¿Qué es el arte? ¿Cómo están las personas que hacen arte? ¿Hacia dónde van o quieren ir? Esas interrogantes siguen en el ambiente del arte y la cultura en el país, porque el gremio aparte de no ser crítico, en general, está desorganizado. Esta es la realidad que el artista plástico Héctor Hernández plantea en una amplia conversación con Periódico Equilibrium. En el momento de abordarlo, Hernández está pintando un fondo verde con figuras que a simple vista no se explica, sino hasta que interviene el artista: es la filosofía del ser humano, el hombre que vuela, que quiere trascender, explica. Justamente esta explicación del arte es la que le falta a las personas que se dedican a pintar, dibujar, diseñar, trabajar el barro, la madera, la cerámica o la arcilla, lo que sea que se considere una expresión de arte. Crear, proponer, criticar y decirle a la gente lo que significa “mi propio arte” es lo que, entre otras cosas, permite la comunión entre artista y público.
Fotos: Periódico Equilibrium.
Quizá el tema de arte en los medios de comunicación es algo que difícilmente se aborda desde un punto de vista crítico, analítico. Muy por encima de lo que ustedes pueden hacer como artistas, hay una serie de situaciones que hay que valorar como es el apoyo institucional, de parte del Estado, de empresas privadas, el mismo gremio; como en toda profesión hay mucha rivalidad, entonces hablemos un poco de eso ¿Cómo debemos entender claramente el arte en nuestro contexto nacional?
La introducción que tú haces me da pie a varias preguntas, creo que siempre estamos valorando las terminologías foráneas, recuerda que todo nuestro proceso filosófico viene del exterior, inclusive nosotros aun no abordamos una filosofía contemporánea, sino que nos quedamos inmersos en esos pensadores clásicos o de las postguerra; pues sí, no afianzamos un pensamiento nuestro porque se cree que por conocer de filosofía uno es filósofo y hemos olvidado que hacer filosofía es saber cómo veo del mundo, cómo lo abordo, cómo lo siento, cómo lo desarrollo.
De hecho hay artistas que mientras más mencionan a determinado referente foráneo más creen que puede tener reconocimiento.
Es que a eso nos ha acostumbrado el sistema; nos volvemos enciclopedistas, o sea yo conozco toda la vida de Van Gogh, pero no conozco ni si quiera donde nació Mejía Vides, o no sé cuáles son los momentos o tiempos de desarrollo estético que hizo (Camilo) Minero, por ejemplo. No conozco tampoco la producción contemporánea de mis colegas. Me puedo la historia del arte externo, pero no conozco mucho de la historia del arte salvadoreño. Entonces esa relación de teorizar acerca de cómo aprendemos a través del exterior es lo que nos ha hecho olvidarnos de lo que yo llamo la identidad estética que tiene que existir o debería de haber. No solo la identidad en términos generales de El Salvador, sino la propia; entonces, cómo para mí la identidad parte del pensamiento, del desarrollo de cómo tú debes o tienes que interpretar el mundo, cómo se te ha hecho ver que tienes que entender la realidad contextual. La definición de arte tiene un proceso, nosotros no podemos definir el arte en términos estrictos, así como no podemos definir la identidad, la cultura, el amor, en términos estrictos, sino que nosotros tenemos una experiencia dentro de esos fenómenos culturales, estéticos, emocionales. En ese sentido, me parece que el arte es un proceso en el que tengo que aprender a ver la realidad, estudiarla, determinarla y a partir de mi proceso de formación estructurado voy a producir un arte que tenga que ver la realidad. En ese momento he puesto, digamos, en el tapete de la expresividad varios componentes, mi contexto de hombre social, mi manera de cómo veo el mundo y cómo aplico mi pensamiento de este y todo ese bagaje de formación artística que tengo y luego, produzco una obra. Lógicamente, cuando produzco una obra le puedo yo aplicar otras valoraciones estéticas, formales, estructurales, de contenido, etc., que de alguna manera mi obra va a referir una realidad. Esa es una de las luchas que los artistas tenemos; cuando ya tenemos tiempo de andar trabajando en el arte, vemos el contenido, es decir que no me preocupo si dibujo bien o dibujo mal, no me preocupa el color en forma estricta sino que qué voy a decir con todo ese bagaje de información y de contenido que tengo
¿Y esto último lo tiene claro una persona que se considera artista?
