Todos los días, Elia, junto a cuatro jóvenes más, recorre unos diez kilómetros desde su casa en el caserío El Volcán, de Guacotecti, hasta la escuela del cantón San Lucas, estudiar su 9o Grado.
Fotos: Periódico Equilibrium.
“Mama, me voy”. Ella levantó la mano en señal de despido, Elia también. Entonces comenzó el viaje, el que la niña realiza todos los días a las 11:00 a.m.
El sol del mediodía la cubre casi siempre, sus zapatos delatan el viaje de cuatro kilómetros cuesta abajo, después que Elia ha bajado por las faldas del volcán, para llegar al Centro Escolar Cantón San Lucas, a donde estudia Noveno Grado, en el municipio de Gualococti, departamento de Morazán.
En medio de los azahares se pierde su delgada figura; ese día se le notaba un tanto preocupada porque el tiempo avanzaba y le esperaba el largo recorrido. Inició su nuevo periplo. Es el jueves 23 de marzo.

Elia no contaba con que ese día bajaría en un vehículo de EDUCO, la fundación que le ha dado una beca para que continúe sus estudios, misma que obtuvo luego de visitas de campo, estudio del entorno, análisis de su capacidad y respuesta académica.
Al final del proceso, en un listado apareció su nombre; era merecedora de la beca. Su padre la animaba a ganársela; su madre, Irma Gómez, le contaba su propia historia.
“No quiero que sea como yo”, le repetía, para decirle que a sus escasos 16 años ya era comprometida como pareja y luego como madre soltera.
A sus 14 ya trabajaba y “mírese en el espejo”, le decía, refiriéndose a su realidad tempranamente distinta.
Para Elia ya no hay pretexto. Tiene 15 años, el amor de su padre y su madre, el apoyo de su hermanastra, el cariño de sus amistades y personas vecinas y el apoyo de EDUCO; pero, sobre todo, sus aspiraciones.
Por eso Elia, sin importarle el sudor, el largo caminar, las caídas en las veredas que acortan de alguna manera la distancia, las lluvias en el invierno, el polvo en el verano, el cansancio, el hambre que aprieta mientras sube cada tarde de regreso a su casa, se para cada día frente a un paisaje donde apenas se observa la calle pavimentada, de la cual debe recorrer otro tramo aproximado de un kilómetro, después de bajar las veredas, para llegar a su escuela en el cantón San Lucas. Quizás así observa su futuro.
En su humilde vivienda la espera su madre, con la comida calientita, pero no come hasta que se baña, se cambia y hace sus tareas. Solo entonces tiene tiempo para alimentarse, dice en su testimonio contado a fuerza de preguntas que va respondiendo con timidez.
– ¿Y qué querés ser?
No sé.
– ¿Te gustaría sobresalir en algo en tu caserío?
Quisiera jugar fútbol.
¿Y Para ganarte la vida?
Quizás policía.
¿Cuándo llueve, cómo haces para regresar?
Me vengo a “chuña” (descalza, para no dañar sus zapatos) y llego toda mojada.
Así, con escuetas respuestas y con su cara seria, más por preocupación que por personalidad, Elia mira las cámaras expresando lo que es y lo que piensa con sencillez y con inteligencia, esa que oculta en sí misma, al menos para quienes estaban por primera vez entrevistándola, porque en su escuela es lideresa, es tutora de otras niñas y cumple con sus tareas de forma muy completa.
De eso da fe Roxana Hernández de Argueta, una de sus maestras que ese 23 de marzo les daba la clase de historia, quizás extrañando la ausencia de Elia, porque ella nunca falta a clases. Ese día llegó una media hora más tarde.
“EDUCO les cambia la vida”

La beca de estudio que da EDUCO no solo sirve para que las niñas atendidas con su programa sigan estudiando. “Les cambia la vida y su visión”, resume Roxana Hernández de Argueta.
Ella, como docente ha visto en su escuela tantas necesidades en la niñez. “Los padres trabajan en el campo” y difícilmente tienen recursos para proveer educación “porque no tienen los medios, por la distancia de su vivienda al centro escolar”, justifica la mentora.
Aún así, la mayoría de niñas, al menos en el Cantón San Lucas, logra llegar hasta Noveno Grado; en el año, dos o tres niñas se quedan estancadas porque son embarazadas. Otras, mediante las becas incluso han logrado salir del país para seguirse preparando después de alcanzar sus estudios superiores.
De allí la importancia de las becas, porque son una ayuda para los padres a cambio de un compromiso para que sus descendientes sigan estudiando.
Sobre Elia, su maestra dice que la niña tiene un gran compromiso; en la materia de Lenguaje le nota un gran entusiasmo, no deja de presentar tareas bien realizadas, de manera responsable.
“La educación es un medio, un pilar para que estas niñas sigan adelante gozando de otra oportunidad de vivir mejor en el futuro”, se congratula la profesora Maritza.







