Katya Castellanos, reflejo del voluntariado que trasciende hasta la caridad

Esta es una “familia Comandos”; madre hija y padre pertenecen a los Comandos de Salvamento. Juntos han salvado vidas y van más allá de atender emergencias. En el día del voluntariado, merecen un saludo especial y, a través de ellos se extiende a todo el equipo de este cuerpo de socorro.

Fotos: Cortesía.

En las calles de cualquier lugar del país suelen verse hombres y mujeres de todas las edades vistiendo un uniforme amarillo con una cruz verde como emblema.

Ya sea en acción o atentos a cualquier llamado, estas personas permanecen muchas veces a la intemperie. Viendo esa dedicación por amor al prójimo, Katya Castellanos, una joven voluntaria que a sus 17 años empezó a vestir el uniforme de Comandos de Salvamento pensó, junto a su madre Sonia Burgos (también voluntaria como su esposo), que algo había que hacer para paliar en alguna medida alguna necesidad como la de comer, aunque fuera un bocadillo.

En 2015, ambas mujeres se aventuraron a preparar inicialmente 35 torrejas para llevarla a sus compañeros de la filial Popotlán, en Apopa, al norte de San Salvador.

Era la Semana Santa de aquel año cuando por primera vez, por iniciativa de Katya y Sonia, el voluntariado de Popotlán degustaba un platillo tradicional propio de la época.

Entre turnos como voluntaria y salidas de emergencia para atender casos diversos, su rol de madre soltera, quehaceres hogareños y sus estudios universitarios, Katya se hace el tiempo para que el personal de su seccional le celebre el día de la madre y el día del padre a agentes de la PNC y soldados que por estar en su misión ese día, no pueden recibir el saludo personal de sus hijos, por ejemplo.

Feliz día papás, lejos del hogar.

Al menos un refrigerio puede compartir con esos hombres y mujeres para esos días nostálgicos en que se celebra a papá y mamá, lejos del hogar.

Pero hay una razón para sentir ese deseo de ayudar: desde niña y con la enseñanza de sus padres ha aprendido que, si se tiene, se debe compartir; además, proviene de una familia que siempre le ha agradado ayudar al prójimo.

“Estar en Comandos de Salvamento me impulsó a escoger mi carrera de Trabajo Social”, dice, Licenciatura de la cual ha egresado de la Universidad de El Salvador y espera graduarse como tal, próximamente.

Su experiencia

La emergencia que ha marcado su vida, es un accidente que ocurrió en el kilómetro 9 de la carretera troncal del norte, hace 11 años, cuando una ambulancia llevaba a una persona con dolores por apéndice posiblemente. Ahí iba Katya.

En el camino, encontraron un accidente grave. Un furgón había impactado a un sedán lesionando a toda la familia que iba en este último; Katya tenía 17 años, cuando empezaba su misión y ese día, ver lo aparatoso del siniestro y atender a un niño muy pequeño con una lesión profunda en su cráneo, significó una prueba de fuego.

“Lo animaba para decirle que pronto lo atenderían y él solo me sonreía”, recuerda.

La hora, el día, el momento, no importan, solo importa la humanidad.

Así empezó Katya, quien ahora coordina a 25 socorristas en Popotlán. Ese grupo es comandado por otra mujer, Sandra Martínez; la mayoría del voluntariado son mujeres “y eso quiere decir que podemos hacer cualquier trabajo como el que hacen los hombres”, se congratula.

Y reitera: “toda vez que andamos con un emblema de comandos es porque todos trabajamos igual, no por ser mujer significa que no puedo hacer determinadas cosas”.

Hombres y mujeres se esfuerzas en la atención y sí también preparan alimentos y limpian. Al menos, así ocurre en Comandos de Salvamento.

El pasado 17 de junio, Katya quiso volver a socorrer con alimentos a los policías y soldados que trabajan en primera línea en el combate de la Covid-19, pero como la cuarentena había sido levantada, no quedó más remedio que ir a la delegación policial y celebrarles allí con un almuerzo y un pequeño presente, el Día del Padre.

De Apopa a la Base Central

Hace cinco años nació la idea de entregar comida a compañeros de la filial en cualquier lugar donde estuvieran en servicio.

Pero este año en vista de la emergencia por la pandemia y la celebración inusual de la Semana Santa, Katya decidió hacer más torrejas y compartir no solo con sus compañeros en Popotlán, sino con los de la Base Central y allí surgió la idea de regalar el refrigerio de la temporada a los policías y soldados que andaban en la calle, por primera vez.

El sábado antes de la semana Santa de 2020 tocaron a donadores y don José Melara y su madre Marta Flores, con su Panadería Guadalupe donó el pan, se buscó lo demás con otras personas que dieron huevos, aceite, azúcar y café instantáneo y se pudo compartir alrededor de 175 torrejas hechas por la familia de Katia.

Para la tercera edad

Antes de empezar con el reparto anual de torrejas durante la Semana Santa, la delegada de Comandos de Salvamento en Popotlán, Sandra Martínez, propuso un plan que apostaba por la adultez mayor.

Ahora, ya son siete años de compartir con 25 personas adultas mayores en un club en el que tienen acceso a aprender, cada miércoles, manualidades, recibir un refrigerio y un almuerzo.

Katya y sus demás compañeros de socorrismo están muy activos en este club, ahora con una pausa obligada por la pandemia; inicialmente, el club tuvo el apoyo de alcaldía y de una fundación estadounidense, pero algunos problemas en el municipio minaron ese apoyo y se perdió.

Dándoles el cariño que, a veces, no encuentran en su propio hogar.

Sin embargo, Comandos de Salvamento sigue en su esfuerzo con el club y hasta ahora se mantiene.

“Nosotros vamos un poco más allá (del voluntariado) porque tenemos personas adultas que viven solas o aun trabajando sienten las necesidades de reunirse y sentir el cariño que muchas veces no tiene, es una forma de honrar la forma en que ellos han enseñado a las nuevas generaciones”, concluye esta joven multifacética que como socorrista y como ser humano lo ha dado y seguirá dando todo de sí, por amor a su prójimo.

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