Sí, lo que pasa que de eso solo se plantea una parte; recuerde que alguien que pinte ya es artista, alguien que escribe es escritor, alguien que baile ya es bailarín, alguien que toque un instrumento ya es músico pero falta el trasfondo. Para mí, el proceso de pensamiento que los artistas o quienes se dedican a hacer arte tienen, deben considerar un soporte de contenido, de pensamiento. Por ejemplo, cómo yo veo la libertad en estos momentos, como yo interpreto la paz en estos momentos y, de ahí lógicamente, habrá un lenguaje de desarrollo en el que voy a pintar o dibujar la paz o la libertad, como la veo o la siento
Entonces la definición de arte depende de un proceso ¿Desde qué momento podemos considerar o ver que alguien es un artista realmente? No es solo por el hecho que generó una obra y ya jamás se volvió a interesar, entonces ¿qué es lo que me hace a mí artista, realmente?
Su historia, su entrega, su responsabilidad como creador. Porque aquí tenemos que hablar de una cosa que no hemos hablado, uno piensa que el artista visual (voy a hablar desde mi perspectiva) puede ser de cualquier arte, uno piensa que al terminar y hacer una obra ya lo convierte en artista, el artista también es un ente social ¿por qué es un ente social? porque también está en la sociedad y también tiene que hablar teóricamente de esa sociedad. También tu oficio está inmerso en una serie de realidades y situaciones importantes que debemos abordarlas, una parte de la introducción que usted hacía, por ejemplo, de cómo nos llevamos los artistas en este país, cual es nuestra responsabilidad como seres humanos, cuál es nuestra responsabilidad con el medio ambiente y aunque no pinten paisajes, aunque no pinte destrucción del medio ambiente, pero yo tengo que hablar de esa destrucción.
Y hay consecuencias que trae esa forma de ver el arte, pienso.
Eso es lo que nos está haciendo falta , por eso abordo eso, porque nosotros todavía no tenemos conciencia sobre que solo somos artistas y porque pintamos, por eso somos gloriosos; también somos entes sociales , ciudadanos que piensa sobre dónde estamos, el contexto de la realidad, la discusión con el colega al respecto, no solo de cómo sacaste el color verde o cómo sacaste el color azul, sino que cómo estoy viendo mi realidad, cómo las galerías me están afectando o beneficiando, qué tengo que hacer yo para no esperar del gobierno nada, porque abordando una de las preguntas que usted hacía, yo no espero nada del gobierno ni de ninguna entidad, yo esperaría que como profesional tengo que armar un bagaje de formación fuerte y consistente y a partir de ahí unir otras ideas con los colegas y empezar a exigir, no pedirle al gobierno sino exigir desde plataformas estructuradas, que beneficien socialmente, que beneficie a la realidad cultural del país, que beneficien a la profesión de los artistas; no hacemos nada con que a todo mundo nos compre un cuadro el gobierno, eso no resuelve el problema estético del país.
Pero ¿cómo llegar a ese momento, en mi calidad de artista de exigir mientras estamos mal en todos los sentidos?
Nos falta agremiarnos, falta reunirnos a conversar sobre los temas más sensibles de ser un artista visual en este país; yo digo, a mí el gobierno no me hace nada con que me lleve a la asamblea y me decrete el hijo meritísimo de este país y cuando yo salgo de ahí yo debo la libra de frijoles en la tienda y la libra de queso o sea no se trata como de esos aparatajes del “lava conciencias” que el gobierno tiene, no se trata de un show mediático o un show político oficial sino que se trata de dignificar el artista.
Es que falta la premisa básica, que los artistas se unan, se debe conversar seriamente sobre su problema profesional que aquí existe en este país; porque, claro, el que vende dice que no tiene problemas y el que no vende tiene dos problemas ¿verdad?
