Compartir el amor por la lectura

Todos necesitamos historias para explicarnos nuestro mundo y nuestra propia existencia. Buscamos esas historias en cualquier parte, muchas veces en los medios audiovisuales.

Por: Juan Carlos Oyuela.

Cuenta Gregorio Luri en su pequeño ensayo Sobre el arte de leer: 10 tesis sobre la educación y la lectura la siguiente noticia:

“Es muy instructivo lo ocurrido en uno de los puntos de máxima tensión en los disturbios que conmocionaron al Reino Unido entre el 6 y el 10 de agosto de 2012, la calle Clapham Junction, al sur de Londres.

Un grupo numeroso de jóvenes dispuso de dos horas de completa impunidad para romper los cristales de los escaparates de las tiendas y hacerse con todo lo que había en su interior.

Lo que más les interesaba eran los productos electrónicos, la ropa de marca y el material deportivo. Muchos de ellos se hacían fotografías en las que mostraban, orgullosos, los trofeos de la rapiña.

Solo hicieron una excepción: la librería. A pesar de sus grandes escaparates y de estar muy bien iluminada, no llamó la atención de nadie. No había nada allí que les interesara”.

No es extraño que en el mundo actual la lectura no atraiga a la gran mayoría de las personas. Nuestro tiempo nos presenta tantas distracciones, aparentemente más atractivas, que muchos hemos perdido la capacidad de concentrarnos delante de un libro.

Los entretenimientos visuales son más fáciles de consumir, las dispersiones de atención constantes nos impiden tener el autodominio de dejarnos abstraer por una buena lectura.

A veces nos dejamos llevar por lecturas “fast” que no nos alimentan sino más bien nos engordan, haciendo que los contenidos consumidos resulten vacíos e insuficientes para llenar de sentido nuestra existencia.

Leer es aprender a escuchar a los grandes autores de todos los tiempos. Aquellos que han sabido explicar los anhelos y deseos contenidos en el corazón del hombre. Leer es conversar con diversos autores y dejarnos fascinar por mensajes e imágenes que llenan nuestro mundo interior. Cuando recorremos las páginas de un libro asentimos, o no, con las ideas del autor, pero sobre todo vamos desarrollando nuestra propia capacidad crítica para tener una idea personal del mundo.

En el referido ensayo el autor nos dice que es necesario hablar bien para leer bien. Para hablar bien hace falta un vocabulario y una estructura clara para expresar los propios pensamientos. Esta es una de las razones por las cuales muchos estudiantes, incluso universitarios, tienen dificultades con la lectura. Cuando toman un libro la cantidad de palabras desconocidas es tan grande que se hace muy difícil seguir el hilo de lo expresado por el autor.

Se cuenta que a una conferencia de Einstein asistió con gran entusiasmo un señor que, sin embargo, al finalizar, acabó perplejo porque, a presar de que conocía una a una todas las palabras que había pronunciado el gran físico, la manera como habían sido combinadas le había confundido y no había entendido nada del conjunto.

No era capaz de situar lo oído en el contexto adecuado. Leer es ubicar un texto en un contexto y para esto, el que lee debe tener unos conocimientos previos que le faciliten comprender lo escrito.

Continúa mencionando Luri en su precioso ensayo sobre la lectura:

“A andar en bici se aprende de una vez y para siempre. Es un “saber-como”, pero aprender a leer es más semejante a aprender a pintar. Para ambas cosas se necesitan conocimientos crecientes. Son un “saber-qué”.

Si queremos facilitarle a un niño la comprensión de textos complejos, debemos preocuparnos por evitarle el mayor número posible de vacíos fácticos y aligerar así la carga cognitiva de la comprensión. Ahora bien, si eliminamos completamente esos vacíos, le impedimos progresar en su comprensión lectora.

Esta es la paradoja de la lectura que, si les parece bien, podemos bautizar como “paradoja de Hemingway” ya que, según Faulkner, Hemingway nunca escribió una palabra que obligara a un lector a usar un diccionario”.

Todos necesitamos historias para explicarnos nuestro mundo y nuestra propia existencia. Buscamos esas historias en cualquier parte, muchas veces en los medios audiovisuales.

En el caso de los jóvenes, tanto Luri como Daniel Pennac en su libro Como una novela, sugieren la necesidad de leerles en voz alta buenos libros para introducirlos en el amor a la lectura.

No tener miedo de leer junto con ellos historias complejas que les ayuden a adquirir los conocimientos y el vocabulario que les darán las herramientas para abrir la lectura a nuevos autores más profundos.

Para mí es tan importante la lectura que junto con un par de amigos comenzamos hace algunos días un club de Coaching de lectura, escritura y productividad. El objetivo es sencillo: compartir con muchas personas nuestra pasión por explorar nuevos libros y autores.

Junto con esto, desarrollar algunos hábitos que nos hagan mejores, empezando por la labilidad de expresar con orden y claridad nuestras ideas. De momento, la idea está teniendo buena acogida; no es extraño, pues leer es dejarse llevar por los libros, artefactos idóneos para encender la imaginación.

Grupo de coaching de hábitos, lectura, escritura y productividad en el siguiente grupo de Whatsapp https://chat.whatsapp.com/L47ITpgRauwEN1kfvzndg5

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