El periodista que bien pudo haber sido cura

Felicidades don Gabriel ya ve que hasta en sueños le bendice el Papa. ¿Por qué no va a lograrlo en la vida real? Venga entre a tomarse una taza de café con unas pupusas de pavo y gallo en chicha así me cuenta el sueño con detalle.

Por Dr Ranulfo Oswaldo Araya Rodas.

Ilustración: Ulises Palacios.

UN DÍA, a finales de julio de 2016, en algún lugar de ciudad Metropolitana.

– “Toma el café Gabriel”, dijo su esposa.

Era una mañana como otra. El licenciado Gabriel Mirón había ubicado un periódico virtual con tecnología de punta en su habitación privada en altillo, con telefonía satelital. Y le avisaron que un avión Airbus con personajes importantes iba con rumbo a El Salvador, por problemas mecánicos muy serios.

Su esposa que aún no sabía lo que pasaba, estaba preparando el desayuno.

– “Saca la bolsas de la basura, dale de comer al perico y le pones fuego a los frijoles. Ahhhh, y pasas por un litro de leche descremada al regreso. Oíste mi amor… Y no vayas a traer el perro que te regala don Frederik, no quiero pulgas en la casa.

¡Poom!, (Portazo…)

Salió Don Gabriel corriendo terciándose el cincho de la cámara, puso el maletín con su comida entre las rodillas y se anudó la corbata gris. Llevaba aún la afeitadora descartable en la mano. Dobló la libreta para notas y la camándula, guardo el teléfono móvil ultimo modelo hasta con mira láser, en la bolsa del pantalón.

Revisó la computadora laptop Apple MacBook Pro de tres Terabyte de disco duro, que Diego Rauda un gran experto en computadoras le había modificado para imprimir desde el lugar de los hechos vía streaming y enlazar hasta con los satélites para enviar casi palpando las noticias de último segundo, a cualquier lugar del espacio sideral.

– “Adiós don Gabriel”, dijo, cuando lo vio pasar corriendo y espantando los chupamiel, el Genio, Don Frederick Rauda y del Castillo, quien se dedica al diseño gráfico por el aburrimiento cotidiano, diseño que cada día lo diferencia en la posición del sol en las plantas, ninguno se parece al anterior.

Se la pasa diseñando marcas o haciendo ilustraciones por encargo, mezcla los proyectos personales con el de los clientes y otros en experimentos con el equipo multimedia que él ha creado, llamándole KUZUCOCREATIVE STUDIO. Con la otra mano termina los retoques de los cuadros promocionales en impresiones digitale.

Viviendo a dos casas, casi no se veían, solo se comunicaban en horas estratégicas por el chat del teléfono o conversaciones virtuales en hologramas jugando ajedrez y tomando chocolate, a veces intercambiando taza a las dos de la madrugada y todo en posición virtual.

– “Adiós don Frederik… voy corriendo, esta es mi mayor noticia”, alcanzó a decir desde la puerta…

El carro tenía llanta pacha, “me lleva la gran…”

Se safó un poco la corbata y se enmugreció de la ropa y las manos, lo habían llamado a una exclusiva para tomar reportaje con fotos para documentar el acontecimiento más grande en El Salvador, cuando buscó el repuesto tenía un hoyo del tamaño de una semilla de zapote.

– “Maldicion… Por la gran PUTA!…”

Intentó llamar por teléfono, pero se le había descargado en la chateada que hizo con otros periodistas de Crimea la noche anterior. Y la computadora tenía batería baja y sin WiFi.

– “Esta tecnología de la puta mierda…! Y no puedo cambiarme, ya voy tarde.”

Corrió a buscar a Diego y este sacó un Smartphone androide de siete pulgadas

– “Ahora lo enlazamos con Uber don Gabriel.”

Llamó a un vehículo de transporte colectivo para ejecutivos de alto nivel. Llegó en cinco minutos. Se subió y agarrando el maletín y el nuevo teléfono, revisó la cámara con las memorias, le dijo al motorista que sonreía:

– “Arranque esta babosada, vamos para el aeropuerto”, revisando el maletín con el sandwich de jamón, un termo para el café, las memorias para la cámara, el flash, fue cuando vio que se había metido un gato dentro del carro por buscar un colibrí.

Pasando por el Hospital Zacamil, dieron una vuelta en U, entre los correteos del gato amarillo siguiendo al pájaro ,se dirigieron por vericuetos hacia el monumento del “Hermano Cercano”, no recordó por donde pasó, pero llevaba justo lo de la leche y necesitaba diez dólares para el paso del aeropuerto. Fue cuando recordó el ahorrito escondido entre el forro del maletín.

Sacó un billete arrugado y se lo metió en un calcetín. Mientras se rasuraba viéndose en el espejo retrovisor.

Tomo un sorbo de café. Iba rezando: “Dios mío perdóname por las malas palabras”.

– “¿Disculpe?”, dijo el motorista.

– “Usted zampe la pata mano, que quiero llegar ayer. Póngase buzo hermano”. Iba agarrando la camándula.

Se metieron entre caminos de tierra y pasaron en zona de sembradíos de elotes, haciendo una polvareda y apartando las gallinas pardas y varios perros de nadie los siguieron casi mordiendo las llantas, iban a más de cien kilómetros por hora hacia el aeropuerto.

No podía soportar que le quitaran la primicia. El destino le había dado esa oportunidad y quería ser el primero en publicar ese evento, tomar las fotos para la historia. Se las podría enseñar a don Frederik, con orgullo, el sábado próximo mientras disfrutaran de las pupusas de chicharrón, de las que hace la esposa de Don Frederik, su musa de grandes dotes del arte culinario, con exquisitas comidas y hasta los pavos navideños en salsa para chuparse los dedos con tortillas de San Miguel.

Además era la que decoraba el jardín con flores exóticas llevadas del Amazonas y estaba cultivando otras orientales con todos los colibríes que cada mañana se espantaban por las carreras de don Gabriel, que salia a buscar las noticias frescas.

Lograron llegar al aeropuerto, pero no los dejaron pasar aunque llevaba el gafete de periodista, los desviaron los policías militares.

– “Por la grandísima P… (Perdón Señor, que no hayas oído lo que digo,). Métase en esa puerta”, le dijo al motorista, vio el portón de las descargas de los proveedores y lograron infiltrase.

– “Vengo a dejar esto”, dijo y enseñó la camándula.

Se bajó del carro y corrió saltando como conejo sobre los fardos de maletas, se subió a un vehículo para recargar abastecimientos y se puso una chumpa azul con emblema de la aviación, agarró con los dientes el cincho de la cámara con el maletín arrastrado y aceleró. Encontró un microbús con periodistas con el pelo parado que gritaban improperios mirando hacia el horizonte.

El avión que debía aterrizar en Guatemala lo desviaron hacia Comala, El Salvador, por un defecto mecánico por el que la tripulación pidió auxilio; el espacio aéreo se reservó exclusivo, la Fuerza Aérea había desplegado aviones y helicópteros para cualquier percance.

Los bomberos se habían concentrado en tierra, con todos los vehículos de auxilio y paramédicos. Estaban entre los curiosos los jefes de los principales canales de tierra, mar y aire, con cámaras y mujeres con sonrisas fingidas dando los pormenores al mundo.

– “Y me quieren ganar el mandado estos cabrones”. (Perdón…) y besó la cruz de la camándula.

Llevaba la cámara y al revisarla no tenía memorias, se le habían regado en el carro que lo llevó. Regresó y apartando al gato agarró el colibrí, lo metió al maletín (“para don Frederik”, pensó), agarró las memorias y las iba colocando a la cámara, comenzó a filmar el punto con humo en el cielo del norte. Ya venía incendiándose.

– “¿Y ahora?”, dijo el motorista.

– “Ahora corra con esta garnacha mano, gánele a esos otros que van con camisas de la corporación y dele espacio a esas mujeres de la televisión. Además quiero ir a escribir un artículo acerca de un escritor amigo mío, Fito Araya, el futuro Premio Nobel de Literatura de este país. Córrale… y deje de sonreír que va en serio mano.”

Los medios de comunicación querían la primicia. La tensión estaba al máximo.

Gabriel logró llegar a un carro con escalera para abastecer aviones, se tiró y agarró el volante, manejo como energúmeno hacia la pista y su indumentaria con su copete de cabello, miraba hacia el horizonte. Y vio venir encima el enorme avión Airbus 330-200 con humo en dos de sus potentes motores.

La atención de la multitud estaba en ese evento. Lo lograrían los pilotos?

En ese momento DIOS mando un mameyaso de agua de las que temía Noé, apagando el fuego y sembrando enormes charcos de esperanza para que los elotes crecieran más y con mejor sabor. Hubo aplausos de júbilo a nivel mundial y en todo El Salvador.

En ese momento Gabriel Mirón ,recordó cuando quizo entrar al Seminario San José de la Montaña, le pasaron muchas imágenes: su aureola con su sotana blanca y la estola dominical, repartiendo las hostias sagradas, los rostros de los que se acercaban a esperar que remojara en vino el sacramento sublime. Pero fue cuando se le reveló la frase: El Cuerpo De… y vio la angelical cara y ojos de la colegiala sonriente. Era ella, la que hizo que colgara la sotana. Doña Albita!

Fue un segundo de recuerdo. De todas las imágenes que deseaba recordar.

– “No me arrepiento Albita”, dijo. Yo quiero mucho a mis hijos y al perico.

Y siguió conduciendo hacia la pista, el avión se hacía más grande encima de él cuanto más se acercaba a la pista flanqueada de tropa y bomberos.

Se escuchó el chirrido de las llantas traseras y el golpe de las llantas delanteras en la pista y siguió corriendo con humo denso. Gabriel estaba tan cerca que vio las caras de las personas en las ventanillas que le hacían señales de adiós con las manos, alcanzó a ver al piloto pálido y con el cabello blanco.

Él siguió hasta el lugar en que se detuvo, recordó entre el olor a humo que iba mugriento por haber cambiado la llanta del carro, pero aún así corrió y desplegó la escalera hasta la puerta de emergencia.

Se bajó del carro y se le zafó un zapato, pero logró correr a más no poder y llegó a recibir al primero que bajó. Entonces le dijo el hombre de blanco: “GRACIAS GABRIEL, DIOS TE BENDIGA”.

Todos los periodistas que llegaron después lo levantaron y terminaron quitándole el otro zapato y lo llevaron en hombros hasta la sala en donde el Santo Papa, le dio las gracias y dijo:

– “También me quitaré los zapatos Gabriel. Vengan”, dijo a los periodistas que le ayudaron a bajar del avión.

– “Mi gratitud y Bendición para todos los periodistas y Bendición para El Salvador”, hizo la señal de la cruz…

Gabriel en forma refleja agarró la cámara y le tomo varias fotografías, era el PAPA, con la bandera del Vaticano. Se preguntó: cómo sabe mi nombre? Y el PAPA le dijo: Veo tu nombre en la tarjeta que tienes en la corbata que dice: “Para Gabriel Mirón con mucho cariño de parte de doña Albita”. Gabriel se puso a llorar.

– “Gabriel, Gabriel…, le dijo su esposa, estabas soñando, ¡¡despierta!!

Gabriel se levantó y le dijo: soñé con el Papa y fui el primero en ayudarle a bajar del avión incendiado de dos motores, Albita, ¡era el Papa… que vino a El Salvador!

Doña Albita se le quedó viendo y le dijo: “Estabas soñando Gabriel, pero esa camándula con olor a rosas y esa bandera del Vaticano no estaban anoche aquí.

Cuando tomaron el desayuno Gabriel recordó todo el sueño, pasó a casa de don Frederik y le dijo: soñé con el Papa y le tome muchas fotos… Se le acercaron varios colibríes y los apartó con una cuchara con miel de maple.

Don Frederik untado de pintura de tempera y con una pluma Lamy en la oreja, agarro la cámara y comenzó a revisar la memoria y le dijo: “Aquí hay fotos del Papa efectivamente, son varias y si no las tomó usted ¿de dónde las obtuvo? ¡Ja!

De seguro son las ilustraciones que hizo Ulises Palacios, para sorprenderlo en el Día del Periodista. ¡Felicidades en su día!

Felicidades don Gabriel ya ve que hasta en sueños le bendice el Papa. ¿Por qué no va a lograrlo en la vida real? Venga entre a tomarse una taza de café con unas pupusas de pavo y gallo en chicha así me cuenta el sueño con detalle, de seguro lo publica con ilustración, hasta con los colibríes que vienen a chupar miel en los Crisantemos, ja, ja!

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