Y se asocian los que venden y no venden…
Exacto
Y cada quien con su realidad no ve más allá.
Exactamente, porque acá se nos ha acostumbrado a que la obra es la que determina y no es cierto; yo tengo que ser crítico con la realidad estética de este país porque eso es lo que me va a hacer avanzar ¿en qué sentido? pues si cada quien va a pintar lo que quiera, está bien, pero tenemos que trabajar porque los artistas tengan un seguro de vida, por ejemplo, que tengan acceso a créditos, porque los artistas tengan créditos en las tiendas (de venta de instrumentos) porque los artistas no tienen crédito, porque también el concepto de artista debe tener un valor determinado en esta realidad, pero cuando alguien pregunta ¿eso debe tener un artista la respuesta e da en sentido peyorativo y no valoran lo que hace.
Los periódicos no hablan de las artes en general todos los días, pero hay suplementos especiales dedicados a Madona, a Enmanuel, a los artistas de moda y lo que le dan a un artistas en una exposición importante: una columnita a la mitad y uno dice “qué soy en este país, si estuviéramos unidos le exigiríamos a los medios un espacio digno para nuestro trabajo.
Hace un par de años una organización estuvo hablando de ver al artista no solo de una mención, sino una reglamentación mediante la cual se le exija al Estado como una obligación de conceder determinados privilegios.
Exacto y con peticiones y menciones coherentes. Por ejemplo un gremio puede responsabilizarse de un seguro de muerte o vejez y no esperar que el Estado me atienda y deposite en una cuenta de ahorro cuando ya esté viejo y no pueda más pintar. Lo que sí suena bien es que un grupo de artistas haga una propuesta de cómo desarrollar la expresión artística en la niñez rural, a través del Ministerio de Educación y no como se hace ahora de darle dos meses de formación sobre color, forma y estructura a un maestro y luego este da una clase de arte en el aula, eso es algo absurdo que tiene el sistema educativo nuestro, quiere salvar la mole que se está quemando con un guacalzo de agua.
¿Debe ser un artista que de pronto se vuelve docente en esa área?
Sí, debe tener una formación, pero obedecer a un proceso de desarrollo de los aspectos expresivos en la niñez de la ciudad y el campo, encontrar en esta la potencialidad creadora y de cambio, volverlo un adulto con pensamiento crítico porque el arte fundamenta y puede apoyar ese proceso estructurado en la niñez. Estos tienen la posibilidad de ver a un joven y a un niño; no se trata, sin embargo, de tener 60 o 70 mil niños artistas (sería fabuloso), sino de lograr que la niñez aprenda a sentir y pensar y valorar lo que tienen dentro como expresión.
Un artistas le ensañaría la herramienta para explicarle su mundo y cómo lo ven, allí ganaríamos un ciudadano pensante, capaz de expresarse a través de las líneas, el color, la danza, la poesía, la música, etc. Es lo mismo que se ponga a un niño a manchar una hoja de papel en blanco, en primer momento hay una resistencia del papel en blanco si vence esa resistencia ya ganó espacio; eso equivale a que se pare frente a sus compañeros y hable de él, de cómo vive, qué comió, cómo piensa del mañana, así se gana espacio. Tiene temor de manchar una página en blanco porque cree que lo que hará no va a gustar, no sirve o tendrá un resultado desagradable para los demás.
Yo lo veo a usted como individuo, no como colectivo, no sé si pertenece a alguno y que ese empuje hacia esos objetivos que usted expresa.
Yo pertenecí a la Asociación de Artistas Plásticos de El Salvador (Adapes) y hace años dejó de funcionar. El año pasado hicimos un conato de sindicato y poco a poco la gente se fue yendo; hemos hecho esfuerzos de pequeños grupos, como Monotipo, donde somos ocho, pero estamos trabajando.
¿Por qué se cayó Adapes?
Adapes se cayó por intereses gremiales. En este país no podemos obviar que hay una ruptura entre artistas de derecha y de izquierda. Los primeros siguen teniendo privilegios ante el momento histórico que se vive, tienen acceso a información, preventas, oportunidades, etc.
