Dinora Alfaro, su humor negro y la risa irónica

“Hacer teatro en este país es cuestión de necedad, pero aun así apoyo a la juventud, a la cual quiero darle muchas cosas que no tuve o muchas cosas que sí tuve, a través del teatro, darles experiencias excepcionales; quiero darle a mi hija una vida independiente, auténtica, para que sea lo que es, no la que me quiera imaginar”.

Fotos: Periódico Equilibrium.

La Universidad de El Salvador (UES) no solo fue el lugar de su formación periodística; allí Dinora Alfaro inició también sus pininos teatrales, se enroló en el Teatro Universitario justo después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Tres años después de esta experiencia conoció a un elenco latinoamericano de artistas que visitaba la región con un espectáculo que muestra una síntesis de la cultura de cada uno de esos países.

Se promovía entonces la unión latinoamericana a través de la cultura y se incorporó con ellos entre 1995 y 1996; se relacionó con maestros suramericanos de mucha trayectoria en teatro y música, así se abrieron las puertas de la gestión para la producción de espectáculos.

Con La Bocha (Foto: FB La Bocha Teatro).
Con La Bocha (Foto: FB La Bocha Teatro).

Al regresar Dinora se incorporó a la Escuela Arte del Actor, donde pudo relacionarse con Filánder Funes (fallecido este año), dicha escuela la impulsó a sus primeros pasos en la actuación profesional. Ha trabajado con diversos directores como Tatiana de la Osa, en el proyecto El Círculo y luego con La Bocha Teatro, la cual ahora es su Compañía luego de 11 años de producciones que se han presentado desde México hasta Colombia.

La marca de La Bocha Teatro es el humor negro, haciendo mezcla de diferentes géneros como el teatro del absurdo y la técnica clown y en 11 años la gente ya sabe que esa bocha le arrancará una risa irónica y no la carcajada.

Su idea es crear su propia dramaturgia; de hecho Dinora ya escribió tres obras, con una de las cuales que trata de niñez y migración se presentó en España, otro tema tan serio del que se puede reír irónicamente al conocer la realidad de este fenómeno contado desde la perspectiva teatral.

El humor

Los caracoles estresados, está ya en el menú de su teatro para 2015; es un texto que juega mucho con la ironía, para reírse de la realidad dura. Escrita por el mexicano con raíces salvadoreñas, Luis Ayhllón, la obra será presentada del 17 de septiembre al 4 de octubre.

Lo que atrapa de esta obra es la historia de dos hermanos con las mismas raíces y que, sin embargo, no encuentran la manera de una convivencia sana. Uno ha huido y su pasado lo alcanza generándole una relación tóxica, con pensamientos totalitarios, sin diálogo, sin aceptación, si asumir nada, sino negando al otro.

Dinora Alfaro hace historia con su Compañía La Bocha Teatro.
Dinora Alfaro hace historia con su Compañía La Bocha Teatro.

Es básicamente un mensaje de lo que vive El Salvador; con nuestros mismos compatriotas no podemos convivir, ni entre clase política, ni entre clases, ni entre deportistas, ni entre familias muchas veces. “Nos hacemos chaqueta la vida por algo que no es tuyo, por un parqueo, por todo. En la vida dejamos que se interponga entre nosotros cualquier cosa”, resume Dinora al hablar un poco de Los caracoles estresados.

Presentar la obra en estos momentos coincide con el 21º Aniversario de La Bocha Teatro y aunque no es parte de las actividades por ese cumpleaños, si cae como anillo al dedo porque Dinora dirigirá por primera vez una presentación de esta envergadura.

La respuesta

Dinora no se queja del apoyo del público, pese a que el teatro es aún extraño en relación con otros espectáculos; algunos no tendrán idea de que en El Salvador existen actrices y actores o nunca entraron a un teatro, pero sí hay un público cautivo para La Bocha y ser convocados cada año por el Teatro Poma, por ejemplo, es una muestra de la penetración de este arte en parte del público salvadoreño.

Terminó su faceta de periodista

El Co-latino, El Mundo y Noticiero Hechos, son ahora recuerdos de una carrera de periodismo que fue reemplazada rápidamente por la actuación ¿Por qué? Porque la vida es demasiada corta según la concepción de Dinora.

“Decidí jugarle un juego a la vida: prestarle la piel a todos los personajes que yo pueda, para vivir, experimentar, sentir, pensar y ponerme en los zapatos de un montón de gente que mi vida tan corta no me lo va a permitir”, es tan mágico el teatro que además de colocar al actor o a la actriz en una situación y un espacio, lo hace también ante un público que cree en ese juego.

Dinora se ha dado cuenta que el teatro la hace libre, quisiera no saber de fronteras, límites ni banderas. Su mundo ideal es verse hermana de toda la gente.

Escribe mucho, pero todo es inédito excepto el tema de teatro sobre niñez y migración que ganó la convocatoria de la Cruz Roja Española. Actuó en su propia obra la que, paradójicamente no ha sido presentada en El Salvador, porque teme que lo fragmentado de la sociedad pueda causar heridas en un niño, en una madre.

Sos ojos birlaban al ser regados con lágrimas que se negaron a salir.
Sus ojos brillaban al ser regados con lágrimas que se negaron a salir.

Su niñez fue muy rica y llena de escenarios, de gente que le regaló cosas, pero también fue rodeada de tristezas solitarias pues nunca le contó a nadie aquellas cosas que le dolieron.

Entre esas cosas recuerda con tristeza el sonido de las tanquetas cuando vivía en San Vicente, cerca de la Quinta Brigada de Infantería.

Recuerda los camiones militares llenos de soldados que iban cantando y cuando regresaban en la noche el canto de los soldados había sido asaltado por el silencio.

Pesaba mucho esa realidad, pesaban los cuerpos inertes de los que iban cantando y ahora guardaban un silencio sepulcral y al siguiente día, las madres y familiares haciendo cola para reclamar el cuerpo frío de aquellos seres humanos.

Tenía para entonces siete años, esa niña salía al balcón de su casa a ver cotidianamente esa realidad que la entristecía; ese sentimiento nunca se lo expresó a nadie, quizás hasta hoy que se describe ante Periódico Equilibrium.

La muerte de un tío, el entierro, la soledad, el regreso, la ausencia, eso era un sueño que se repetía en su mente y que lo vivía en sus pesadillas; que la asustaba tanto al grado de protestar internamente porque llegaba la noche y, con sus sombras, una pesadilla. Arañaría la caja mortuoria en la que había sido enterrada, gritando “¡estoy viva!”.

Dinora encontró en la actuación teatral a la amiga inseparable que fue capaz de disipar a la música y a la escritura de poemas, incluso a sus principios de pintura y, quién sabe, si también a su tristeza.

Todo ello, de pronto emerge en la actuación y aunque la vida emotiva no siempre es el referente de las actuaciones, sí ha servido para inspirar mucho.

Quizás la culpa de esta necedad de Dinora sea de su padre, quien la embobaba a ella y a sus hermanos con los relatos que eran vivencias de su niñez, como la de aquella vez que se fueron al circo y la “cachimbiada” que les pegaron por eso. Eran cuentos tan actuados que su padre bien pudo ser un gran actor de teatro, pero no… tenía que heredárselo a ella.

Y ahora, esa necedad de Dinora la tiene que soportar su madre, la que la apoya, porque no hay de otras.

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