Guardaron silencio, era un acto disciplinario y Flavio merecía respeto. No hubo risas ni llanto. Era la costumbre de los comuneros y punto. Flavio se levantó y caminó cabizbajo abandonando el lugar.
Por: Dr. Adán Figueroa.
Ilustración: Mely.
¿Qué te pasó Flavio? Le decían sus amigos.¿Por qué andas así el pelo?
Flavio simplemente bajaba su cabeza con mucha vergüenza y seguía su paso. A nadie de la comunidad le había contado lo sucedido y no era para menos; eso era algo humillante para cualquier joven, pues él sería el ejemplo de lo que le pasaría a quien irrespetara las normas establecidas para la buena convivencia en la comunidad y tenía que ver con no robar, no mentir y ser muy buen trabajador, pues todo el quehacer era colectivo.
Flavio era dedicado en sus labores y no tenía el hábito de robar, pero eso de usar su gorro de soltero con el color rojo y blanco que lo identifica como tal y siempre con la cola hacia un lado, era pura picardía suya.
Esa señal implicaba que él andaba buscando pareja y así llegaba a varias comunidades de la misma isla de Taquile y en raras ocasiones se llegaba hasta Amantaní. Flavio pretendía tener una novia en cada comunidad.
Un día llegó a la cima de la isla un grupo de turistas, entre ellos iba Jonathan y su grupo, descansaron un rato y al momento ya estaba todo listo para degustar la mejor trucha que se prepara en Perú. Habían llegado a un lugar paradisíaco con una vista espectacular sobre el lago Titicaca.
El almuerzo estaba diseñado al aire libre, cubiertos apenas con un toldo para los rayos del sol que penetraban la ropa de los visitantes. El guía de nuevo explica a los visitantes las costumbres y tradiciones del lugar, haciendo énfasis que a los comuneros no les gusta que se tomen fotos de ellos ni con ellos; que todo el sistema es colectivo y que en ese lugar específicamente son los hombres los que tejen su vestimenta u otros tejidos y no las mujeres como sucede en otros lugares.
Después de muchas explicaciones les comenta que un nativo hará una demostración de un detergente natural, súper poderoso y original de Taquile. En ese momento se acerca el jefe de la isla y le habla en quechua para que los turistas no comprendan.
Señoras y señores, el jefe me acaba de comunicar que después de la demostración del detergente natural que teníamos prevista, se hará otra demostración de disciplina utilizando el mismo jabón. Al que juega chuco o sucio se le aplicará el Chukjo, nuestro detergente natural en la cabeza.
Jonathan estaba muy a la expectativa, pues junto al jefe iba otro joven como él, pero lucía muy afligido por lo que le esperaba.
Un nativo se acercó con unas ramas de Chukjo en la mano, comenzó a machacarlas y echarles un poco de agua. Poco a poco se iba formando una masa cubierta con espuma. La depositó en un pequeño recipiente al que llenó con más agua.
– Ahora observen, pero háganlo muy bien, dijo el guía.
El nativo tomó un mechón sucio de lana de cordero que estaba tirado a su lado. Lo introdujo despacio en el recipiente y segundos después lo sacó. El público miraba fijamente y muy asombrado por el resultado. El mechón oscuro de suciedad, había quedado completamente blanco, puro, nítido. Era increíble la rapidez y limpieza observada.
– ¡Magia¡ gritó un espectador.
Ahora bien, dijo el guía; hoy van a ser testigos de un acto disciplinario que muy rara vez se ejecuta en esta isla. Van a observar la purificación de un ser humano, un joven y su alma, su mente inquieta.
