El candente sol no fue motivo para dejar de mostrar la inmensa fe cristiana del pueblo católico de Ahuachapán, donde cada Viernes Santo, el Vía Crucis de las 10:00 a.m. da la pauta del calvario de Jesús.
Fotos: Periódico Equilibrium.
El Viernes Santo es en Ahuachapán, como en el resto de departamentos de El Salvador, uno de los días más emblemáticos de la Semana Santa.
El Vía Crucis de las 10:00 a.m. marcó el inicio de la dolorosa crucifixión de Jesucristo, mientras cientos de personas devotas acompañaban la procesión que recordaba el camino del calvario.
Otras centenares acudieron desde las 6:00 a.m. (incluso desde la noche anterior) a decorar la alfombra en la calle donde, por la noche, pasará el Santo Entierro.
Desde niñez, personas adultas mayores, jóvenes estudiantes y asociaciones que permanecen activas durante el año, pusieron toda su energía para brindar la mejor obra de arte para el Jesús crucificado.
“El Club del Niño Jesús”
Unos 40 menores de edad estaban sobre una de las calles de la ciudad aportando con lo posible, de acuerdo con su condición, para elaborar una alfombra alusiva a la Virgen de Fátima, para conmemorar el aniversario de sus apariciones.
Carlos Arriola y su esposa Jackelyn coordinan ese movimiento que ya tiene unos 20 años de estar activo y mediante el cual se atiende a la niñez con catequesis en la iglesia San Antonio, en el barrio del mismo nombre.
Allí no solo participa la niñez, sino padres y madres de ésta, quienes se reúnen cada sábado cm movimiento; la participación en la elaboración de alfombras es una forma de evangelizar, dice Arriola.
Hay jóvenes activos que participan en el movimiento desde que se iniciaron, en su niñez, en el mismo.
Después de esta participación se acerca un retiro en junio; luego participan en la noche de los farolitos y una pastorela en diciembre.
Esto es un evento que no solo ayuda a mantener la fe de la niñez, sino una forma de alejarlos de la violencia y de la delincuencia y que puedan servir para “llevar más almas al reino de Dios», explica el coordinador.
No es una costumbre
Nely Velásquez de Zepeda y su esposo Alex Zepeda, tienen un hijo de 17 años y una hija de ocho. Como matrimonio han visto crecer su fe y ahora tienen una decisión de priorizar a Dios y luego dedicar tiempo a “otras cosas”.
Pese al cansancio que implica el trabajo diario y la labor religiosa, no se olvidan de ayudar a orientar a la niñez desde hace cuatro años.
Ahora, acuden más asiduamente a la iglesia y han visto una oportunidad de mantener ocupada positivamente a la niñez.
No lo hacemos como costumbre sino como una prioridad, de manera que ya se espera que llegue el sábado para atender a la niñez y recibir el amor de esta.
Una tradición de graduandos
El profesor Carlos García dirige al grupo de alumnos del Colegio Monte Carmelo que cada año hace participar a bachilleres que están por graduarse en la elaboración de alfombras del Viernes Santo.
Este año lo ha dedicado al tema de la Sagrada Familia, como lo muestran los cinco espacios donde se expresan diversos pasajes bíblicos y una alegoría a la naturaleza.
No se trata de un evento que tenga nota académica y es voluntariado netamente para expresar la fe. Se hace esto desde hace una década, explica el docente de Ciencias Sociales.
Luego de esta participación, el alumnado a graduarse, se preparan a fin de participar en el Día de los faroles y previamente ha celebrado la Pascua Juvenil.
Una expresión de ofrenda
Doña Anita Pinzón de Chigüila es una mujer que está pronta a cumplir 86 años, pese a su dolor de cuerpo y de huesos, Doña Anita asiste al Vía Crucis del Viernes Santo protegida por una sombrilla que la sostienen uno de sus hijos quien se turna con su hermana para librarla de los rayos del sol mientras celebran la Procesión de los Encuentros.
Por su condición de salud sus hijos le han dotado de una radio y una televisión para que escuche los mensajes de la iglesia, en vista que no puede asistir a cada evento que desea.
Nuestra tradición es traerla todos los años, dice su hijo mientras tratan de llegar hasta el frente de la iglesia El Calvario a donde la feligresía esperaba el momento de la crucifixión tras finalizar los encuentros, una procesión que revela el momento en que se juntan María, la madre de Jesús, la Magdalena y el apóstol Juan.





