Entre la oscuridad y la luz

luzz-y-oscuridadPor fe, la gran mayoría que acude a los cementerios sabe que sus deudos están en un lugar privilegiado, contemplan-do el rostro del Ser Supremo en el que creyeron en vida.

Fotos: Periódico Equilibrium.

La oscuridad se apoderó literalmente del ambiente de fiesta en muchos camposantos del país, como el de Ahuachapán, donde desde temprano en la mañana, la lucha entre la luz y las tinieblas parecía fraguarse en el infinito.

Sí, el ambiente era gris, mientras el astro rey, El Sol, luchaba por ganar esa batalla, pero no lo logró, aunque a media mañana brillo con la fuerza que lo caracteriza, por fin las grisáceas nubes lo doblegaron, entonces cayeron importantes cantidades milimétricas de agua en ese departamento.

Pero la alegría de saberse cerca de sus muertos, alentó a familias a continuar la interminable peregrinación en esa línea recta que conduce hasta el Cementerio General de Ahuachapán.

Las personas comerciantes tampoco cedieron y, bajo la lluvia, continuaron ofreciendo todo tipo de productos, especialmente flores naturales y artificiales.

A primera horas del día varias personas desde niñez hasta tercera edad, sobre todo del campo, llegaron azadón al hombro y machete al cinto, para ofrecer sus servicios de limpieza y remozamiento de las tumbas.

Un niño, cuyo nombre resguardamos, de unos 12 años a lo sumo, trabajó durante 48 horas para llevar sustento a su familia.

Su único apero era un azadón calado por los años, su aspecto de desnutrición y su pobreza era evidente en su ser; su padre, también hacía lo mismo.

“Mmmm, deme un dólar pué”, así cerró el trato para que una familia le permitiera mejorar el montículo para luego colocar las decenas de flores naturales y artificiales que tenían preparadas.

Al final cada quien a lo suyo. El niño a resguardar su dólar, tal vez insuficiente para alimentar a algunos más, y la familia a enflorar y cantar algunas alabanzas de resignación y de esperanza: “mi alma espera en el Señor…..”

Y así transcurrió el Día de Difuntos, precedido por misas, rezos y cultos, flores y comida, pleitos y hasta maldiciones por el calor que abrazaba al mediodía, intolerancias como el de un ataque armado dentro del cementerio por reclamos de obstaculización de uno de los pasajes internos.

Muchos prestaron más atención a las advertencias sanitarias de no usar botes ni nada que retenga agua porque esos zancudos que vuelan 500 metros andes de morir, se podría inmortalizar en un cuerpo enfermo de dengue, zika o chic.

La lluvia intentó borrar todo vestigio de fiesta en el cementerio, pero muchas flores sobrevivieron y la esperanza no fue vencida, tampoco El Sol, porque este jueves, la vida continuará con el sol radiante y con la confianza de comerciantes y compradores sobre que el próximo dos de noviembre se vuelvan a ver las caras y se vuelve a apreciar de nuevo una lucha entre la oscuridad y la luz…

Niñez luchando contra el hambre.
Niñez luchando contra el hambre.
La advertencia sanitaria.
La advertencia sanitaria.
El día previo.
El día previo.
El arte y el negocio.
El arte y el negocio.
Tradición y supervivencia.
Tradición y supervivencia.
Lo infaltable.
Lo infaltable.

 

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