A propósito del Día Mundial: un destino llamado turismo

La tendencia la marcan los destinos no masivos, sino más bien abiertos y rurales. De nuevo, se demuestra que el turismo no es vagancia, es un derecho humano suscrito en la Carta Magna Universal (art. 24) prueba de ello es que las familias buscan salir del claustro como terapia, luego de esta hecatombe de salud y de política.

Por: Susana Barrera/Foto: Periódico Equilibrium.

Fue entre 1956-1960 que doña Coralia de Lemus, Primera Dama de la República promovía las excursiones familiares desde cada barrio o colonia de San Salvador hacia parques nacionales; los más pequeños no dormían creyendo que el bus les dejaría si llegaban pasadas las 5:00 de la mañana, y ni siquiera salía el sol. ¡Dios qué angustia!

Esa forma de turismo familiar fue uno de los brazos amables del gobierno militar de Don José María Lemus. Algunos de los niños de entonces probablemente no volvieron a aquellos pintorescos destinos que les quitaba el sueño.

Los recién construidos parques acuáticos nacionales como: Apulo (1948), Los Chorros (1952), Ichamichen y Atecozol (1956) y otros, eran la sensación. De esa manera se proyectaba el turismo local.

Ha pasado más de medio siglo, desde la génesis del turismo institucionalizado y como industria en El Salvador, que surge con la creación del Instituto Salvadoreño de Turismo (ISTU) en diciembre de 1961; al mismo tiempo se emite la Ley del Instituto Salvadoreño de Turismo. Años atrás, la gestión turística se fusionaba con otros rubros. Esta ha sido una de las primeras paradas formales del turismo en el país.

Un paseo familiar por el bosque Nancuchiname le permitirá ver en hábitat natural a estos animales. Haga turismo familiar.
En el bosque de Nacuchiname, Usulután

Luego en los años 70´s se presenta un evento ícono;  además de proyectarse el primer polo de desarrollo turístico de playa Costa del Sol, se hizo la celebración de Miss Universo en 1975;  por segunda vez en América Latina se realizaba la pasarela de belleza más importante del mundo; el Gimnasio Nacional luciría un escenario insuperable basado en nuestra identidad.

El evento fue promovido por el visionario empresario Roberto Poma, pero se daba en un contexto complejo en términos políticos y de violación a los Derechos Humanos;  era la antesala de un conflicto armado que nos marcaría como país.

Pero el evento se llevó a cabo, se promovió el paisaje nacional y al consentido balneario Los Chorros, y los artistas fueron locales, la Orquesta Salesiana Don Bosco se lució la noche de la premiación, era abrirse al turismo internacional, pese a todo y sin duda, la promoción del orgullo local.

Los 80´s fue la llamada década pérdida; oficialmente, más de 75 mil muertos, y miles de desaparecidos, pero el turismo emergía pese a todo, el decenio comenzó con la inauguración el Aeropuerto Internacional de Comalapa, la terminal aérea de Ilopango quedó en la memoria de las barriadas que se despidieron con lágrimas  de sus parientes y amigos, que huían del conflicto y en busca de nuevos horizontes.

Mientras, el Tren de la Alegría se paseaba entre Sonsonate y San Vicente, exactamente hasta el balneario de Amapulapa y, de verdad, era una experiencia única este viaje.

Escalar el volcán de Santa Ana, una opción durante la reactivación del turismo.
En la cima del volcán de Santa Ana

El Valle de las Hamacas se puso en evidencia; los eventos naturales de la década también impactaron, dejando atrás el Hotel San Salvador y varios edificios históricos que fueron estampa.

Ya en los 90´s se firman Los Acuerdos de Paz, El Salvador de nuevo está en la ventana del mundo y sendas delegaciones extrajeras llegaban movidas por ese proceso, demandaban una plaza turística de calidad.

En esa década comienza la Ruta de Las Flores como multi-destino y se aprovecha la biodiversidad del territorio.  Surge la Corporación Salvadoreña de Turismo (CORSATUR), que se encargaría de coordinar la actividad turística. El Salvador movía el interés de la inversión extranjera.

Ya en el nuevo siglo, surge el Ministerio de Turismo (2004) y también se consolida la academia para la formación turística, se conocen especializaciones de turismo, planes de turismo y hay una conceptualización que va más allá de “la industria sin chimeneas”, a esta altura ya no podía encajonarse en solo actividad económica, ya se genera vocación en el territorio, se mueve la identidad y cultura local a través de los recursos turísticos.

Desde Santa Ana hasta La Unión, desde Chalatenango a la Libertad, el país en todos sus ejes tenía qué ofrecer a los turistas y un ente rector que velaba y vela por su promoción.

Lago de Ilopango, compartido por San Salvador y Cuscatlán. El turismo en la zona es bienvenido.
Entrada al lago de Ilopango, por la zona de San Pedro Perulapán.

Programas como Pueblos Vivos, Un Pueblo y Un Producto y otros esfuerzos de cooperación se decantaba por el fomento de la identidad local y el emprendedurismo. Ha sido cuando más festivales de toda naturaleza hemos gozado: del globo, mango, loroco, gallina india, piña y otros donde la consigna es “todo se celebra comiendo”.

 En la segunda década del siglo, el turismo se ha consolidado, y ya hay estadísticas, estimaciones y proyecciones oficiales de visita, se reconocen las temporadas altas y las necesidades de fortalecer la plaza turística, las capacidades locales, y abaratar pasajes aéreos. Sin duda, se ha crecido como marca nacional e internacional en turismo.

Pero nos sorprendió la pandemia Covid-19  en 2020, nos marcó un antes y un después en todas las áreas de la vida, el turismo no se escapó, y ha sido de los más impactado a nivel mundial, según la Organización Mundial del Turismo (OMT) se perdieron 120 millones de empleo, y  El Salvador no se escapa a esa realidad aquí se perdieron 120 mil, y hay una latente necesidad de invertir en los espacios turísticos a fin de hacerlos confiables y bioseguros.

La tendencia la marcan los destinos no masivos, sino más bien abiertos y rurales. De nuevo, se demuestra que el turismo no es vagancia, es un derecho humano suscrito en la Carta Magna Universal (art. 24) prueba de ello es que las familias buscan salir del claustro como terapia, luego de esta hecatombe de salud y de política.

Falta muchas olas que surfear y montañas por escalar, solo hay que madrugar como en tiempos de doña Coralia para que no nos deje el bus y no nos asalte la depresión y las secuelas de la Covid-19 tanto a anfitriones como a visitantes.  

En este domingo 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo y se dedica al desarrollo rural, no todo está perdido, tenemos paisajes, gente maravillosa y una historia turística que contar.

Artículo de la autora, basado en «Perspectivas y Tendencias del Turismo en El Salvador, 2008«, de Jorge Barraza Ibarra (UFG).

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