Reconocer un genocidio ¿Reparación monetaria para sobrevivientes?

Nuestra América conoce de esos genocidios que sirven para eliminar oposiciones y razas que nos parecen que simplemente deben desaparecer. Y se nos dan razones: es que no son del mismo color, que perjudican nuestra cultura, que no se pueden asimilar.

Por: Guillermo Serrano/Periodista y Teólogo/Foto: Pixabay.

guillermo.serrano@ideasyvoces.com

Santiago, Chile. Fue Joel Biden en su discurso a la nación norteamericana quien se refirió a la difícil situación que enfrenta a los Estados Unidos con China. Pero, y, quizá lo más importante para un segmento importante de la población, fue el reconocer el genocidio armenio.

Podrían ser millones los que murieron y los que tuvieron que escapar de la matanza por parte del imperio otomano (hoy Turquía).

¿Qué lleva a gobernantes -sean personajes elegidos por votación, tiranos adueñados del poder o monarquía con sabor a rancio- a pensar que tienen el poder de terminar con la vida de sus semejantes?

Y es que los genocidios no ocurren solo en un lugar y en una fecha determinada. Está en el subconsciente colectivo de muchos que se consideran los pequeños dioses dueños del destino de millones de personas.

Nuestra América conoce de esos genocidios que sirven para eliminar oposiciones y razas que nos parecen que simplemente deben desaparecer. Y se nos dan razones: es que no son del mismo color, que perjudican nuestra cultura, que no se pueden asimilar.

Los nativos americanos del continente supieron y sufrieron de esclavitud, de opresión, de desplazamientos y de lo que se conoce como “reservaciones” (esas regiones o provincias donde ellos podrían vivir) …

Los genocidios casi siempre tienen intereses geopolíticos o económicos. Porque “poderoso caballero es don dinero”, las tierras ocupadas que antes pertenecían los desplazados, sirven ahora para explotar campos agrarios, construir apartamentos, carreteras y hasta campos de golf y casinos. 

¿Reparación monetaria para los sobrevivientes? No existe tal idea en la mente de gobiernos o nuevos dueños de la tierra. Porque la mezquindad y la avaricia son adjetivos que caracterizan al hombre moderno. No se piensa en el bienestar del otro, sino en el propio y cuanto más beneficio le traiga a la persona en el poder, mejor para él.

Los valores y principios de cualquier persona son puestos a prueba -quizá todos los días- cuando se enfrenta al prójimo con quien comparte vecindario, puesto de trabajo o de estudio y hasta el aire que ambos respiran. Los valores de los que hablamos aquí deben sustentarse en algún código moral que se debe admitir y respetar, Por ejemplo, en aquello que se expresa muy brevemente en el respeto que se debe a la vida y que dice: “No matarás”.

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