Los amigos, los historiadores… los jubilados

En esa tertulia interrumpida momentánea-mente por la plática sobre la ceiba fenecida, se habla de todo, hasta se baila cuando se puede, se come, se degusta el café y respira mucha tranquilidad.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Las cinco campanadas del reloj de la Iglesia de los Santos Niños Inocentes, delataba la decadencia del día y anunciaba que ya era hora de comprar el café y el pan dulce a un grupo de personas, la mayoría ya pasada de las seis décadas, que observaban muy de cerca la ceiba que era sacrificada a pausas.

Están en los alrededores del parque de Antiguo Cuscatlán, al amparo de la sombra de los árboles, entre estos uno exótico que, según la historia que dejó escuchar Ivo Motta, es una especie que trajo en su época don Walter Thilo Deinninger.

La centenaria ceiba que fue declarada enferma y, por tanto, peligrosa para la gente yacía impotente solo a la espera del golpe final que la haría desaparecer para siempre.

– ¿Qué tal, usted conoce a alguien del pueblo que nos pueda contar parte de la historia de la ceiba?

– Tal vez esos señores, respondió el agente del CAM, señalando a los amigos que dejaban ver, de vez en cuando, sus dentaduras, mientras se encorvan hacia atrás en plena carcajada.

Con un poco de cautela nos acercamos al grupo de amigos para no interrumpir su acostumbrada tertulia de la tarde que realizan cada día, mientras la lluvia se los permita.

El Sr. Motta fue designado por sus amigos para que hable y entonces, empieza a hacer gala de su memoria e ilustra cómo se remodeló el parque de Antiguo Cuscatlán, hace no muchos años.

Conoce detalles y sabe que en su momento, a la ceiba el concejo municipal le hizo daño cuando remodelaron el parque en 2001, pues para hacerle el muro alrededor de su grueso tallo debieron cortarle parte de sus raíces. “Prácticamente se ahogó”, dice, porque aunque se le dejaron respiraderos no era lo mismo como cuando naturalmente la ceiba se abastecía de agua.

La Alcaldesa Milagro Navas cree que la ceiba tiene 200 años, pero el Sr. Motta se atreve a afirmar que en realidad esta tendría 400 años, si no más.

Mientras el viento sopla con más fuerza y los pájaros empiezan a llegar con su forma peculiar de comunicarse (cantando como dice la gente) el exconcejal cuenta que la ceiba es parte de una formación planetaria natural, al grado que están ubicadas tres ceibas de la misma especie de forma estratégica en el parque de Huizucar, otra en el de San José Villanueva y la de Antiguo Cuscatlán.

Aunque en realidad eran al menos seis ceibas de la misma especie. A las tres ya mencionadas se suman otras que están en el bosque El Espino (la más sana), la desaparecida Ceiba de Guadalupe y una más que se supone existe en la colonia San Francisco.

Antes que la modernización llegara a Antiguo Cuscatlán, el que ahora es su parque era, en la época del Alcalde Don Toño Martínez, allá por 1970, una especie de potrero donde las vacas del funcionario iban a pastar.

La historia del parque, su ceiba y de la ciudad misma de Antiguo Cuscatlán es muy reciente. La Ruta 7 llegaba hasta este lugar y las primeras casas hechas fueron obra de Don Walter Deininger para favorecer a sus colonos.

De Antiguo Cuscatlán se conoce poco; según el Sr. Motta, no hay historia escrita que refiera muchas cosas sobre esta ciudad o al menos no se ha dado a conocer.

En el parque de Antiguo Cuscatlán, por ejemplo, había cuatro araucarias que por su antigüedad han ido desapareciendo, solo queda una original.

En el mismo parque existe un árbol exótico llamado Árbol de Cañón, aparentemente solo existen tres de estos en el país: en la Casa Pino (antiguo hogar de Doña Frida Clode Veiga, esposa  de Deinninger), en el Jardín Botánico y el del parque de Antiguo Cuscatlán.

Este árbol tiene sus flores y su fruto en el tronco, contrario al resto de especies que los tienen en su follaje.

La flor es muy peculiar y su fruto parece mamey, pero nadie sabe si es comestible o si es venenoso.

También se cuenta que en algún lugar del casco de Antiguo Cuscatlán, hace tiempos se tenía un cepo donde se amarraba a los “bolitos del pueblo”, no se sabe si eso es cierto, no hay registro de tal trato inhumano, pero eso se cuenta como leyenda urbana.

Mientras Don Ivo Motta cuenta parte de esa historia inédita, desliza en sus manos el libro de investigaciones filosóficas que se llama “Dios y La Biblia, la luz de la razón” donde se hace un a reflexión sobre que “el misterio comienza donde la inteligencia deja de penetrar”.

Dice que lee de todo, excepto poesía y cuentos, porque cree que no le dejan una enseñanza como el libro que lee que tiene un enfoque filosófico esotérico.

En esa tertulia interrumpida momentáneamente por la plática sobre la ceiba fenecida, se habla de todo, hasta se baila cuando se puede, se come, se degusta el café y respira mucha tranquilidad en una de las ciudades más seguras y limpias de El Salvador: Antiguo Cuscatlán.

Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *