Por: Edwin Linares.
Cursaba tercer grado en el Centro Escolar Católico Santa Teresita. Su muerte ha conmocionado a todo un municipio.

Lorena Michelle Romero Rodríguez, apenas tenía ocho años y, sin saber por qué, fue víctima de la irracionalidad.
Lorenita, como la conoció su pueblo, pereció el pasado viernes víctima de un disparo; luego que un hampón abriera fuego contra otro hombre, ambos presuntamente pertenecientes a pandillas que tienen rivalidad.
Eran aproximadamente las 6:30 de la tarde. Ella, al igual que otros niños, se encontraba jugando a la vuelta de su casa, en el barrio El Ángel de Atiquizaya, a unos cuantos metros de la delegación de la Policía Nacional Civil (PNC).
En el ataque, una de las balas disparadas impactó en un costado de su cuerpo, llegando hasta su corazón. Al darse cuenta de la situación, el padre de la niña albergó la esperanza de poder salvarle la vida, trasladándola de inmediato a la unidad de salud de la localidad. Pero ahí oficialmente fue dada por muerta.
Junto a la pequeña, otro menor de 11 años también resultó herido en la cabeza. Se sabe que la condición de este menor es delicada pero estable. El niño está ingresado en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Benjamín Bloom en San Salvador.

El cuerpo de Lorenita fue reconocido por Medicina Legal en el transcurso de la noche y les fue entregado a sus familiares al siguiente día. Era domingo, la sociedad civil atiquizayense se pronunció en contra de la violencia con una marcha pacífica que salió desde el parque San Juan.
La concentración de personas, todos vestidos de blanco, llegó hasta el lugar donde murió la niña. Ahí, elevaron una plegaria a Dios y pidieron por el cese de los hechos violentos en el municipio.
El féretro que contenía el cuerpo sin vida de Lorenita comenzó su recorrido a la 1:30 de la tarde. Desde el lugar de la velación se encaminó hasta la parroquia Inmaculada Concepción de María. Cientos de atiquizayenses se solidarizaron con la familia doliente, acompañando la carroza fúnebre.
La parroquia fue abarrotada por los presentes, llegando al extremo de colmar los alrededores del parque 5 de noviembre, contiguo a la iglesia. Luego, al finalizar la misa, su cuerpo inerte recorrió hasta el camposanto municipal. Una leve lluvia hizo su aparición durante todo el trayecto. Familiares, amigos y personas que decidieron estar con Lorenita en el viaje hacía su última morada, caminaron junto a ella sin inmutarse por lo que parecía el llanto del cielo.
El momento más difícil había llegado: Enterrarla. Palabras solidarias y de esperanza fueron las que se escucharon en esos últimos instantes. Los rostros llorosos de cientos de atiquizayenses, mojados por la lluvia, se dejaron ver. Sin embargo, dentro de tanta tristeza y dolor, el cielo grisáceo que apenas dejó pasar algunos rayos del sol mostró una luz de esperanza con el aparecimiento de un arcoíris, como si Dios estuviese mostrando el camino al cielo para la pequeña.
“Ese día que murió mi pequeña hijita había participado en un evento religioso en su escuela, mi niña en su oración pidió por todos nosotros, porque Dios nos protegiera. Ahora ella ya no está con nosotros, sino que nuestro Creador la llamó para que ore junto a él”, dijo entre sollozos Ana Yensi de Romero, la joven madre de Lorenita.

