Una pareja de esposos de San Lorenzo, en Ahuachapán, es artesana, pastores de una iglesia y previene la violencia, por voluntad propia. Ayudan a jóvenes a evadir ese a flagelo.
Foto: Periódico Equilibrium.
Merlin Ivania Rivera de Cáceres es parte de un grupo familiar que se dedica a la artesanía y que se ha involucrado con la juventud de su lugar de residencia en San Lorenzo, departamento de Ahuachapán.

“Se le ayuda a estar ocupada”, dice al referirse a la juventud atendida con la que trabaja para que aprenda a hacer artesanías en bambú, desde 2013, para alejarla de la violencia.
Se inició en el arte con bambú, aprendiendo de un sitio en internet, así se hizo experta en elaborar pulseras, a tejer y hacer llaveros, lapiceros, macetas y servilleteros que llevan componente de bambú.
Hay unos cuatro jóvenes que la apoyan eventualmente en su trabajo y algunos niños que hacen el trabajo de lijado, solo su esposo le ayuda constantemente mientras atienden a jóvenes de una iglesia local, en el cantón Las Pozas.
Los esposos pastorean la Iglesia Dios y trabaja con un ministerio de niñez y jóvenes para enseñarles el manejo de la flor de loroco, el jocote y el bambú a pesar de la falta de herramientas; “poco a poco iremos teniendo las herramientas para hacer cosas más grandes e innovadoras”, se consuela.

En San Lorenzo, la violencia es un fenómeno que afecta, pero que las apuestas de las autoridades se basan en la ocupación juvenil para reducirla y, si es posible, erradicarla.
De hecho, como dice el Alcalde Walter Ortiz, el pueblo que era fantasma hace unos años y que resonaba solo ante problemas de violencia, ahora es un nombre que trasciende las fronteras por ir encaminada en la ruta del desarrollo loca.
