La razón de las inundaciones no son las fuertes lluvias

Entonces ¿qué hacemos? ¿Seguirnos quejando y lamentando muertes y desgracias y asumiendo demencia o sumarnos a iniciativas concretas que ayuden a salvar nuestra casa?

Foto: Cortesía

San Salvador. Al amanecer del jueves 23 de junio decenas de trabajadores municipales capitalinos agrupados en cuadrillas, pudieron constatar, una vez más, que la razón más evidente de las inundaciones es el cúmulo de basura plástica en desagües, ríos y quebradas.

A ello se suma la deforestación que se convierte en millones de dólares para las empresas constructoras y, a lo mejor, el beneficio alcanzó a personas que veían en los permisos una oportunidad para hacer negocios.

Esa es la realidad de este país sitiado durante siglos por falsas ideas de progreso, de democracia y libertad que nunca favorecieron efectivamente a quienes somos gobernados.

Las torrenciales lluvias del miércoles 22 de junio, acompañadas de ráfagas potentes de vientos, me hicieron recordar aquellos tiempos de huracanes como el Fifí, que en mi niñez me tocó vivir. Aunque ese fenómeno afectó indirectamente a El Salvador, causó daños, pero no llegó, hasta donde sé, a provocar las magnificadas y mortales inundaciones que sí se dieron en Honduras, principalmente.

Allí, el agua era en tal cantidad que no podía esperarse más que su acumulación en las áreas urbanas o rurales de los pueblos hondureños. Pero se trataba de un fenómeno que se formó en el Atlántico y que tenía un potente origen en una tormenta tropical que luego se convirtió en un huracán categoría 2.

Nada que ver con la torrencial lluvia de anoche y que, aun así, anegó con creces las calles capitalinas y tecleñas, poniendo en riesgo la vida de miles de trabajadores.

Pero en esta realidad innegable de inundaciones, debemos asumir nuestra total irresponsabilidad al hacer de El Salvador un basurero gigante, todo por falta de educación y cultura, que se refleja en cada papel, cada bolsa y cada botella que la lluvia nos ha restregado en nuestro rostro en las primeras horas de este jueves.

Sí, ese cúmulo de basura que podría estar en los lugares asignados, está, en cambio en nuestras alcantarillas, quebradas y ríos, porque usted o yo y muchos, lanzamos sin escrúpulos nuestros desechos a donde sea, sin la mínima conciencia del daño que les causamos a terceros y a nuestra casa que este este hermoso país.

Entonces ¿qué hacemos? ¿Seguirnos quejando y lamentando muertes y desgracias y asumiendo demencia o sumarnos a iniciativas concretas que ayuden a salvar nuestra casa? En nuestras manos está.

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