Pero la gran paradoja es que los artistas de avanzadas o progresistas, no ven la necesidad de unirse para hacer un trabajo colectivo. Seguimos siendo así, disgregados, separados y a medida el tiempo pasa, la ruptura es mayor.
¿Pesa tanto la ideología en el arte?
Ahora creo que no. Pesó quizás en los ochentas, porque teníamos un definición clara de dónde estábamos, pero ahora no. Quienes pertenecen a una élite se vuelven más unidos y arman sus estructuras y proyectos, mientras que los otros están más disgregados.
En mis elucubraciones yo pienso que esto es producto de la marca del sistema, que unirse es peligroso, es estar al margen de la ley, ese fantasma de no sindicalizarse sigue allí. En las redes sociales uno ve que algunos artistas de éxito que se lamentan del entorno, que son negados, que son ausentes y uno pregunta ¿qué está pasando?
En intentos de conversación se habla de materia prima de artistas, una cooperativa daría más baratos y no correríamos a las librerías para caer en precios extremos, pero bueno eso es una tienda, pero una cooperativa sería más cómoda y daría créditos para mejores instrumentos como pinceles y colores. Eso es producto de ausencia de organización y sentarnos a pensar sobre lo que somos; pero uno de los mayores problemas conceptuales es que las artes visuales en este país es que no tienen un derrotero, porque no estamos unidos teóricamente (no ideológicamente); como no abordamos el tema de sensibilidad, estética, ética y sociología en el arte, estamos perdidos. Todos pintamos y producimos arte, entonces creemos que es todo lo que podemos hacer o debemos hacer, pero descuidamos lo social, lo políticos y lo económico.
Tenemos un premio nacional de cultura, un ateneo, un reconocimiento en la Asamblea Legislativa, pero reconocer el arte es mucho más que eso. ¿Cómo debe empezar el artista ante la ausencia de organización para darse a respetar y exigir?
Llevar un récord, biografía, proceso. No hay. No lo lograremos si no estamos unidos. ¿Cuántos años de historia tiene la República de El Salvador? pero históricamente nunca contempló a los artistas.
Aunque siempre hizo uso de artistas…
Por supuesto, es que siempre han estado ahí, siempre subyacen en el desarrollo de los pueblos, eso es absurdo cuando no se reconocen. Entonces ha habido hace siete años un cambio de gobierno y uno pensó que también habría cambio de mentalidad sobre el arte, pero no. No hay escuelas de arte nuevas en los departamentos, no hay conservatorios de música, no hay centros de desarrollo de la danza. En América latina hay ejemplos importantes de cambios pero bueno…
¿El Cenar dónde cómo queda, Héctor?
Creo que es una institución que hace su labor, pero desde una perspectiva básica, no hay producción de teoría, no hay historia del arte, es una academia donde usted va a dibujar y pintar, a estudiar un instrumento, pero no hay filosofía del arte ahí, no hay producción de pensamiento artístico, no oye un coloquio de docentes de música sobre teoría, pedagogía, metodologías, no hay conversatorios de un artista nacional visto desde el punto de vista sociológico, desde su compartimiento de un momento histórico en El Salvador, es una gran academia en que una buena cantidad de gente aprende a pintar y a tocar. Entonces una institución con esas limitantes no hacen esperar nada para el futuro. Pintar y tocar se puede hacer fuera de allí, pero eso es otra cosa.
No basta con enseñar a tocar o pintar…
Claro, es que el pensamiento estético difiere del pensamiento sociológico, económico o político, que agarran elementos que estructuran y componen una realidad es cierto, no hay ciencia pura. Pero si yo agarro la estética griega que es el panorama que siempre nos han enseñado y cotejo con el arte salvadoreño, voy a perder un montón de valores, pero debo aprender o desarrollar un pensamiento estético salvadoreño, que es lo que no hemos hecho.
Esta es una plática interesante porque no abordamos el arte desde la perspectiva de la promoción de productos…
…exactamente, así deberían hacer muchas conversaciones…
Pero, para que no quede esta plática como una entrevista más ¿qué sigue ahora Héctor?
Bueno, para mí que siempre debe plantearse la responsabilidad de pensarse alrededor de las artes, porque es una deuda histórica…
…Que debe hacerse desde el gremio
Claro ¿y de quien más? Ejemplo, la Escuela de Artes de la Universidad de El Salvador, allí nunca nadie valoró que se debería desarrollar los teóricos del arte. Todo mundo quiere salir pintando o dibujando para ser artista, pero ¿tiene pensamiento la escuela de arte? ¿tiene teorización? ¿tiene postura económico-estética, político-estética, cultural-estética? No, hay postura ideológica que no trasciende al hecho estético.
¿Hay un pensamiento ideológico y no crítico?
Es como que me considere de izquierda pero para cenar siempre como caviar y tomo champagne. Me explicó, o sea yo teorizo que… pero mi práctica es diversa, simplemente porque estoy en un país en donde la realidad política ideológica no tiene un derrotero… pero bueno, volviendo a lo estético, la cuestión es, si una institución educativa no desarrolla pensamientos teóricos, no tiene futuro, ni visión de lo que va a pasar, porque no está leyendo el presente de la manera correcta, académica y científicamente.
En la escuela de arte, entonces, se tendría que producir críticos del arte, historiadores del arte, curadores y administradores de arte, que son cuatro profesiones que este país nadie putas sabe de qué son y qué función tienen.
Y en todo caso si se forman en eso, tener que emplearse en lo mismo y generar cambios sería una lucha tenaz, contra corriente.
Ese es el meollo del asunto. Independientemente de la cantidad de estos profesionales que surjan de la Escuela, son las puntas de lanza, juntamente con las personas que pintan, diseñan, dibujan, graban, hacen escultura o cerámica; serían una plataforma de pensamiento fuerte que empezarían a horadar el sistema y situar a cada uno en sus posiciones las cosas como deben ser desde la perspectiva académica. Pero qué pasa, el Museo del Arte, gradúa con toda pompa el año pasado a unos curadores del arte que pasaron cinco o seis meses estudiando curaduría del arte. Es como que graduaran a cirujanos plásticos que estudien cinco meses ¿qué tipo de profesionales puedo esperar que sean? cuando para ser curador se necesita todo un proceso de formación y realmente un curador no es alguien que escoge obras, sino que desarrollan proyectos dedicados a un artista, un movimiento y una tendencia que le da un seguimiento histórico, social, económico y político; lo sitúa: qué hizo, porqué, para dónde va, diferente al crítico que hace un juicio, un análisis sobre determinada obra.
¿Por eso se necesitan curadores internacionales en cada evento nacional?
Es que allí hay un error en el concepto, además en otras partes ya existen como profesión. Pero es que a mí, por ejemplo me mandan como curador en San Pedro Sula, en certamen de dibujo; pero claro, yo no usaba el cliché de curador, sino que iba como artista a elegir una serie de buenos dibujos con el juicio de dos más. Aquí se dicen curadores, cuando en realidad son teóricos o historiadores del arte, que vienen de fuera. Eso es como que yo vaya al dietista a que me vea el corazón o la piel. Así de sencillo. Esas paradojas y disfunciones teóricas académicas son las que están pasando las artes visuales, la música y la danza, en este país.
¿Y no se han planteado ni por asomo esas disfunciones?
Sí hay discusiones con colegas, pero las conclusiones son: “sí pero el sistema ya está así y entonces me acoplo al sistema”.
En lugar de cambiar la realidad…
Exactamente. Esa es su responsabilidad. Yo le planteaba a una colega que al final uno de los grandes retos del artistas es desestructurar la realidad, evidenciarla, determinar que ya existe un problema y evidenciarlo si no ¿cuál es la misión del artista?
Se ha creado una ley de protección de las personas artesanas ¿esto es un paso importante de avance?
