¿Somos amigos, verdad?

AMISTAD

Pues como te decía, cuando estaba en el pasillo empezaron a salir los de segundo grado y se me quedaban viendo. Unos se reían y cuchicheaban entre sí. Yo estaba enojado, muy enojado.

Por: Dr. Adán Figueroa.

Ilustración: Mely.

¿Y ahora qué hiciste? le dijo Gladys a su hijo Ariel, cuando vio el reporte del colegio.

– Nada mamá. Lo que pasa es que una compañerita me quería quitar mi cuaderno y cuando yo la halé con fuerza, ella se cayó y salió corriendo a contarle a la maestra Betty y me castigó, pero fíjate que no me fue tan mal.

– Vamos a ver, hijo. Cuéntame todo lo que pasó despacio y sin mentiras.

Mira mamá la situación está así.

Ariel, que hace un par de meses había cumplido sus siete años y festejado a lo grande con muchos de sus amiguitos, ahora había pasado una situación vergonzosa, que al final resultó altamente gratificante y reconfortante; pero lo mejor es que fue aleccionadora para muchos.

– ¿Y qué te hizo tu profesora? Le preguntó de nuevo su madre.

Me dejó de plantón para que todos me vieran y se rieran de mí. Pero te voy a contar como pasó todo. Después que terminó el recreo, la maestra Betty nos iba a revisar la tarea. Yo como tú sabes perfectamente ya la había hecho, pero Rosita, mi compañera no la había terminado. Ella me pidió prestado el cuaderno de tareas y yo se lo di. Se puso a copiar rapidito casi todo lo que le faltaba. Cuando la maestra entro, le pedí que me devolviera el cuaderno y ella no me lo quería dar y no me lo dio. Entonces yo se la arrebaté. Lo tomé con mis manos y ella no lo soltaba. Al fin lo halé fuerte y ella se cayó, se fue hacia atrás y quizá se golpeó en un pupitre y se puso a llorar.

Pero para entonces estábamos rodeados de más compañeritos y se hizo la gran bulla. Cuando llegó la maestra, Rosita estaba llorando y como fue conmigo el problema, ella me envió directo de plantón fuera de mi grado. Exactamente en el pasillo donde todos los compañeros mayores pasan cuando entran o salen a recreo.

Yo me quedé solo, en completo silencio. La maestra continuó dando su clase después de haber interrogado a algunos compañeritos. Eso me lo dijo después Jorgito, mi compañero. Él es mi amiguito y juego bastante con él cuando estamos de recreo. Me dijo que si me dabas permiso para ir a su casa el fin de semana. El sábado nada más. Van a llegar otros compañeritos. A Jorgito le han comprado un juego de videos bien chévere y nos ha invitado a jugar. Claro iríamos después de hacer la tarea.

– No, nada de eso, dijo Gladys. Sigue contándome lo del castigo, no te hagas el loco. ¡Ve qué bonito! Solo falta que yo te premie por lo que hiciste en el colegio.

Está bien mamá. Yo me quedé de plantón en el pasillo. Pase casi una hora sin moverme. Ya me dolían las piernas por el cansancio. ¿Y si Jorgito ya no me invita otra vez a su casa, puede venir él a la mía? Mamá.

– ¿En qué estamos? Quiero saber lo del castigo, ¡Ya Ariel!

Está bien, está bien. Pues como te decía, cuando estaba en el pasillo empezaron a salir los de segundo grado y se me quedaban viendo. Unos se reían y cuchicheaban entre sí. Yo estaba enojado, muy enojado. Casi lloraba, no sé si de cólera o vergüenza. Entonces empezaron a salir mis compañeros. Ahí me sentí de lo peor; pero todo cambió cuando se acercó Rosita, la niña por quien me habían castigado. Me abrazó y me dijo al oído: discúlpame Arielito. Hoy es el mes de la amistad y yo te quiero mucho. Yo no hallaba que decir, no pude decirle nada, me quedé mudo. Luego se acercó otro compañero y otro, y otro. Total todos desfilaron; me abrazaban y decían feliz día de la amistad, estamos contigo Ariel, ¿Somos amigos verdad?. Te queremos mucho. Entonces sí que lloro, pero ya no era de cólera, sentía algo en el pecho como alegría o no sé qué, algo bien adentro.

– Ven hijo le dijo Gladys y lo abrazó. Yo también te quiero mucho. Sin soltarlo le decía: por eso es bueno siempre cuidar a los amigos, no hay que dejarlos ir. Un amigo es difícil de encontrar y tú desde ahora es bueno que trates de tener amiguitos, no pelearte por gusto y llegar a grande siempre conservando esa amistad que cada día va creciendo y haciéndose la expresión más pura del amor. ¡Feliz mes de la amistad!

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