo que le regalan para dárselos a sus bisnietos.
Roberto es un niño bendecido. Él no conoció a su abuela, pero es uno de los consentidos de su bisabuela. Ella lo quiere. Él la quiere muchiiiiisisimo y así de lo dice todos los días cuando le da las buenas noches.
El padre de la abue era mexicano y su madre, salvadoreña. Sus apellidos eran los mismos. Por eso ella es Hernández y Hernández. Su niñez fue dura por la estricta educación paternal, pero en medio de ello recibió clases de inglés y lecciones especiales de baile, de esos de verdad, que deleitan cuando se ven.
Varios años atrás la escuché cantar y recitar poesías, de las que declamaba cuando iba a la escuela. Últimamente ya no canta porque no le da la voz, dice ella. Y es que mi abuela ya está grande, la edad le pesa físicamente y algunas veces le traiciona los recuerdos. Pero ella es una guerrera de la vida
Mi mami Nena es una de mis dos abuelas queridas. La mami Paca es la madre de mi padre y le sigue de cerca con menos de una década. Ambas me han llenado y siguen llenándome de amor, de ese verdadero y puro, ese amor que es el amor de madre.
Por eso agradezco a Dios por dármelas y permitirme seguirlas disfrutando de ellas, de su corazón y sobre todo de ese inmenso amor.
El 29 de agosto le vamos a celebrar y a festejar sus agostos, los 98 según ella, los 100 según el DUI.
