Cuando eso sucede, solo queda el vacío, un agujero profundo en un abismo sin fondo que nada lo llena y entre distracciones y trabajos solo fingimos olvidar.

 

 

 

Por: Elsy Ch.

Dicen que todo sucede por una razón, es estresante a veces no poder explicar las cosas mentalmente y que por más que se le dé vueltas y vueltas al asunto, siempre lleguemos al lugar donde empezamos, con muchas preguntas, sin solución.

Todo debería ser simple como las matemáticas, sin margen de error, dos más dos es cuatro y donde quiera que se le sume, sean unas circunstancias u otras, diferentes tiempos, lugares o personas que hagan el cálculo, siempre será el mismo resultado.

Y me pregunto: ¿por qué no todo es así? Es cierto, podría ser algo aburrido, pero todo dejaría de ser tan complicado.

Muchas de las cosas que suceden y muchas de las personas que llegan a nuestra vida no son tan simples, son como aquellas largas ecuaciones que están escritas en un pizarrón y todos las vemos con signos de interrogación, porque están escritas en claves y signos que no podemos interpretar y para nosotros solo son garabatos pintados con tiza que jamás vamos a descifrar porque no tenemos toda la información y conocimientos necesarios.

Sí, lastimosamente así solemos ser las personas muchas veces, nos conocemos por años, compartimos los mil y un momentos y almacenamos los mil y un recuerdos, atesoramos el tiempo que les dimos y nos dieron y de repente todo se convierte en nada, porque no se trataba de una simple ecuación matemática.

Sucedió que de repente o a través de los años aparecieron tantas circunstancias y variables de velocidad, tiempo y distancia, sobre todo de distancia que nos ubicaron tan pero tan lejos unos de otros que se hizo imposible retornar, volver al mismo lugar donde empezamos, donde aún nos queríamos, donde aún reíamos y soñábamos.

Cuando eso sucede, solo queda el vacío, un agujero profundo en un abismo sin fondo que nada lo llena y entre distracciones y trabajos solo fingimos olvidar, pero de la mente y el corazón no se puede escapar y en las noches mientras se supone que dormimos, vienen y van los pensamientos que no te dejan vivir en paz y no puedes ignorar que hay un agujero negro que no se encuentra lejos en el espacio, sino contenido en tu interior, quemándote el alma y te preguntas ¿cómo puede haber tanto vacío dentro?

Y vamos caminando… a veces por veredas donde sentimos el olor de las flores, cantan los pájaros y la luna está llena y la noche cubierta de estrellas; y otras en las que vamos sobre espinas y son tantas que no podemos sacarlas, las del pasado, las del presente, las de un futuro incierto que ya duele, y entonces no vemos nada bueno, porque el dolor lo impide y no escuchamos palabras que justifiquen y nuestras heridas no sanan, solo sangran y se hacen profundas y nuestra voz que grita no se oye y repetimos la misma frase una y otra vez y seguimos caminando.

Algunos se detienen, otros retroceden, alejándose con gran velocidad y otros no renunciamos, aunque nuestro paso es lento y el sol quema y se siente que el dolor dura una eternidad; pero nos preguntamos ¿cuándo se acabará nuestra agonía? ¿Dónde encontraremos nuestra persona y nuestro lugar?

En mi camino reflexiono y pienso: nací en un mundo que no entiendo y él tampoco me entiende, hablo, pero mis palabras son diferentes, escucho pero no quiero comprender, porque sus razones no me parecen nobles; deseo pero lo que deseo no es lo que la mayoría quiere, amo la belleza, pero mi belleza es diferente.

Lo que para otros es atractivo y apetecible y lo obtienen en nombre de su “libertad”, para mí está manchado, porque siempre he creído en los límites; y veo sus sonrisas… solo las simulan y veo sus miradas…siempre esconden intenciones ocultas, escucho sus palabras… y ninguna merece respeto, todos se distraen simplemente para no pensar en lo que realmente son, en lo que realmente han hecho, en lo que se han convertido, en sus oscuros secretos y no se dan cuenta que no importa quién los sepa, pues lo peor de todo es que ellos los saben y los ignoran porque no quieren cambiar y por eso no ven y por eso no escuchan, no se conocen, solo fingen ser alguien con características y virtudes que todos puedan “amar”.

No tienen el coraje de admitir lo que son, lo que sienten, en lo que día a día se convierten sus verdaderos pensamientos e intenciones de su corazón.

Y pensar que en el camino, con lo duro de las pruebas y las heridas soportadas si no estamos vigilantes todos podemos convertirnos en lo que un día odiamos y en lo que otros tristemente hoy son.

Tal vez la respuesta está en ser sencillo y simple, no llenos de algoritmos, signos y símbolos, sino siendo lo que en verdad por dentro somos, siendo sencillos como una simple suma de dos mas dos.

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