La Súper Abuela de Citalá

Super abuela

Este ocho de marzo Día Nacional e Internacional de la Mujer, pre-sentamos la historia de una mujer valiosa cuya vida florece entre las montañas de Chalatenan-go.

 

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Rosaura Estela López Guardado ha vivido casi 63 agostos. A su edad la amargura es una condición ausente. Casi todos los días viaja 12 kilómetros desde Citalá hasta el Caserío La Laguna.

Sentada sobre una piedra se la ve sonriente, alegre, dispuesta y muy sincera para hablar. La alegría no es producto de una vida holgada y económicamente próspera; al contrario, está alegre de tener vida, de tener hijos y de trabajar con carretilla, pala, azadón y piocha.

A sus 62 años muchas mujeres están esperando jubilarse o ya se han jubilado. Ella no. Ella trabaja casi de sol a sol tres veces por semana para una cooperativa que le ha prometido una casa propia.

Momento en que Rosaura cuenta su historia.
Momento en que Rosaura cuenta su historia.

Pero no se la van a regalar, con sus propias fuerzas ayudará a construirla para dejar de pagar $125 al mes y hacerla propia. Pero esa será otra historia que Periódico Equilibrium contará otro día.

“Gracias a mi Dios que me da ese permiso de poder levantarme cada mañana y trabajar. Tengo cuatro años de ser cooperativista; no me interesaba pero un día llegué a tres reuniones y me inscribí y ahí estamos luchando por una vivienda digna que no sean cuatro paredes nada más”, dice.

Su nombre que no es de Pila

“Apartate que ya te conozco”, le dice entre carcajadas Blanca Estela García, una de las mujeres más jóvenes de un grupo que trabaja junto a Rosaura. Es que Rosaura Estela se acerca cada vez y difícilmente puede llegar callada.

Ella tiene 32 años, dice Rosaura Estela por la joven mujer que minutos antes le había confesado a Equilibrium que tenía mucho menos. Se sonrojó y reclamó con un gesto, pero ya era tarde, la sexagenaria la había descubierto.

Hace varios años, el entonces estudiante de Medicina, Ricardo Santamaría que hacía su año social para graduarse de Médico la bautizó como la Súper Abuela. Desde entonces nadie le baja el apelativo.

Rosaura aprende de todo. Participa en un intento de repello.
Rosaura aprende de todo. Participa en un intento de repello.

“Me bautizó así porque siempre ando contando chistes, cantando, bailando, colaborando y dicen que soy dinámica y colaboradora”, acepta la mujer, quien entabló una amistad muy bonita, en sus propias palabras con el ahora galeno.

Allá por 1978 la entonces joven Rosaura Estela hizo su Primer Año de Bachillerato en Contaduría, pero el conflicto Armado le llamó la atención, le gustó más el movimiento y optó por este, al grado de atrasarse en sus estudios por la causa. Tanto así, que su título lo obtuvo hace siete años, es decir a sus 55, en la escuela 22 de Junio, de La Palma.

La Súper Abuela ha recorrido distancias en caminos empinados en su natal Citalá; madruga para vender el pan que elabora, camina a altas horas de la noche y la madrugada a cualquier lugar, incluso a Honduras.

Se agota, por supuesto, pero lo que no se agota en ella es la alegría. Si decide descansar, lo hace yendo a la cooperativa para ayudar a sus iguales. Así se acostumbró en virtud de su soltería. Tiene cinco hijos, 15 nietos y tres biznietos y ya logró darle a dos de sus nietos el bachillerato, “crié sola a tres de mis cinco hijos”, se congratula.

La Súper Abuela acarrea tierra y piedras en una carretilla usando pala, azadón y piocha.

“Me resiento físicamente porque tengo panda la columna. De todos modos tengo que colaborar con la comunidad, nuestra ayuda debe ser mutua, dice mientras reitera que luego vende pan francés y dulce, frutas y verduras, para lograr la manutención y el pago de la cuota cooperativistas.

“No acepto ser vieja”

“A mi edad ser alegre es lindo, no acepto que soy vieja, mis ideas son jóvenes tanto como mis pensamientos y sentimientos hacia mi prójimo”.

Rosaura Estela tampoco se aflige por nada, porque eso no sirve de nada. “Que se aflijan a quienes les debo, pero yo por deber no me aflijo. No me siento defraudada por nada. Soy muy feliz”.

Tal es su alegría, que la transmite. En la época de escuela de sus hijos, los compañeros de los mismos añoraban tener una mamá como la de aquellos. Recuerda que estudiantes de Noveno Grado, cuando hacen su despedida lectiva le piden al Director de la escuela de su localidad permitirles llevar a la Súper Abuela.

Y todo porque a ella le encanta la música, le gusta bailar en las fiestas de los pueblos y de los cantones; asegura bailar Bachata, Merengue y Cumbia, le gusta la poesía; boleros ya no porque “ya no se puede bailar pegado”, confiesa.

Muestra cómo las garrapatas la atacan mientras trabaja.
Muestra cómo las garrapatas la atacan mientras trabaja.

La alegría tiene su secreto en sentirse bien aunque haya depresiones, decepciones y problemas. “Mejor hago chistes, declamo, leo cuentos, digo bombas; hace poco tuve a mi hijo en el Hospital Rosales, estuve con él durante un mes y ocho días y ni eso me quitó el hambre, le contaba chistes a los doctores aunque, en el fondo, tenía una pena moral”.

“Señor si se lo lleva estaré siempre agradecida con usted porque me lo ha prestado durante 45 años”, decía en sus oraciones en el hospital.

Yo tengo por quien vivir, soy solterita, sin compromiso y esperando herencia y a alguien que me mantenga”, dice mientras ríe, confirmando así su calidad de “mujer joven”.

Este 8 de marzo Rosaura Estela viajará a San Salvador para declamar en un evento al que se le ha invitado para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. “Siempre me preparo y pido la palabra, por si acaso”.

“Hay que conmemorar el Día de la Mujer, para recordar a quienes lucharon por nuestros derechos. Debemos ser solidarios entre todos”, pide.

A la gente que se queja de todo, pierde las ganas de vivir, no está feliz con lo que tiene ni con lo que es, esta ejemplar mujer les dice que todos los seres humanos debemos conservar esa chispa, ser optimistas para estar alegres, conservar el dinamismo, porque la tristeza y la melancolía no caben cuando Dios ha permitido tener vida.

“Hay quienes se sienten viejos a los 30 años. Pero cada día es una escuela del diario vivir”, concluye.

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