Para mí que esas cosas tienen dolo porque los artesanos han sido manipulados históricamente por intereses económicos; no encontramos, por ejemplo, un artesano que sea su propio desarrollador de su trabajo artístico de obtención de materia prima, control de su diseño, control de calidad, control de desarrollo y control de distribución de su producto. Habrá alguno pero yo no lo conozco. Lo que pasa es que produce y desarrolla pero hay otro que le “tusquea” de la mano lo que hace y se va a venderlo a mayor precio, casi lo ahorca y eso pasa con los artesanos de este país y los promueve una instancia estatal. Por eso veo dolo porque no se logra reivindicar el proceso del artesano, siempre se queda en ese limbo de intereses. Eso se parece a que venga alguien y nos diga mire los vamos a organizar, aquí están ya los estatutos, léanlos y nos dicen que sí o no; un 60 por ciento dice que sí, pero en el documento dice: mire pero usted no tiene derecho a esto, que su obra está amarrada a tal cosa, atada a esto otro. Un artesano debe ser un hombre libre. Ni siquiera la Ley de Cultura actual dice que el artesano debe llegar a un estado de autonomía.
¿Por eso el dolo?
Yo digo que sí, porque al final es un control. Porque no puedo sacar mis semillas de copinol a Guatemala, porque la Asociación no me lo permite, que no puedo dar mi producto a $10 más aunque tenga un comprador porque el organismo dice que… y entonces siempre se maneja así para que no haya avance ni proceso. Por ejemplo todos los distribuidores le quitan y casi le arrebatan las cosas a los artesanos, la cosa es que esto tiene que ser equilibrado, así como le compro de bien aquí al artista, lo vendo muy bien allá afuera. O se le crea un mercado para adquirir materia prima al 50 % para beneficio.
Entonces ¿hay una confusa concepción del arte en El Salvador?
Quizás no, hay una disyuntiva de los artistas en este país, más bien hay una paradoja o una incomprensión de los artistas sobre el arte. Porque siempre me levanto y digo “soy artista” y muestro un pincel manchado de color, pero eso no es ser artista aunque muestre un cuadro hecho por mí, pero detrás de ese cuadro debe haber una vivencia de valores, de entrega, de compromiso.
Pero existen
Sí claro, pero es tan pírrica la participación de los artistas en la realidad, incluso desde la práctica. Aunque cada quien tiene derecho de vivir su mundo, pero estaríamos teniendo conciencia sobre que yo tengo que apoyar un proceso.
¿Esto implicaría explicar de forma pública su producto?
Sí. Es que aquí nos han enseñado a que yo artista soy un divo, porque estoy ahí, pero no pueden preguntar nada al artista sobre su obra porque se ve como ignorante al espectador. Eso no es cierto porque yo planteo un producto, lo desarrollo, pero debe tener referencia para el público, para acercarse a la gente, explicarle lo que yo como artista hago. Eso es lo importante. Entonces en ese ir y venir estamos alejando la verdadera función del arte que es comunicar y trasladar un pensamiento para que los demás entiendan lo que estoy pensando.
¿Qué propuestas hay para poder trascender a esa realidad del arte?
Estoy hablando de la violencia, la incomprensión y la negación social, pero solo los artistas no vamos resolver el problema nuestro. Se deben involucrar todos los elementos, pero los artistas tenemos que quitarnos las capas o antifaces, porque vamos a las reuniones sin dar la cara, sino posturas. Es lo que pasa con los escritores y la Cámara del Libro, que los editores quieren manejar a su antojo la Cámara. Entonces los artistas debemos hablar de nuestras cosas, pero con el apoyo de otras instancias como Educación, el cual debe hacer sus pocas aportaciones, Cultura debe darse cuenta que el proceso artístico es fundamental para su sostenibilidad y los artistas debemos dejar de ser divos, más sociales, más pensantes estéticamente hablando, pero entendido esto no como belleza sino como filosofía del quehacer de la sensibilidad. Es la estética de la sensibilidad. Demos dejar de hablar del compañero y no atacar por la obra o por sus debilidades como ser humano. Ese es un principio de desvalor y deshumanización que estamos sufriendo.

