La niña del tubo

El tubo

Los dos guardaron silencio y por fin dieron un espacio para que Dorita se expresara o les comentara sobre el gran escándalo que se había generado.

 

 

 

 

Por: Dr. Adán Figueroa.

Ilustración: Gloria Figueroa.

Es cierto, los niños viven la etapa más vulnerable de su vida y tienen gran dependencia de los padres y eso hace que requieran mucha más atención, pero es que ellos son tan maravillosos, tienen una inocencia infinita, son una esponjita aprendiendo de todo en la vida, le dice, Laura a su vecina Marta.

– Sí, aprenden de todo y rápido. Por eso una debe tener mucho cuidado con lo que hace o dice frente a los niños.

Claro Marta, hay que saberlos educar porque este mundo está perdido y ellos son el futuro del mañana. Imagínese “no´más”, no vayamos a tener una sorpresa como la tuvo Rebeca con su hija.

– ¿Qué le pasó Laura?, le dijo Marta.

Bueno, mi hija me contó que estaba con otra niña practicando acrobacias en un tubo, allá en el parque.

¿Cuándo niña?

– Hace poquito.

¡Huy! ¿Qué feo eso verdad?

– Pues sí, ¿Quién sabe si nuestra vecina Rebeca, no sea una “Teibolera”, dice Laura.

No creo. Ella tiene su trabajo, aunque a veces hace algunos turnos, pero no, no puede ser, y Dorita está bonita y se ve bien tranquilita y es buena para el estudio.

– Bueno, yo sólo le cuento lo que mi hija me dijo. Como dicen que los hijos hacen lo que ven. Pero, hay platicamos otro día.

Cuando Rebeca se dio cuenta lo que la gente murmuraba sobre su hija, se enfureció tremendamente y el día que Estela, su otra vecina le dijo que su hija quizá andaba en malos pasos, pues la había visto practicar acrobacias en un tubo de metal que estaba en una esquina de la cancha de basket del parque de la colonia Vista Hermosa, salió muy enojada de su casa.

Iba directo a Gobernación, en el Centro de Gobierno, pues estaba altamente indignada y no podía dejar pasar esa oportunidad para denunciar al que controla los espectáculos públicos.

Era imposible, no cabía en su mente que no hubiera un control adecuado en la televisión y que se permitiera pasar por cable y hasta por los canales locales, películas con actos pornográficos a tempranas horas e incluso de día. ¡Con razón estamos mal! Se repetía incesante.

Por supuesto, su conciencia estaba tranquila y le hacía suponer que si Dorita había hecho semejante barbarie, era porque lo había visto en la tele. Salieron juntas para el Centro de Gobierno, donde se encontraron con Mauricio, el papá de Dorita.

– ¿Qué te pasa Rebeca? le dijo, a su esposa cuando la vio tan alterada como nunca la había visto en su vida.

Mirá, Moris. En primer lugar no creás todo lo que dice la gente.

– Pero, ¿Qué es lo que pasa?

Es que dicen que yo soy una “teibolera”. Tú me conocés bien y sabés que no lo soy, entonces lo que ha hecho Dorita es porque lo ha visto en la televisión y yo voy a denunciar esto ahorita mismo.

– Mamá, óigame mamá, dice Dorita muy atribulada.

No te preocupés hija, ya voy a solucionar todo esto.

– Pero mamá, ¡Quiero que me escuche!

Sí ya lo sé todo hija y sé   que no es culpa tuya.

– Un momento Rebeca, dejá que Dorita hable. Haber hija, cuéntame qué pasó. ¿Es cierto que tú estabas haciendo acrobacias en un tubo en el parque?

Sí papá, pero …

– Ya ves, dice Rebeca.

Sí pero ¿Qué?, le dice su padre.

Los dos guardaron silencio y por fin dieron un espacio para que Dorita se expresara o les comentara sobre el gran escándalo que se había generado.

– Miren, el sábado pasado fuimos con el grupo de Scout al parque Tin Marín; entonces estaban haciendo una demostración de cómo se podía deslizar una persona en un tubo y hacerlo rápidamente.

– Ya ves, le dijo Rebeca. No fue en la tele pero ¡Que barbaridad! Como es posible que hagan esas demostraciones en público y frente a los niños.

Mamá, déjeme terminar. Si estaban haciendo esa demostración; pero era para ilustrar el trabajo que tienen que hacer los bomberos cuando los llaman para apagar los incendios y la forma como ellos se deslizan por los tubos y llegar rápido a los camiones cisternas.

Mauricio abrazó a su hija, le dio unas palmaditas en la espalda y le dijo tranquilamente: está bien Dorita, está bien, no te preocupes. Volvió a ver a Rebeca quien estaba cabizbaja y muy avergonzada con su hija.

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