Desarrollo de la costa amenaza al arrecife mesoamericano

Es necesario que las comunidades costeras cuenten con sistemas de alcantari-llados públi-cos y plantas de tratamiento de aguas residuales adecuadas, para proteger los pastos marinos.

Fotos: Fundación Albatros.

El Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), la barrera coralina más grande del Océano Atlántico, con una diversidad biológica significativa, que contribuye al bienestar económico y social de los pueblos, está de fiesta.

Cada 10 de marzo, desde 2007, se celebra el Día del SAM por mandato de los cuatro países que lo custodian: México, Belice, Guatemala y Honduras.

En 2006 los gobernantes adoptaron los compromisos en torno al SAM, en el marco de la Declaración de Tulum, suscrita en 1997.

`El SAM es un vivero, una biblioteca genética, protector de la costa, productor de arena, proveedor de bienestar económico y salud humana, tanto para la región que abarca como para el mundo.

Una parte importante del SAM, que se encuentra en Belice, ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco).

Los arrecifes de coral también son estabilizadores de las zonas costeras; resguardan especies de importancia ecológica y comercial y proporcionan alternativas de empleo e ingresos para las comunidades aledañas.

Para asegurar el uso de estos recursos en el tiempo, es imprescindible hacer un aprovechamiento sostenible de los ecosistemas, tanto terrestres como marinos y costeros. Conservar el SAM significa conservar nuestro propio sistema de soporte de vida, porque su prosperidad ecológica y económica es para todos.

El Sistema de Arrecife Mesoamericano es afectado por una serie de amenazas físicas directas: el desarrollo incesante de las costas que trae consigo la destrucción de los manglares y el aumento de la sedimentación, los plásticos y los desechos sólidos que afectan directamente a la fauna marina.

Además los efectos provienen de las aguas residuales de las comunidades continentales que contaminan los ríos que fluyen hacia el océano en donde se unen a las aguas residuales de las comunidades costeras.

Asimismo la escorrentía agrícola, los sedimentos y los afluentes químicos que fluyen hacia el océano, además del crecimiento desmedido de macroalgas que asfixian los corales, causan sus efectos nocivos en el SAM.

Foto: Fondo SAM/Defensores de la Naturaleza.

Estos son, entre otros, los aspectos que afectan al sistema y por ello también se proponen acciones para protegerlo: reducir drásticamente la contaminación que llega al mar. Las personas que usen fosas sépticas o biodigestores deben darles mantenimiento; revisar que no tengan fugas.

También es necesario que las comunidades costeras cuenten con sistemas de alcantarillados públicos y plantas de tratamiento de aguas residuales adecuadas, proteger los manglares y los pastos marinos. Estos ecosistemas son filtros, las plantas de tratamiento naturales de la región.

Otra acción es la de usar bloqueadores solares biodegradables. Los productos de este tipo que no son amigables con el ambiente pueden generar blanqueamiento y muerte de los corales de forma rápida.

Por eso, para protegerse del sol también se recomienda usar gorra y camisa de manga larga.

Asimismo se recomienda no comprar ni consumir peces loro (familia Scaridae). Estos peces son un aliado para combatir las macroalgas porque se alimentan de estas y las pueden mantener bajo control.

Además, se debe evitar el uso de plásticos desechables. En lugar de adquirir productos envasados en este material, que muchas veces termina en el mar, usar vasos de vidrio, bolsas de tela y recipientes reusables.

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