Malabaristas, comida, artesanías, música, pólvora y veneración a la imagen del Patrono ahuachapa-neco, se funden en un lapso de unos 15 días, para celebrar las fiestas locales.
Fotos: Periódico Equilibrium.
Las fiestas son dedicadas al Patrono, el Dulce Nombre de Jesús, cuya imagen está vestida de gala en el altar mayor de la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción.
Este domingo es la fecha principal de los festejos y para celebrarlo se realizará la Eucaristía principal a las 9:00 a.m. en la referida parroquia, presidida por el Obispo de la Diócesis de Santa Ana.
La iglesia ha sido adornada como tradicionalmente se hace, pero con atuendos que muestran el lado artesanal de la religiosidad ahuachapaneca.
Desde la víspera, grupos juveniles y coros de la parroquia se mantuvieron activos cantando alabanzas dentro de la iglesia, para animar a los feligreses que llegaron principalmente por la tarde y noche a venerar a la imagen del Dulce Nombre de Jesús.
En tanto, el campo de la feria instalado en la zona norte en las afueras de la ciudad daba cabida al comercio y a visitantes propios y de otros municipios, incluso de Guatemala, para gozar de las ruedas mecánicas.
La fiesta le ha dado oportunidad a las personas que se dedican a elaborar artesanías de todo tipo y que son expuestas en kioskos ubicados en el interior del Parque Menéndez.
Mientras que el arte culinario se hace presente en el parque La Concordia, inmediato a la Alcaldía Municipal, presidida por Abilio Flores.
La noche del sábado, cuatro orquestas amenizaron la fiesta popular para festejar con diversos géneros de música.
«Fui A ciudad Antigua Guatemala y conocí a mi amigo Gustavo a quien le conté de las fiestas patronales y de las festividades de turismo», dice Bryan. Eso ocurrió hace dos años.
Desde entonces, Gustavo, originario de Tecún Umán, departamento fronterizo entre Guatemala y México, Bryan originario de Santa Ana, El Salvador, y otros tres miembros del grupo hacen malabares con antorchas y otro tipo de instrumentos, acompañados de un timbé, una especie de tambor de origen africano.
Así pasan su vida, viajando de pueblo en pueblo, tanto en Guatemala como en El Salvador y, si es posible, en Nicaragua.
“La gente siempre apoya”, dice Bryan, mientras depositan en un bolso de lana lo recolectado tras una presentación en el parque La Concordia.




