Cuando llegó a su casa se fue directo al espejo, abrió todas las ventanas para verse mejor y sorpresa la que se dio. ¡Toda su cara estaba amarilla! !Ay!, dijo, con razón me decían canaria.

 

 

Por: Dr. Adán Figueroa.

Ilustración: Mely.

Beatriz tenía apenas siete años, era una niña muy bonita, vivaz, muy alegre. Usaba lentes desde hacía seis meses por un problema visual que se le había detectado.

Su madre no aceptaba que su hija siendo tan pequeña usara lentes.

Yo voy a solucionar el problema de Beatriz dijo un día. Ella, generalmente. lograba todos sus propósitos y comenzó con su plan estratégico.

¡No hay como la medicina natural! Pasaron los días, semanas o meses tal vez y Beatriz ya disfrutaba de los batidos que su madre le preparaba a diario.

Un día, cuando llegó al colegio después de las vacaciones de Semana Santa, empezaron a molestarla sus compañeros. Ya vino la canarita del grado, la representante de la raza china. Otros simplemente le decían: Tienes hambre o tienes frío pollita y se reían. Beatriz se enojó y no entendía el por qué, la molestaban tanto. Hoy a esa forma de molestar a los niños le llaman “Bullying”.

Cuando llegó a su casa se fue directo al espejo, abrió todas las ventanas para verse mejor y sorpresa la que se dio. ¡Toda su cara estaba amarilla! Ay, dijo, con razón me decían canaria, sí estoy completamente amarilla, hasta los ojos tengo amarillos. ¿Qué me estará pasando? ¿Qué tendré? Y mi mamá que no viene.

Pasaron dos horas, que para Beatriz fueron días, hasta que por fían llegó su madre. ¡Mamá, mamá, mira como estoy! le dijo Beatriz angustiada.

¡Hay hija!, tú tienes hepatitis, inmediatamente nos vamos a ver al mejor médico especialista. Buscó en internet, y por fin encontró a su eminencia.

Inmediatamente salieron a pasar consulta, pero como el doctor Ronroneto era muy solicitado, le tocó esperar como una hora.

Por fin ya dentro del consultorio el Galeno le hizo un interrogatorio minucioso, la examinó; le palpó el hígado, el bazo y todo estaba bien. No había ningún dolor en abdomen. Nada, todo estaba normal a excepción de la niña canaria.

– Tenemos que hacerle unos análisis señora, le dijo el doctor Ronroneto, muy pensativo. Honestamente no entiendo lo que le pasa a su hija.

– Hágale los exámenes que usted considere necesarios doctor y, si es necesario, ingresarla, ingrésela, no importa. Lo principal es mi hija.

Después de tanto bla bla de la mamá, Beatriz terminó ingresada, se le hicieron varios exámenes que estarían listos para el siguiente día.

La noche transcurrió a paso lento, muy despacio para la madre de Beatriz. Si no durmieron por la noche, no fue por quejidos o dolencias, fue por la angustia de la madre. Por fin llegó el doctor a ver a su pequeña paciente quien lucía esplendorosa, sin apariencia de enfermedad alguna. Revisó el expediente: no hubo fiebre ni dolor, todo bien. Luego vio los análisis de sangre y para su sorpresa todo estaba normal. Todas las pruebas de función hepática normales, otros estudios para anemias especiales, normales.

– Señora, le dice el doctor Ronroneto, todos los exámenes están bien, la niña está bien, no le encuentro evidencia de enfermedad alguna. Dígame honestamente y piénselo bien ¿ha comido o bebido algo especial Beatriz?

No doctor, ella come saludable, la mayoría de alimentos son naturales.

– ¿Qué tipo de alimentos come?

Verduras como güisquiles, ejotes, pipianes o huevos y otros más.

Ronroneto se rasca la cabeza ante la impotencia de llegar a un diagnóstico.

– Mire doctor, mi hija come tan saludable que todos los días para mejorar su vista, se toma un vaso de jugo de zanahoria en el desayuno, otro para el almuerzo y para la cena se come una zanahoria en rodajitas.

– ¡Hay señora! Dice el Galeno, con razón; entonces lo que su hija tiene es una Zanahoriosis. Ese juguito de zanahoria le va a salir un poco caro.

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *